«Voy despertando de un horrible sueño»

Supervivientes del accidente relatan cómo esquivaron la muerte. «Lo viví entre sueños, recuerdo humo y explosión. Pensé que si no llegaba ayuda rápida, moriría»

YOLANDA VEIGA
Equipos de emergencia llegan con uno de los heridos al hospital tras ser rescatado por los Bomberos. / EFE/
Equipos de emergencia llegan con uno de los heridos al hospital tras ser rescatado por los Bomberos. / EFE

Uno quisiera no tener que decir jamás eso de «he vuelto a nacer». Mal asunto. No se cansan de repetirlo aquellos que porque llegaron tarde, porque era caro el billete o porque cambiaron de planes a última hora no cogieron plaza en el avión siniestrado. También se escucha, y con más razón aún, de boca de los que esquivaron la muerte y estos días se recuperan de sus heridas en el hospital. Oír el relato de la tragedia de quienes viven para contarla alivia a los familiares, que durante horas de angustia se temieron lo peor.

Ligia Palomino y Fernanda son gemelas. La primera figuraba en la lista de pasajeros del avión de Spanair y ayer se iba despertando poco a poco «de este horrible sueño». Minutos antes de las 13.00 horas del miércoles llamó a su hermana para avisarle de que llegaría a Canarias más tarde de lo previsto. «Algo no va bien, se ha encendido una luz roja en el avión y tienen que arreglarlo», le dijo. Cuando Fernanda escuchó en las noticias el avance del accidente supo al instante que era el vuelo de su hermana. «Mi corazón me dijo que pasaba algo».

Poco después, compañeros del Samur, donde trabaja Ligia como médico, la trasladaba con heridas en piernas -factura de fémur izquierdo- y tórax, de las que sería operada horas después en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Ayer, la mujer, de 40 años y una de las 19 supervivientes del accidente, relataba las circunstancias del siniestro que vivió «como entre sueños».

La alarma se desató con el aviso del comandante, que avisó a los pasajeros de que «había un piloto encendido y no sabía de qué se trataba». Arreglada la avería les informó de que «tenía relación con el aire acondicionado». Y despegó. Ligia viajaba a Canarias para celebrar su 41 cumpleaños junto a su marido José, que está ingresado en La Paz con un pronóstico «estable dentro de la gravedad», y su cuñada Gema, que falleció en el siniestro. «Despegó y sentí cómo se ladeó hacia un lado y después hacia otro. Se tambaleaba fuertemente y pensé que no iba a conseguir remontar el vuelo». De lo que sucedió después sólo recuerda «gente, humo, explosiones y fuego». Entonces, se sintió herida. «A mi alrededor veía escombros, un incendio, cómo el calor venía hacia mí... Pensé que si no llegaba ayuda rápido moriría». No ha sido así y Ligia, colombiana e hija de una periodista que hace veinte años emigró a España, siente que ha vuelto a nacer. «Me queda mucho por hacer y ahora sé que mi trabajo es importante», se sincera.

Dionisio Martínez también relataba ayer con alivio cómo su hija Antonia, de 27 años, se salvó. Era una de las azafatas del vuelo JK5022, la única de los diez tripulantes que ha sobrevivido. Él y su mujer vieron por televisión a mediodía las imágenes de la catástrofe y se temieron «lo peor». Sólo diez minutos antes habían hablado con ella, que les avisaba de que estaba a punto de embarcar. Comenzó el calvario, la incertidumbre. Horas después recibieron una llamada que atenuaba su temor. Era la enfermera de una ambulancia que acompañaba a Antonia «con magulladuras».

Ayer el parte médico rezaba: «pronóstico grave reservado», una vértebra, el esternón y el codo fracturados y quemaduras faciales. Evoluciona favorablemente pero Dionisio y su mujer querían verla para quedarse tranquilos. «Está consciente, con ánimo y alegría, pero sin ganas de volver a volar», dijo su padre al salir del madrileño hospital de La Princesa. Antonia Martínez es natural de Úbeda (Jaén), desde donde se desplazaron sus padres al conocer lo ocurrido. Actualmente reside en Gerona y trabaja como azafata desde hace cinco años. Hasta hace cuatro meses, cuando fue contratada por Spanair, estaba empleada en la compañía Ryanair.

Los testimonios de las familias de los supervivientes son un oasis en el desierto y una mujer se desahoga. Su marido figura entre los heridos. «Ha sido un milagro, apenas tiene quemaduras. Está esperando a ser operado del fémur y el tobillo». Y cae en el bendito tópico. «Ha vuelto a nacer».