Radiografía del puente de Rontegi

El viaducto afronta su primera revisión integral al cumplir 25 años Los técnicos se descolgarán en cestas y se meterán en los pilares

TERESA ABAJO T.ABAJO@DIARIO-ELCORREO.COM
LA VÍA CON MÁS TRÁFICO DE VIZCAYA. Los dos tableros del puente de Rontegi, con 640 metros de longitud, soportan el paso de más de 135.000 vehículos al día por término medio, 30.000 más que la Solución Sur de la A-8. / FERNANDO GÓMEZ/
LA VÍA CON MÁS TRÁFICO DE VIZCAYA. Los dos tableros del puente de Rontegi, con 640 metros de longitud, soportan el paso de más de 135.000 vehículos al día por término medio, 30.000 más que la Solución Sur de la A-8. / FERNANDO GÓMEZ

A sus 25 años, el puente de Rontegi está en plena madurez. En su primera semana -mayo de 1983- lo utilizaron unos 42.000 conductores. Hoy lo cruzan a diario más de 135.000 vehículos, el 8% camiones, lo que le convierte en la carretera con más tráfico de Vizcaya por delante de la congestionada Solución Sur. Aunque se han hecho inspecciones y arreglos parciales, nadie se ha detenido a revisarlo en profundidad. El estudio que iniciará la Diputación este verano promete ser «exhaustivo». Los técnicos empezarán recopilando los planos del proyecto y acabarán metiéndose dentro de los pilares, con equipos de respiración autónomos, para tomar el pulso al hormigón.

«El puente está bien», afirma el director foral de Carreteras, Gorka Estebez. «Se trata de hacerle un 'lifting' y, sobre todo, de prevenir». Los trabajos de campo comenzarán en junio y durarán unos tres meses, en horario nocturno para afectar al tráfico lo menos posible. El pliego de condiciones técnicas para la «auscultación» del viaducto parte de una evidencia. La conexión viaria entre Barakaldo y Erandio es imprescindible y si llegara a quedar fuera de servicio las rutas alternativas «serían incapaces de soportar los tráficos en condiciones razonables». El paciente es alto y fuerte, pero extremadamente delicado.

Un ingeniero de caminos «con al menos diez años de experiencia», según estipulan los pliegos, y un técnico de laboratorio especializado en ensayos de hormigones y aceros se encargarán de la inspección. Tendrán que acceder a todas las zonas del puente «a una distancia inferior a un metro», lo que exigirá un despliegue de medios. Se descolgarán desde el tablero con cestas, como las populares góndolas, un recurso «limitado en fechas y horario» porque obligará a cortar algún carril.

El vértigo no es el único desafío de este viaducto, que se eleva 42 metros sobre la pleamar para permitir la navegación. Aquí también hay espacio para la claustrofobia. Los expertos recorrerán la galería interior que discurre en paralelo al tablero y se meterán dentro de los pilares. Llevarán equipos especiales, porque posiblemente no podrán respirar con normalidad durante mucho tiempo, y un sistema de iluminación para examinar con detalle las piezas que componen el puente.

Los profesionales estarán especialmente atentos a las filtraciones de agua, la «pérdida de geometría» y los daños en el hormigón, las armaduras y los aceros. Heridas que a veces no se hacen visibles hasta que están muy avanzadas, o que anuncian manchas superficiales de óxido. Para profundizar en el estudio, se tomarán muestras de hormigón en las zonas más significativas, al menos una por vano, y se harán radiografías para conocer el grado de deterioro de las armaduras.

El estudio no se limita al trabajo de campo. Una oficina técnica elaborará un modelo numérico representativo del puente para valorar su «respuesta estructural. Vamos a calcularlo todo de nuevo, como si se volviera a construir, para saber si cumple la normativa actual», explican los responsables forales. En estos años se han endurecido los requisitos y, al final del proceso, la estructura deberá someterse a una prueba de carga.

Limpieza general

Antes de llegar a ese punto hay que recopilar muchos datos. Ya se ha empezado a rebuscar en los archivos para seguir el rastro de unas obras que comenzaron en 1977, antes de la transferencia a las diputaciones de la competencia en carreteras. Algunos planos se perdieron durante las inundaciones, lo que dificulta la tarea. Los datos que se obtengan del proyecto original se contrastarán con los muestreos para saber si ha habido desviaciones.

Una vez evaluados los daños, las reparaciones necesarias se llevarán a cabo el año que viene. La Diputación calcula que la inspección costará unos 200.000 euros y las obras entre dos y tres millones. A falta de conocer el resultado del examen, ya se ha decidido acometer varias mejoras, empezando por «una limpieza generalizada» del puente. Se sellarán las fisuras del hormigón «antes de que vayan a más» y se sustituirán las bajantes de pluviales, entre otros elementos.

A partir de ahora, cada dos años se hará una revisión general y cada cinco una exhaustiva, como la que está a punto de empezar. El puente es demasiado importante, sobre todo porque en estos 25 años se ha demostrado lo difícil que es cruzar la ría para los conductores. La Diputación está convencida de la necesidad de buscar alternativas a Rontegi, pero los proyectos que se han barajado -el subfluvial de Lamiako y el puente giratorio de Lutxana- no han salido a flote. La opción que se considera más viable, aún sin fecha de ejecución, es un viaducto a la altura del barrio erandiotarra de Axpe.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos