Las mociones contra ANV fracasan definitivamente al no alcanzar acuerdos los partidos

El PNV renuncia a presentar textos aislados para no fomentar el «victimismo» radical

OLATZ BARRIUSO| BILBAO
Andoni Ortuzar, líder del PNV en Vizcaya. / FERNANDO GÓMEZ/
Andoni Ortuzar, líder del PNV en Vizcaya. / FERNANDO GÓMEZ

Las mociones de censura contra ANV impulsadas por los socialistas vascos se han quedado definitivamente en agua de borrajas. Finalizado el plazo que el PSE dio al resto de fuerzas políticas para que se «retratasen» y respaldasen los textos de reprobación contra los ediles de la izquierda radical -expiró a medianoche de ayer-, no se han producido nuevos movimientos para tratar de acercar posturas, lo que aboca definitivamente al fracaso el intento de desalojarles de las alcaldías.

La falta de acuerdo entre los partidos ha dado al traste con la iniciativa abanderada por la formación de Patxi López tras el asesinato a manos de ETA del ex concejal socialista de Mondragón Isaías Carrasco y la negativa de la alcaldesa de ANV, Inocencia Galparsoro, a condenarlo. Una vez constatada la negativa de EA a «entrar en el juego» de las mociones de censura y la decisión de Ezker Batua de no estampar su firma en ningún documento que no llevase aparejado un «acuerdo programático» previo, la posibilidad de cambiar los equipos de gobierno en Hernani, Pasaia y Mondragón, donde el PSE es la segunda fuerza política, había entrado en un callejón sin salida.

La normativa vigente exige que el texto esté respaldado por la mayoría absoluta de la Corporación para poder siquiera registrarlo, una condición que no se cumplía en estos casos, donde resultaba indispensable el concurso de los socios minoritarios del tripartito de Vitoria.

Con este panorama, quedaba la duda de si el PNV estaba dispuesto a impulsar mociones similares en aquellos municipios donde le correpondería hacerlo -aquellos en los que los jeltzales son la segunda formación del consistorio-, sobre todo en Soraluze. La localidad guipuzcoana es la única donde peneuvistas, socialistas y populares suman mayoría absoluta y donde, por lo tanto, la censura habría prosperado sin necesidad de contar con más apoyos.

No obstante, los jeltzales confirmaron ayer que no firmarán el texto de Mondragón si, como es seguro, no hay garantías de que salga adelante. Tampoco impulsarán mociones aisladas al considerar que «no tiene sentido» crear «un follón» en determinados municipios guipuzcoanos sin un acuerdo entre los partidos que le dé a la iniciativa «una dimensión global para restituir la dignidad de las instituciones», según corroboró a este periódico el presidente del PNV en Vizcaya, Andoni Ortuzar.

«¿Qué arreglamos con que salga en Soraluze, salvo generar follón, si no va a tener continuidad?», apostilló, convencido de que esa forma de proceder sólo serviría para «tensionar y crispar» la convivencia en los municipios afectados y para fomentar el «victimismo» de ANV. «Daría la sensación de que más que unirnos los demócratas por la dignidad de nuestras instituciones estamos en una especie de 'vendetta' para quitar a sus cargos. No puede ser que encima salgan de esto como las víctimas», subrayó.

El mismo error

Los peneuvistas están molestos con el PSE al entender que ha cometido de nuevo «el mismo error» en el que incurrió cuando se plantearon las primeras mociones, al volver a emplazar a las fuerzas políticas «a través de los medios de comunicación». De hecho, la reunión que propuso Iñigo Urkullu para replantear la estrategia a seguir no ha llegado a convocarse y tampoco ha habido contactos entre las distintas formaciones durante la última semana.

El PNV considera que la actitud de los socialistas al no buscar un consenso previo «es muy difícil de entender si de verdad querían que saliera adelante». En realidad, tanto los jeltzales como Ezker Batua dudan de la «sinceridad» de su planteamiento. Más bien tienden a pensar que los socialistas buscaban colocar en una situación comprometida a sus rivales por razones electorales.