Cuadriculados

Vista desde el aire, es una localidad urbanísticamente perfecta. Ninguna calle sobresale más que otra porque todas son iguales

ITSASO ÁLVAREZ
El emigrante José García Egea promovió la reurbanización de la localidad en el siglo XIX. / EL CORREO/
El emigrante José García Egea promovió la reurbanización de la localidad en el siglo XIX. / EL CORREO

A principios del siglo XX, Almendricos no era más que un puñado de caseríos en torno a 'El Empalme', la estación de tren hoy abandonada. Podemos imaginarla. Las farolas oxidadas no iluminan y la herrumbre va destruyendo poco a poco el esplendor de un lugar que ya no tiene nombre. La hierba crece libre entre las traviesas de madera y ráfagas de viento levantan caprichosos remolinos. Seguro que hay quien espera ese chasquido eléctrico en la vía quebrada que anuncia la imposible llegada de un convoy a la hora en punto. Pero no llega. «Existen planes por parte de la Administración para volver a poner en funcionamiento la red ferroviaria entre Guadix y Almendricos, por el valle de Almanzora», indica Carlos Peña Aguilera, presidente de la Asociación Granadina de Amigos del Ferrocarril.

La línea férrea que en 1888 reinventó el paisaje en este lugar perdido de Murcia -es el último de esta provincia lindando con la vecina Almería- la levantó la compañía de capital inglés The Great Southern of Spain Railway Company Limited. Por entonces Renfe no entraba en los planes de nadie. José García Egea, un campesino del lugar, envolvió cuatro bártulos y dejó el pueblo para buscar fortuna en Cuba. El hombre enseguida se enamoró de la isla y de la planificación urbanística de estilo colonial. Y cuando volvió a pisar su tierra natal, quiso hacer realidad su sueño.

Acordó con su amigo José Llamas realizar un trazado de Almendricos coherente y lo presentó a la Diputación provincial. Trató de imitar el modelo de calles rectas, manzanas cuadradas y anchas parcelas que había observado en el Caribe. Una vista aérea del lugar permite descubrir un Almendricos cuadriculado. Calles que empiezan y terminan igual. La de Cortada, la de las Escuelas, la de la Estación y la de la Industria... Tan rectilíneas y bien rematados los arcenes. Ninguna sobrepasa un centímetro más que otra. Ni por delante ni por detrás. Ni por la derecha ni por la izquierda. Tan sólo un par de plazas y rotondas representan la anomalía en un Almendricos urbanísticamente perfecto. El único pueblo de España con el 95% de sus calles iguales. El viajero sólo necesita hacerse una fotografía en un lugar cualquiera del casco urbano para tener un recuerdo global de todo el pueblo.

Desde luego que hay peros. Faltan contenedores de reciclaje para cristal, envases y cartón; el alumbrado no funciona en todos los rincones; los precios de los pisos están por las nubes; ¿y para cuándo un instituto de Enseñanza Secundaria en Almendricos? Son las principales quejas del vecindario. Las únicas que rompen la armonía de este lugar cuadriculado que pronto tendrá Ayuntamiento propio. De momento, pertenece al de Lorca. Cuántas veces ha obligado la sequía a llevar agua desde aquí hasta Almendricos... Cantidad. Algunas primaveras los cereales acaban quemándose. Menos mal que se salvan los caracoles. Con arroz, con conejo, con trigo y con tomate los comen los almendriqueños. Y para la hora de la sobremesa, salen a tomar el fresco al pórtico de sus casas de sus calles de su pueblo perfecto. Como el pretérito de indicativo que estudiábamos en Lengua.

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