El positivo de Riccò saca al Saunier del Tour

El italiano recurrió a la CERA, una nueva EPO, y su equipo deja temporalmente toda competición

J. GÓMEZ PEÑA| ENVIADO ESPECIAL. NARBONA
Los corredores del Saunier Duval se muestran abatidos en la salida, antes de retirarse del Tour. / EFE/
Los corredores del Saunier Duval se muestran abatidos en la salida, antes de retirarse del Tour. / EFE

Nunca como ayer le costó tanto dar un paso a Riccardo Riccò. Escalador arrogante, ganador de dos etapas en este Tour. Tenía que ir desde la puerta del autobús del Saunier a la del coche que le iba a trasladar a la comisaría de Mirapoix. Metro y medio. Tardó en salir. Lagrimeó cuando el médico de la Agencia francesa antidopaje (AFPL) fue en su busca y se lo dijo: «Positivo en la cuarta etapa, la contrarreloj de Cholet». Positivo con una nueva EPO, la CERA, otro acrónimo para el escándalo. Mientras Riccò se sostenía la cabeza con las manos, abajo un tumulto de cámaras le aguardaba. Y de gendarmes. Al fin salió: su mirada tenía un destello húmedo. Entonces lo escuchó: el público de Lavenalet le abucheó. Francia y su nueva ley antidopaje le cayeron encima: puede ser condenado a penas de hasta cinco años de cárcel.

El de Riccò es el tercer positivo de esta edición. Primero fueron Beltrán y Dueñas. El ciclismo lleva diez años 'Atrapado en el tiempo'. Como en la película de Bill Murray. Desde 1998, en el Tour siempre amanece 'el día de la marmota'. Ayer en Lavenalet se mascaba el silencio. Miradas. Más gendarmes de lo normal. Y cada vez más gente orbitando cerca del autobús del Saunier Duval. Primero un fotógrafo. Luego, tres. A mediodía, todos. Ojos de 'Nikon', de 'Canon'. Como en 1998, con el Festina; o el año pasado con el Astana o el Cofidis. La marmota. Ayer era el día del Saunier Duval.

Del autobús no bajaban los corredores. Ni Riccò, noveno en la general, ni Cobo, el octavo. En cambio, subían las bicicletas. A guardar. A casa. Joxean Fernández, Matxin, su director, anunció que la escuadra abandonaba la Grande Boucle. «Por respeto al Tour y a los patrocinadores. Riccò era nuestra imagen. Suspendemos nuestra actividad en el Tour y en el resto de las carreras hasta que todo se aclare». Le dolían los labios al decirlo. Hundido. Parapetado tras sus gafas de sol. Sudaba en frío. El futuro del equipo está en entredicho, y más si cabe después de la declaración de Riccò en la comisaría. Al parecer, el corredor italiano habría dado datos sobre dopaje que pueden afectar al equipo.

Contra Gianetti

El director del Tour, Christian Prudhomme, cargó contra la escuadra española: «No es que ponga en duda lo que pasó en Hautacam (victoria de Piepoli y Cobo, dos del Saunier)... Pero fue un triunfo aplastante. Casi increíble. En poco tiempo sabremos la realidad de este equipo. Su mánager (Mauro Gianetti) ha perdido la ética». El éxito y el pasado pesan en contra del equipo. Hace un año, Iban Mayo, también del Saunier, dio positivo en el Tour. En resumen: se fueron cinco minutos antes de que los echaran. En el traslado hacia la frontera, la Policía registró el autobús.

Ayer nadie se acordaba del ciclismo en el Tour. El dopaje es un mal invasor. Metástasis. «No me sorprende lo de Riccò», dijo el luxemburgués Kirchen, ex líder de la carrera. «Cuando ves exhibiciones increíbles, generalmente es que lo son», criticó el británico Millar. «Ya había oído hablar de un nuevo método indetectable. Riccò es arrogante. Nadie le quería en el pelotón», aseguró el francés Feillu.

Trampa casi invisible

Ese truco invisible es la CERA, un estimulador. Favorece que los receptores situados en la superficie de la célula capten la eritropoietina (hormona productora de glóbulos rojos) de forma permanente. Así, la CERA actúa con más intensidad y continuidad. Es más eficaz que la EPO. Y más cómoda: amplía el intervalo de dosis. Basta con una al mes o cada tres semanas. La vieja EPO precisaba de tres inyecciones semanales. Para los enfermos de cáncer y que necesiten diálisis es una atadura menos. Y de rebote, para algunos deportistas es una ganzúa casi invisible para la trampa.

En 2005, la palabra 'CERA' ya apareció en las conversaciones grabadas entre varios ciclistas italianos. Entonces no estaba comercializada y era indetectable. Ahora es de uso hospitalario -no se vende en farmacias-, pero rueda por el mercado negro. El jeringazo cuesta mil euros. El precio del éxito. Los deportistas adictos a los atajos creían que era invisible. De hecho, aún no se ha publicado el método para descubrirla. Pero ya ha sido elaborado por el laboratorio de Lausana. A los tramposos, que nada sabían de ese nuevo radar, les ha pillado desprevenidos. A Riccò, por ejemplo.

Mientras la Policía lo llevaba a la comisaría, se oyó el tañido de la campana de Lavenalet. Tocaba por el Tour. Pero sonó a luto. Riccò había envenenado su deporte con CERA. Era un ciclista efervescente. Como su ídolo, Pantani. Y ya es como él: un ex ciclista. Otro espectro. A la trituradora. Salió a media tarde de la comisaría para recoger su maleta -fue registrada- y volver de inmediato al centro policial, del que salió por la noche encapuchado rumbo a un lugar desconocido. Hoy seguirá allí, escuchando las preguntas del fiscal, Antoine Le Roy. Pero ayer, en la salida de Lavenalet, había oído la sentencia: el abucheo del público del Tour.

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