Los triunfos de Valverde son gemelos

Como en el Tour, el corredor murciano gana con autoridad la primera etapa en línea de la Vuelta, suma la bonificación y se viste de líder «Ya he cumplido mi objetivo», declara el ciclista del Caisse d'Epargne

J. GÓMEZ PEÑA| ENVIADO ESPECIAL. JAÉN
Valverde celebra la victoria. / AP/
Valverde celebra la victoria. / AP

Iván cuelga un 'puchero' de su rechoncha cara de bebé de ocho meses. Pega el calor en Jaén, una ciudad en cuesta. El crío está sonrosado, con una camiseta de encaje. El chupete al cuello, barqueando. Mira y ve un racimo de rostros que le hablan a la vez, que mueven las manos como si fueran sonajeros y le soban los mofletes. Y claro, se le pone gesto de puchero. Su hermano es igual, sólo que sonríe. Gemelo. De nombre, Alejandro, como el padre. «Éste es más tranquilo», dice el suegro de Valverde. Como si el pequeño Alejandro hubiera nacido habituado a la fama. Cosa de familia. Ganar es un hábito en casa de los Valverde. Sobre todo, si se trata de la primera etapa en línea: así pasó en el Dauphiné, en el Tour y ayer en la Vuelta. Tradición ya. Como los paseos dominicales en familia, cuando la tarde empieza a templar. Eso hicieron ayer los Valverde. Ángela, la esposa, sacó por Jaén el carrito de dos plazas. El de los gemelos. Justo: un asiento para Iván; otro para Alejandro. Uno para el ramo de flores de la victoria de etapa; otro para las rosas del liderato. A pares.

«A Alejandro -al corredor del Caisse d'Epargne- le llamaban 'gordito' de chaval, cuenta el suegro. Luego, ya como ciclista infantil y cadete, le dijeron 'el imbatido'. Y en etapas como la de ayer, culminadas en una repecho urbano, es simplemente imbatible. Lo fue en el Tour, en aquella explosión de Plumelec, y también en el Paseo de la Estación, en Jaén. Gana sin discusión. Sin siquiera tenerlo previsto. «Hasta hace un par de días ni pensaba en esta etapa. No sabía que acababa en cuesta», reconoció. Él no pensaba en Jaén. Los otros, todos, pensaban en él. Especialmente Bettini, su gemelo italiano. El campeón del mundo se cosió a la rueda de Valverde. Igual que en Pekín. Táctica simple: seguirle y luego remacharle. Teoría. Imposible en la práctica. Imbatible.

Veinte metros más allá de la meta, Bettini se acodó en una valla. Con más boca que aliento. No había podido. Otra vez. Se detuvo, sin saberlo, bajo el cartel del Centro de Deshabituación del Tabajo. Eso ponía. Bettini tosía, como con los pulmones llenos de nicotina. Vaciados por la incontenible arrancada de Valverde. Ese puñetazo a dos piernas. «Ya he cumplido mi objetivo. Vine a por una etapa», dijo el murciano. Pero es voraz. «Hombre, ahora habrá que ir a por la segunda...». Y dejó esos puntos suspensivos. Un hueco donde cabe la palabra 'podio'. «Es arriesgado decir aún eso». Aunque empiezan a salirle algunas cuentas: las bonificaciones -ayer recaudó veinte segundos- son su aliado. «En la etapas de montaña, igual es mejor reservarse para el final y sumar esos segundos. Si atacas, te desgastas y a lo mejor no sacas tanto». Ya tiene un plan anti-Contador y anti-Sastre.

El lanzador

El plan para sumar su quinto triunfo de etapa en la Vuelta era conocido. Primero, la calma: dejar hacer. El Liquigas de Pozzato contuvo a distancia la escapada de Egoi Martínez, Ignatiev y dos ex farorillos rojos de la Vuelta: Rosendo y Lemoine. Para llegar a Jaén hay que mirar de cara al Cerro de Santa Catalina. El final no dejaba de subir. Atrás quedaban la fuga y la distribución regular, casi militar, de los olivares. Moncoutié, Nuyens, Dani Moreno y Landaluze juntaron piernas en el penúltimo intento de romper el sprint. Nada. El Liquigas de Bennati y el líder Pozzato les reclamó de inmediato. Chente, el guardaespaldas de Valverde, ayudó. Anunciaba a su patrón.

A un kilómetro apareció Joaquín Rodríguez, el lanzador del murciano. Y si no sale a por él Serrano (Tinkoff), llega solo a la meta. «Le hubiera dejado ganar», aseguró Valverde, que le sacó dos segundos a todos. Al 'Purito' Rodríguez le debe favores. Pero la de ayer era una tarde reservada para la familia. A Iván y Alejandro, los gemelos, no dejaban de señalarles con veinte dedos hacia las pantallas de televisión instaladas en la meta. Que por allí corría el padre. Iván se agobió. Tanta gente, calor y ruido. Alejandro, en cambio, respondía a los saludos, chupete en boca. Ángela y el suegro los cogieron en brazos. Había que hacer sitio en el carro para los ramos que el otro Alejandro enviaba desde el podio. Por la etapa y el liderato. ¿Y la general de la Vuelta? «No creo, pero yo, desde luego, no voy a frenar». Fiesta familiar. Y se sumó un invitado. Contador. «Es bueno para la Vuelta que un corredor como Valverde sea el líder», concedió. Todo queda en casa.

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