Vecinos de acogida

Residentes de Loiu, Amorebieta, Arcentales y Orduña relatan cómo es la convivencia junto a un centro de menores

ESTIBALIZ SANTAMARÍA BILBAO
Vecinos de acogida

El proyecto de apertura de un nuevo centro de acogida para menores en Laukiz ha reabierto un viejo conflicto de intereses. Por un lado, están quienes defienden el derecho de los chavales a encontrar un nuevo hogar y, por otro, quienes rechazan que hallen esa protección cerca de su domicilio por temor a que la presencia de adolescentes con problemas altere su vida cotidiana.

Municipios como Loiu, Orduña, Amorebieta y Arcentales han sido noticia en no pocas ocasiones por altercados provocados por menores residentes en este tipo de centros y la alarma ha calado. La oposición se desata desde el instante en que los vecinos sospechan que su pueblo podría ser sede de un albergue para menores, según las instituciones y educadores, mucho antes de que exista alguna razón que justifique el rechazo.

Esta brecha se ha materializado en Laukiz. La Diputación decidió adecuar allí un caserío para alojar a un grupo de menores. La noticia se extendió, los vecinos empezaron a temer que el municipio perdiera su tranquilidad habitual y ahora las obras están paralizadas por orden del Ayuntamiento. El argumento oficial es que la Diputación no tenía licencia de obras y que el terreno está dedicado a uso deportivo, pero a nadie se le escapa que la causa del conflicto es la utilidad que la Diputación quiere dar al caserío. A pesar de los argumentos tranquilizadores de educadores y psicólogos, los vecinos recuerdan los episodios violentos con los que hubo que lidiar en otras localidades con centros de acogida.

LOIU

Episodios de vandalismo

En agosto de 2000, el centro residencial Zabaloetxe de Loiu abrió sus puertas a menores con graves problemas de comportamiento y menores extranjeros no acompañados. El alcalde, Vicente Arteagoitia, recuerda que «el pueblo vivió una situación muy tensa, fue muy duro. Hubo quejas de los vecinos, yo tuve enfrentamientos personales con chavales del centro...». Los episodios de vandalismo eran habituales en el pueblo y los autobuses se convirtieron en un foco de altercados, al punto de que la Diputación prohibió a los menores hacer uso de las líneas de la compañía Autobuses Lujua.

En el bar Lasshoa vivieron en primera persona el conflicto. «He tenido aquí escondidos a los guardas jurados del centro, los chavales lanzaban adoquines a la Ertzaintza, nos tiraban los pinchos al suelo... Pero las cosas han mejorado y hemos aprendido a tratarles para evitar follones». De vez en cuando, salta alguna chispa «porque entre 60 menores siempre hay alguno más rebelde». Según los vecinos, desde hace un año, la situación se ha calmado. En palabras del alcalde, «a base de reuniones con la dirección y con la Diputación conseguimos centrar el problema y de algún modo arreglarlo. El pueblo está bastante más tranquilo ahora».

AMOREBIETA

Inicios conflictivos

En febrero de 2006, la Diputación habilitó como centro de acogida un caserón situado a dos kilómetros del centro de Amorebieta, en la carretera del barrio de San Antonio. Nada más conocerse, la decisión despertó reticencias entre los vecinos del entorno. «Era algo nuevo y con muy mala prensa a sus espaldas, así que hubo gente que pensó que el pueblo se iba a llenar de delincuentes», comenta Begoña Nazábal, directora de Bienestar Social del Ayuntamiento. Sin embargo, «salvo los conflictos iniciales, desde hace tiempo no tenemos ningún problema. La Diputación puso los medios necesarios», explica Nazábal. En los primeros meses de funcionamiento los menores intentaron incendiar el albergue y protagonizaron altercados con sus educadores.

La Diputación contrató una empresa de seguridad privada para aumentar la vigilancia a petición del Ayuntamiento y de los propios educadores. Dos años después de la apertura del centro, los residentes, que prefieren no identificarse, aseguran que los menores «están bastante integrados en el pueblo. Son chavales que no generan problemas -afirman-. Nos hemos acostumbrado a verles por el barrio».

ARCENTALES

Tranquilidad y desconfianza

El centro de menores El Garmo de Arcentales es una pequeña vivienda unifamiliar, similar a la que estaba reformando la Diputación en Laukiz, a más de una hora de un núcleo habitado. Sólo ofrece cama y comida ya que su misión es descargar a los centros donde se desarrollan programas educativos. Empezó a funcionar en 2007 y reprodujo la misma reacción que los demás.

«La noticia no nos hizo ninguna gracia, la verdad», confiesa una vecina. Aclaran que los temores no estaban motivados por la procedencia de los chavales. «Aquí viven familias inmigrantes y están perfectamente integradas», aseguran. Al conversar con los residentes, la opinión general es que «la mayoría vivimos tranquilos porque es un municipio muy disperso, pero los que viven en las cercanías del centro no están tan contentos». El Ayuntamiento declinó pronunciarse sobre el asunto.

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