Menchov y Evans ordenan el Tour

Valverde cede un minuto a sus principales rivales en la contrarreloj de Cholet, dominada por Schumacher

J. GÓMEZ PEÑA| ENVIADO ESPECIAL. CHOLET
Schumacher celebra la victoria y el maillot amarillo en el podio del Tour. / AP/
Schumacher celebra la victoria y el maillot amarillo en el podio del Tour. / AP

'Vittel' es la marca de agua que patrocina el Tour. 'Ciclismo de agua clara'. Así se denomina en Francia al ciclismo limpio. El otro, el del dopaje y la farmacia, celebraba ayer un cumpleaños: el 8 de julio de 1998 comenzó a desomponerse el 'caso Festina'. Moscas sobre aquel Tour. Lo ganó Pantani; lo perdieron todos.

En uno de los postes que sostenían el tenderete de 'Vittel', 50 metros más allá de la meta de Cholet, colgaba grapado un folio blanco. A trazo gordo, un operario iba anotando números, los dorsales obligados a pasar el control antidopaje. Primero escribió ocho. Luego, cuando la contrarreloj casi acababa, añadió otros cuatro. Elegidos a dedo. Los dos últimos fueron el '1', el de Evans, y el '31', el de Valverde. Ahora, los controles los hace el Gobierno francés. El murciano entró en la meta sin saber nada, lanzado. Dos funcionarios, con peto naranja, salieron a por él. Sprint. Despeinados. No le pillaron hasta dos curvas más allá. Al control. Cata de orina y sangre. Tardó más de dos horas en salir de allí, cuatro veces más que en la contrarreloj que ha rebajado su candidatura al Tour. Hace tiempo que en el ciclismo las etapas continúan cuando el reloj se para.

Menchov, crecido

Y eso que ayer era día para que hablara el reloj. Lo hizo. Los ciclistas le pusieron voz. «Ya estoy por delante en la general de todos mis rivales. Podré correr a la defensiva», dijo Evans, cuarto en Cholet, sólo superado por tres especialistas: Schumacher, Kirchen y Millar. «He hecho el mismo tiempo que Cancellara. Eso anima. He olvidado los 38 segundos que perdí el lunes por la caída», se felicitó Menchov. El ruso ganador de dos Vueltas. El tipo frío que sólo corre para ganar. El que se desconecta si algo va mal. Ayer le fue bien: sólo cedió 7 segundos a Evans. Y les ganó al resto. A Valverde, por ejemplo. «He ido de menos a más. Estoy contento. Queda Valverde para rato en este Tour», retó el murciano. Pero acabó en el puesto 23, a más de minuto y medio de Schumacher; a un minuto de Evans y Menchov. Para colmo, su orina andaba perezosa. Dos horas largas en la caravana del control. La tarde lenta de Valverde.

En el Tour, el reloj lo cuenta todo. Péndulo revelador. Por encima del murciano estuvieron, además de Evans y Menchov, el italiano Cunego, su compañero Pereiro, Andy Schleck y Samuel Sánchez. Y un poco por detrás Astarloza y Sastre. «Hasta ahora he estado guardadito. Me queda mucho Tour», avisó Sastre.

Frank Schleck, otro de los líderes del CSC, ya es acreedor: tiró más de dos minutos. Mucho. Juanjo Cobo, mucho peor. «No iba. No me subían las pulsaciones», maldijo el cántabro tras conceder 3.45. Así sonaban las frases de los vencidos. Como la de Zubeldia, que ocupó el puesto cien, a 3.22: «Para tener un buen día en el Tour, hay que tener antes muchos malos». El guipuzcoano empezó ayer ese cuenta negra. Ya tiene su primer día malo, el de los 29 kilómetros cronometrados y tachonados de repechos.

Super Besse

Pronto empiezan a hundirse los barcos en el Tour. Quedan menos a flote. Como el de Evans, el ciclista exacto. Se mide al milímetro. Ni destellos ni desfallecimientos. Schumacher es el líder regente; Evans, el real. Y Menchov le ronda: como la aleta del tiburón que se recorta fuera del agua. Cuchilla rusa. A la espera mañana de la primera llegada en alto, en el volcán de Super Besse.

Hace un año ya que el espectro de Rasmussen abandonó el Tour; de noche, a oscuras, fugitivo. El Rabobank cedió aquel Tour, acorralado por la dirección de la carrera. Ahora reclama esta edición con Menchov. El Tour de 'Vittel' exige transparencia. Campeones que pasen la prueba de rayos X del dopaje. En Francia gusta Evans. También Menchov. No tanto Schumacher.

En octubre de 2007, una semana después de ser tercero en el Mundial de casa, en Stuttgart, Schumacher empotró su coche tras una fiesta. Ciclista nocturno. Doble positivo: alcohol y anfetaminas. El dopaje festivo. Su equipo, el Gerolsteiner, ya ha dicho que lo deja al concluir 2008. Es, como 'Vittel', una empresa que vende agua. Clara. No lo ve claro. Se va. Sin agua. La sequía que dura desde otro 8 de julio, el de 1998.

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