Los dueños de un palacio abandonado en Barakaldo piden 72 millones al Consistorio

Los propietarios de la finca Munoa y la Corporación dirimen en los tribunales el precio del recinto Está catalogado como parque urbano en el Plan General

JON FERNÁNDEZ
DETERIORO. La finca emerge de entre la vegetación frondosa. / PEDRO URRESTI/
DETERIORO. La finca emerge de entre la vegetación frondosa. / PEDRO URRESTI

Tras la tapia de Munoa, se esconde un tesoro olvidado. Los tiempos de esplendor del palacio y su bosque han pasado a mejor vida. La finca es hoy un lugar deshabitado, ajeno a la mayor parte de la población de Barakaldo. Ningún ciudadano de a pie puede pisarlo. Los imponentes árboles que crecen en su interior impiden incluso divisar el recinto desde el exterior. Su asentamiento en la ladera que separa los barrios de Cruces, Lutxana y Burtzeña le añade un plus de misterio. En 1982 el Ayuntamiento se autoimpuso en las normas urbanísticas abrir el majestuoso complejo al público, pero antes debe expropiar sus 64.652 metros cuadrados de superficie. Y ahí surge el problema. Sus propietarios piden más de 72 millones de euros por los terrenos y la institución local ofrece apenas doce. El litigio se dirime ya en los tribunales.

Si los titulares de la finca imponen su criterio, la operación podría hipotecar las arcas municipales. El equipo de gobierno confía, en cualquier caso, en hacer ver al Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) que no puede desembolsar una cantidad «desmesurada» por un futuro parque urbano de uso público. Y, como vía alternativa, los mandatarios barajan el acuerdo extrajudicial. «Queda tiempo. Los propietarios se sienten agraviados porque no han podido construir en la finca y les podemos ofrecer otro lugar donde hacerlo», evalúa el edil de Urbanismo, Jesús María González Suances. Mientras, un perito judicial ha cifrado en 15 millones el valor del complejo.

El valor histórico del palacio está fuera de duda. Goza de protección integral y el propio catálogo local de inmuebles a preservar lo considera uno de los edificios más valiosos «desde el punto de vista artístico y arquitectónico». Levantado a finales del siglo XIX, la familia de Horacio Echevarrieta lo convirtió en una fortaleza. El empresario republicano, fundador de Iberia, reunió una de las mayores fortunas españolas de la época. Fue propietario de los astilleros de Cádiz y mandó construir las galerías de Punta Begoña en Getxo.

Sus descendientes heredaron en su día el valioso recinto de Munoa. En las dos últimas versiones del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) vieron cómo el Consistorio lo destinaba a «sistemas generales de parques urbanos». Decidieron esperar a que el Ayuntamiento moviera ficha. El 31 de octubre de 2001 pasaron a la acción. Mandaron un escrito al entonces alcalde, Carlos Pera, en el que se solicitaba formalmente la apertura de un expediente expropiatorio del suelo afectado. El regidor rechazó la petición ante la falta de un programa de actuación específico y vio «prematura» la petición. La respuesta le sirvió a la Corporación para ganar tiempo ante la batalla legal que se avecinaba.

Sentencia del Supremo

Los sucesivos fallos judiciales vinieron a dar la razón a los herederos de Echevarrieta. La última sentencia llegó del Tribunal Supremo hace casi dos años. El alto tribunal expuso que, de acuerdo a las normas urbanísticas, el propietario puede reclamar la expropiación si persiste la inactividad de la Administración «más allá de un plazo razonable que el legislador ha establecido en cinco años». Existía la duda de cuándo se inició el plazo, si bien a estas alturas nadie cuestiona la obligatoriedad de la medida. El resultado es el mismo si se toma como base la reglamentación de hace 25 años o la que entró en vigor en septiembre de 2000.

Mientras el caso se resuelve, los vecinos no están de brazos cruzados. La Asociación de Familias de Cruces ha reclamado en numerosas ocasiones la compra de la finca para abrirla a la ciudadanía.

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