Primera Granja Escuela riojana

Fundación Caja Rioja, Ayuntamiento de San Román y Servicio Riojano de Empleo han puesto en marcha un centro de formación y ocio infantil en plena naturaleza

MARIA DEL MAR SICART| SAN ROMÁN
Un grupo de niños limpia las malas hierbas, riega y estudia el crecimiento de unas lechugas. / REPORTAJE GRÁFICO: RAFAEL LAFUENTE/
Un grupo de niños limpia las malas hierbas, riega y estudia el crecimiento de unas lechugas. / REPORTAJE GRÁFICO: RAFAEL LAFUENTE

Desde este verano, La Rioja cuenta con su primera Granja Escuela ubicada en San Román de Cameros, en un privilegiado entorno de 12.000 metros abiertos a la naturaleza y al aprendizaje de las tareas tradicionales de agricultura y ganadería.

La casa principal de la granja es el Molino del Corregidor, un antiguo molino harinero, que data del siglo XVIII, ubicado en la localidad de San Román y adquirido por la Fundación Caja Rioja en el año 1996. La rodea el río y unas extensas choperas. Una reforma inicial la convirtió en casa rural y ecomuseo y, en el año 2004, se realizó una segunda intervención para mejorar los servicios.

La semana pasada, veinte niños tuvieron el privilegio de participar en el primer campamento que se realiza en esta granja escuela. Liliana Bretón, maestra de Educación Física y coordinadora del campamento que gestiona la empresa Moscaventura, señala que, a partir de septiembre, la granja podrá acoger visitas diarias de colegios, turismo rural y campamentos vacacionales. La capacidad máxima es de 22 niños, desde los cuatro o cinco años de edad.

La rutina diaria está muy definida: los chicos se levantan a las 9 de la mañana, desayunan, recogen su habitación y comienzan el taller de huerto, donde aprenden cómo se siembran las plantas, se riegan, se abonan y se cuidan durante su crecimiento.

Luego pasan al taller de animales, el preferido de los pequeños, donde, a diario, aprenden los cuidados de cada especie. La granja cuenta con gallinas, codornices, conejos, cabras, ovejas y burros. Después del almuerzo, los niños descansan y, por la tarde, van a disfrutar de la piscina municipal de San Román, que está situada a cinco minutos de la granja. De regreso, participan en los talleres hasta la hora de la cena. Alrededor de las 23 horas, los niños ya están listos para dormir.

Futuro picadero

En la granja trabajan seis personas: dos cocineros, un encargado del taller, otro de la huerta y dos que se dedican al resto de talleres y a la supervisión diaria. En la actualidad, está en construcción una nave que albergará las salas para talleres y también está previsto levantar un pequeño picadero y traer caballos para que los chicos puedan practicar equitación. Otro de los proyectos es recuperar la acequia por donde entraba el agua y echar el grano para que los niños puedan ver cómo funcionaban los molinos.

«Hoy en día -explica Liliana- hay niños que no tienen contacto directo con la naturaleza porque viven en ciudades y, realmente, no saben ni cómo se cuidan los animales ni cómo son los productos de la huerta. Aquí pueden conocerlo. Además, con estos campamentos buscamos apartar a los niños de los videojuegos y traerlos hacia las actividades tradicionales que todos hacíamos».

Además, se trata de la primera granja escuela preparada para recibir niños discapacitados. En todo el molino se realizaron las reformas necesarias para incluir rampas de acceso y aseos especiales. El huerto fue dividido en bancales. Así, cada dos bancales, hay un espacio suficiente para que pueda pasar una silla de ruedas.

Pero no sólo cumple la función de granja escuela. También cuenta con tres habitaciones: dos dobles y una cuádruple para los amantes del turismo rural. Hace dos semanas se alojó allí una pareja procedente de Bélgica. Aseguraron estar encantados con el romanticismo del ambiente y la belleza del entorno y prometieron que, muy pronto, volverían a San Román.

Los animales

Veinte niños, diecinueve de ellos procedentes del Colegio Gonzalo de Berceo de Logroño y una de Arnedo, inauguraron la granja escuela. Los pequeños, con su natural curiosidad y avidez de conocimientos, disfrutaron con intensidad cada momento. De manera unánime, al término del campamento, manifestaron su gusto por los animales y, por supuesto, por las visitas todas las tardes a la piscina municipal.

Julia, una logroñesa de 9 años, mostró su predilección por los burros, los talleres y el huerto. «Cuando regrese a mi casa les voy a contar a mis padres todo, que me lo he pasado muy bien».

Susana, también de 9 años, aseguró que le gustaron los gazapos y los trabajos en la huerta. «He aprendido a cultivar plantas, a rastrillar y a plantar. Nos han enseñado cómo diferenciar las plantas y nos han enseñado muchas plantas aromáticas».

Diego, de la misma edad, afirmó que había disfrutado con los conejos. «He aprendido que hay que cogerlos con delicadeza y que hay que echarles paja para que tengan el suelo blando. Hemos pintado macetas y me llevo una con algo plantado».

Para Itzar, el más pequeño del grupo, y de 6 años de edad, los burros y los conejos han sido buenos amigos suyos. A Javier, de 8 años, además de las actividades de la granja, también le gustó la comida, «que es muy buena».

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