El Barakaldo mantiene la ilusión

Espoleado por un entregado Lasesarre, el equipo fabril realizó un derroche de fuerza ante un Girona superado

JUANMA MALLO| BARAKALDO
ENTREGADOS. El Barakaldo salió fuerte a por la victoria y estuvo a un paso de derrotar al Girona. / FOTOS: BORJA AGUDO/
ENTREGADOS. El Barakaldo salió fuerte a por la victoria y estuvo a un paso de derrotar al Girona. / FOTOS: BORJA AGUDO

La llama del ascenso sigue viva. Quizá un empate a cero no sea el resultado más adecuado para encarar el encuentro de vuelta de un 'play-off'. El Barakaldo, en cambio, plasmó unas sensaciones positivas sobre el césped de Lasesarre ante el Girona, campéon del grupo III. Dominó a su rival, jugó con él, y sólo la falta de puntería y el larguero impidieron el triunfo local en un estadio volcado. La ilusión del salto a Segunda se mantiene. Todo el mundo se marchó con la sensación de que sus futbolistas son capaces de hacer la machada en Cataluña.

Y existen razones para ello. La tropa de Íñigo Liceranzu arrancó a tope. Salió espoleada por ese ambiente de lujo que los jugadores habían reclamado. Lasesarre fue una caldera. Y ese apoyo surtió efecto en el arranque del encuentro. Los gualdinegros se zambulleron en busca de la portería catalana. Casi siempre las aproximaciones contaban con tres protagonistas: Garcés, el pichichi Germán Beltrán y Rebollo. Pero eran eso; tímidas oportunidades que poco o nada amedrentaban a un grupo gerundense ordenado y más conservador de lo previsto. Agazapados atrás, los visitantes esperaban su momento.

Estaba lejos, sin embargo. La razón: el Barakaldo había interiorizado que cualquier posibilidad de éxito en la eliminatoria pasaba por cosechar un buen resultado en Lasesarre. Y en eso se afanaron. Estuvieron cerca de romper el marcador mediada la primera mitad: Garcés peinó un balón que Beltrán mandó alto por muy poco. Rozó el larguero. Las gradas rugieron, cantaron el gol. El Girona, en cambio, despertó. Estampó sus mejores minutos.

Pero fueron pocos. Muy pocos, pues el Barakaldo no le permitió que se adueñase del terreno de juego. Los de Liceranzu querían el partido, regalar a la entregada grada la esperanza de ver el próximo curso fútbol de Segunda División. Y la afición entendió el mensaje. Les trató de llevar en volandas.

Marea de consignas

«Barakaldo, Barakaldo». «A por ellos oé, a por ellos, oé»... Eran sus cánticos. Y en medio de esta marea de consignas el trotamundos Solaun aprovechó un mal despeje de Ponzo, meta rival, para conectar un disparo desde el semicírculo del área grande que rozó el poste. Fuera. Con esta ocasión, se cerró la primera mitad. Hubiera sido un tanto psicológico, de esos que dejan noqueado a cualquier oponente, por mucho que el Girona haya sido el mejor conjunto de los cuatro grupos de Segunda B. O al menos eso dicen los números.

Porque ayer en la antigua capital fabril dejó ver muy poco ya que el Barakaldo no se lo permitió. La pareja de centrales, Cerro y Etxaniz, secaron a Miqui Albert, un espigado delantero autor de 20 goles. Y el resto de compañeros se vieron desbordados por el ímpetu, más que el acierto, de los locales.

La diana no llegaba. Beltrán volvió a levantar a la hinchada con otro chutazo. Agua. Poco a poco, el derroche físico pasó factura al Barakaldo. Se apagó y los gerundenses adelantaron sus líneas. Aunque, como suele ocurrir en estos encuentros, los gualdinegros tiraron de corazón, buscaron en su interior para sacar una pizca de fuerza. Y la encontraron dos hombres de refresco: Muneta y Carlos Alonso. Una combinación de lujo entre ambos acabó con un fuerte disparo del segundo al larguero. Todo se decidirá en Girona.

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