«No nos van a amedrentar»

Militantes de base y dirigentes socialistas advierten a ETA de que los ataques son «una inyección para seguir adelante», mientras los vecinos de Elgoibar restañan sus heridas

MANU RUEDA
UNIDAD. Patxi López, junto a Paulino Luesma, Joseba Egibar, Miguel Buen y Ana Urchuegía, ayer ante la sede atacada en Elgoibar. / BERNARDO CORRAL/
UNIDAD. Patxi López, junto a Paulino Luesma, Joseba Egibar, Miguel Buen y Ana Urchuegía, ayer ante la sede atacada en Elgoibar. / BERNARDO CORRAL

Un hombre con corbata y carpeta en mano merodeaba ayer por la casa del pueblo de Elgoibar que ETA voló el domingo. El perito del consorcio de seguros trataba de elaborar una primera evaluación de los desperfectos causados por la bomba y calibrar cuántos expedientes pueden llegar a presentar los vecinos afectados. Su objetivo, elaborar una primera aproximación sobre el número de expedientes que pueden presentarse, así como cuantificar los daños. Su presencia en el lugar del atentado es uno de los primeros rituales que siguen al estallido de una bomba de ETA.

El propio experto admitía que, salvo en la sede socialista, los perjuicios no han sido muy elevados. «Fundamentalmente persianas y cristales», explicó a este periódico. A su juicio, la ubicación del local, en una zona relativamente abierta, redujo el efecto de la onda expansiva en los edificios más próximos.

Menos cuantificables son los daños que muchos vecinos acumulan desde el domingo en su foro interno. Una de ellas, Beatriz, reconocía revivir de forma constante la «angustia» que se había apoderado de ella durante el desalojo y la explosión del artefacto. La tensión, según confesaba ayer, le provocó un «fuerte dolor de cabeza» que tardó en irse. No paraba de pensar en la desgracia que la bomba de ETA pudo haber causado, en forma de vidas humanas. «En esa zona suele haber 'botellón' los sábados por la noche», resumía. «Fue terrible».

En el barrio de Urasandi apenas se apreciaban signos externos de la explosión, salvo por la puerta de madera improvisada en la casa del pueblo y la presencia de un turismo con los cristales destrozados y restos de metralla. Una mujer, que prefirió mantenerse en el anonimato trataba de recuperar algunos objetos del interior del turismo, propiedad de su hijo. El muchacho tuvo que dormir el domingo en casa de un primo. El aviso de bomba «le cogió fuera» y a la hora en que intentó regresar a su domicilio el cordón policial se lo impidió.

Esta señora reconocía que muchos de los vecinos tardarán en recuperarse. Ponía como ejemplo a su madre, de avanzada edad, y que, desde el domingo, está «atorada». La mujer era de las pocas que se atrevían a lanzar un análisis de por qué se siguen dando estas situaciones. En su opinión, la política «está enredada desde hace mucho tiempo» e instó a que «los que tengan que hablar, que lo hagan». No obstante, desconfió de los políticos porque «sólo les interesa el poder». «Que nos dejen vivir en paz», proclamó.

Sebastián, ex concejal en la década de los ochenta y veterano militante socialista, admitió que el atentado «no nos pilla por sorpresa». Sin embargo, lejos de arredrarse, subrayó que los ataques son «una inyección para ir hacia adelante». «Hemos luchado muchos años y ahora no nos van a amedrentar», advirtió.

Concentraciones

Elgoibar expresó ayer su rechazo al atentado en dos concentraciones silenciosas a las que acudieron ciudadanos y representantes institucionales y políticos para manifestar su repulsa a la violencia de ETA.

La protesta más numerosa tuvo lugar por la tarde, ante la casa del pueblo. Medio millar de ciudadanos se sumaron a la convocatoria, secundada por una amplia representación de la ejecutiva del PSE, encabezada por su secretario general, Patxi López. El líder de la formación aseguró que, a pesar de todo, «la determinación, el coraje y la voluntad de los socialistas sigue intacta», al tiempo que apeló a «la unidad de los partidos».

La familia socialista también estuvo representada por los dirigentes Jesús Eguiguren y Miguel Buen, así como el delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma. Además, asistieron el presidente del PNV en Guipúzcoa, Joseba Egibar; la consejera de Transportes, Nuria López de Guereñu; la alcaldesa de Lizartza, Regina Otaola (PP); y la parlamentaria de Aralar, Aintzane Ezenarro.

Una concentración similar se había celebrado horas antes, a mediodía, frente al Ayuntamiento y bajo un aguacero, con la asistencia de unas 150 personas, entre las que se encontraban el diputado general de Guipúzcoa, Markel Olano, y la presidenta de las Juntas Generales, Rafaela Romero, así como el dirigente de EB Antton Karrera.

Esta protesta tuvo lugar poco después de que la junta de portavoces del Ayuntamiento de Elgoibar, gobernado por PNV-EA, se hubiese reunido para tratar un texto propuesto por el PSE, que fue aprobado por todos los grupos presentes en el Consistorio. ANV no tiene representación al haber sido anulada su lista. En el escrito consensuado, la Corporación califica de «absolutamente inadmisible e intolerable» el intento de ETA de amedrentar al PSOE y pide a la izquierda abertzale «un acto de rebeldía» para quitarse «la mordaza y la censura política» de la banda armada.

Por otra parte, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, recalcó ayer la fortaleza del PSE ante los ataques que está sufriendo por parte de ETA -con dos atentados contra casas del pueblo en tres días- y le brindó todo el apoyo de la Ejecutiva socialista y el Gobierno.

m.rueda@diario-elcorreo.com

Fotos

Vídeos