Sastre comparte su Tour con el 'Chaba'

Resistió bien en la 'crono' y encadena el tercer triunfo consecutivo del ciclismo español en la ronda gala, tras los de Pereiro y Contador

J. GÓMEZ PEÑA| ENVIADO ESPECIAL. ST.ARMAND MONTROND
Sastre saluda al acabar la contrarreloj más comprometida de su vida. / REUTERS/
Sastre saluda al acabar la contrarreloj más comprometida de su vida. / REUTERS

Se persignó dos veces. La primera, en la rampa de salida. El rito. En el nombre del padre... Pedía: suerte, fuerza. Dos respiraciones forzadas y a escuchar la cuenta atrás, que se estiró como un silbido. Un hora y seis minutos después, Sastre volvió a persignarse. Estaba ya a sólo dos metros de la meta de la contrarreloj. Ya no pedía. Daba. Entró con un brazo en el manillar, fiel a la aerodinámica, y con el otro lanzando un beso al cielo. A la familia, al 'Chaba', el cuñado que falta, el que se fue en una clínica de desintoxicación cuando aún no había cumplido 33 años. La edad hoy de Sastre. «Chaba soñaba con esto, con el maillot amarillo. Hemos llegado juntos. Él arriba y yo abajo. He convertido su derrota en nuestra victoria», dijo. Unidos por tantas noches en El Barraco sentados en el tejado de ese sueño. Tras Bahamontes, Ocaña, Delgado e Induráin, y después de las dos últimas ediciones, las de Pereiro y Contador, hoy París celebra el Tour de Sastre. El de su paciencia. Su fe. En él mismo.

Todo era ruido en la salida de Cerilly. Megafonía. Las bocinas de la caravana publicitaria. Ir y venir de ciclistas en camiseta interior o sobre los rodillos. El CSC, el equipo de Sastre, había tenido una mañana inquieta. Los coches tardaron en dar con el circuito. ¿Mal augurio? Los mecánicos se hacían cruces. Cruzaban los dedos. No se puede llegar tarde a un día así. Prisas. Electricidad. En eso, llegó el coche que traía al líder. ¿Dónde está? Se veía sólo al conductor. ¿Y Carlos? Las cámaras, desconcertadas, se giraban, rotaban. ¿Y Carlos? De repente, tras el cristal del coche emergió la cabeza del líder. Restregándose los ojos. Se había quedado dormido en el viaje. Faltaban apenas un par de horas para los 53 kilómetros de la contrarreloj de su vida y el abulense bostezaba. Líder tranquilo. Un sonrisa de alivio recorrió el autobús del CSC.

A la rampa subió con su rostro acorazado. «Estoy sereno. Duermo fenomenal con el maillot amarillo». Tenía las referencias de su compañero Cancellara, el que más se arrimó al ganador de la etapa, a Schumacher. Y tenía minuto y medio de margen sobre Kohl y Evans, y más de dos y medio sobre Menchov. Lo que no tenía es dudas. Venía de una noche a pierna suelta. El CSC había convertido el Tour en una sinfonía. Sólo faltaba la intervención del solista, del vencedor en Alpe d'Huez, la etapa que vale un Tour. El Tour de Sastre. «La clave era sufrir», dijo. Es su método. Su versión del ciclismo.

En el kilómetro 18, Menchov le sacaba 24 segundos; el sorprendente Kohl, 12, y Evans, sólo ocho. El autraliano cabeceaba. Se erguía; perdía la posición, se tragaba el aire. Su manera de correr, computerizada, entraba en cortocircuito. Otro español se le ponía en medio: Contador, en 2007, le apartó por 23 segundos, y ahora Sastre. La segunda referencia, la del km. 35, ya anunciaba la victoria del abulense: Sastre concedía apenas 45 segundos a Menchov, 25 a Kohl y 22 a Evans. Sus gotas de sudor eran de oro. Esta vez, como en 2006, el Tour no le iba a pasar de largo.

Tardío pero merecido

En la meta, conservó 1.05 sobre el encasquillado Evans y 1.20 sobre Kohl, los otros dos miembros del podio. Menchov, Vandevelde, Frank Schleck, Samuel Sánchez, Kirchen y Valverde les siguen en la general. A Sastre, el éxito le llega después de ocho Tours, siete Vueltas y tres Giros. Tan tarde como merecido: por táctica (la del CSC) y por arrojo (en el Alpe d'Huez). Y por el dominio de lo suyo: la agonía. Tieso sobre la bici, en la postura más rentable, con la mirada atenta sólo al metro que pisaba. Dolían las piernas. Bien. Las referencias animaban, se incrustaban en sus músculos. Empujaban. No era un espejismo. Era real: dolía.

Eso también se entrena. En Noruega, a menos 15º. A la intemperie. Sin comida, arrastrando trineos de madera. Sin orientación. Sin más ayuda que la del compañero, igual de desprotegido. O en el calor de Sudáfrica, alimentándose sólo de cangrejos. Supervivientes. Así prepara cada año el CSC a su ejército. Este Tour les ha premiado. Ya es propiedad privada de Carlos Sastre. Abulense como 'Julito' Jiménez y Arroyo, que fueron segundos del Tour. Y de El Barraco como 'El Chaba', su cuñado. «Nadie me enseñó tanto como él, y nadie me hizo llorar tanto como él». Al recordarle, Sastre recogió los trozos de aquella pérdida, de aquella muerte, y compuso una sonrisa. La risa de su mejor amigo. Se persignó por segunda vez. En el nombre... del 'Chaba'.

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