Sinfonía del Saunier en Hautacam

Piepoli y Cobo llegan juntos a la cima que sitúa de líder a Evans y que hundió a Valverde, Pereiro y Samuel

J. GÓMEZ PEÑA| ENVIADO ESPECIAL. HAUTACAM
Leonardo Piepoli consiguió con 37 años y permiso de su compañero Juan José Cobo, detrás, su primera victoria de etapa en el Tour. /REUTERS/
Leonardo Piepoli consiguió con 37 años y permiso de su compañero Juan José Cobo, detrás, su primera victoria de etapa en el Tour. /REUTERS

De tanto repetirle que una vez estuvo allí, en Hautacam, y que hasta le ganó a Armstrong en el Tour 2000, Javier Otxoa casi ha conseguido recordarlo. Esa maldita bruma en el cerebro que le dejó el atropello a traición de un 'Volvo'le ha robado las imágenes. Por eso, el Tour le subió ayer al podio de Hautacam. Repitió la ceremonia. Por su memoria. Y Javier, ex ciclista profesional y hoy ciclista paralímpico del Saunier Duval, sonrió. Igual que entonces.

Los científicos las llaman neuronas espejo. Son las culpables de que la sonrisa sea contagiosa. En este Tour, la sonrisa es amarilla. Como el maillot del Saunier Duval, el de Otxoa. Escalera de color: a la victoria de Riccò el domingo en Bagneres se encadenaron ayer los dos primeros puestos en Hautacam de Piepoli y Cobo. Sintonía. Sinfonía. La hermana de Piepoli es psicóloga. Él, sólo ciclista. Pero tiene un consultorio antitristeza en cada hotel que ocupa. Cuando a alguien del equipo le puede el pesimismo, lo ponen a dormir con Piepoli. «La mía es la habitación de las risas», comenta mientras mueve los 17 músculos que necesita una sonrisa.

El resto de sus fibras de acero las utilizó para vencer en Hautacam. En la cima que vio subir lento, a paso de entierro, a Valverde, Pereiro y Samuel. Apeados ya de la lucha por la general. Abatidos, pues. Ninguno iba de amarillo. De ese tono, el de la sonrisa ayer, sólo vestían los chicos del Saunier y el australiano Evans, líder ya del Tour.

El Tourmalet es un ojo gigantesco. Lleva un siglo viendo pasar la Grande Boucle. Este Tour le había otorgado un papel secundario. Era apenas la antesala de Hautacam, la meta. Pero el mito no se conformó. La cima centenaria recuperó el sol de esta edición acuosa. Elevó la temperatura. Y vio cómo Valverde rendía la nuca a tres kilómetros del alto. Pereiro trató de hacerle de pararrayos. No sirvió. El murciano deambulaba ya calcinado. El Tourmalet le cerró la puerta de la ronda gala. Como a Cunego, Samuel Sánchez, Kreuziger o Zubeldia. Piernas rígidas y flojas. Fueron víctimas del mejor equipo del Tour. ¿El Saunier? No. Ése es el más certero; el más poderoso es el CSC de Sastre y de Frank Schleck, segundo en la general, a un segundo de Evans.

Valverde, aplastado

El CSC es también la escuadra de Voigt y Cancellara. Dúo apisonador. Cuando vieron que Valverde se gastaba en una caza imposible, le aplastaron en el llano que va del final del Tourmalet al inicio de Hautacam. El Tour de transición entre la 'era Armstrong' y la de Contador, no será suyo. Así lo sentenciaron los 14 kilómetros de Hautacam. De calor y de menos público que años atrás. Se nota el desafecto de la gente, harta de dopaje, de campeones de laboratorio y de exhibiciones de mentira.

A cobijo de sus gregarios, Sastre y Schleck dirigieron el inicio del puerto. En apenas tres rampas, el Tour se condesó en dos equipos, el CSC y el Saunier (Cobo, Piepoli y Riccó), más un grupo de tipos solitarios: Evans, Menchov, el bejarano Dueñas, Astarloza, el austriaco Kohl y el sorprendente Vandevelde. Kirchen, líder decapitado, había entrado en eclipse. Solar. Su amarillo se desteñía. Brillaba otro, el del Saunier. El equipo que renunció a las opciones en la general por repetir triunfo de etapa. Con Piepoli esta vez. El italiano y Cobo levantaron al unísono los brazos. Ni Frank Schleck, el único que se atrevió recoger su guante, pudo seguirles.

La alegría amarilla tasó el Tour. Piepoli ya tiene etapas en el Giro, la Vuelta y el Tour. Cobo es octavo en la general. Le llaman 'el Bisonte'. Como embistió ayer. Bruto. Muscular. Pedalada zamba. De culturista. Tan distante de la imagen del escalador. La pluma de Piepoli y el plomo de Cobo. Le sacaron 28 segundos a Schleck; un minuto a Kohl; 2.17 a Riccò, Sastre, Evans, Menchov y Vandevelde, el grupo que ronda el podio de París; 2.27 a Dueñas; 3.58 a Astarloza; cuatro y pico a Kirchen; más de cinco a Samuel; casi seis a Valverde; siete a Pereiro, y cerca de media hora a Zubeldia. Ahora, el Saunier cargará con su sonrisa y con la maldición del éxito en el Tour. Ya lo dijo Contador en 2007: «Sospechan de mí porque gano». El madrileño también iba de amarillo.

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