La Cámara foral ensalza el «valor político» de la consulta de Treviño

A. LORENTE
1998. Un hombre muestra la papeleta de la consulta. / J. MINGUEZA/
1998. Un hombre muestra la papeleta de la consulta. / J. MINGUEZA

Treviño, cuestión cíclica donde las haya en el diario de sesiones de las Juntas alavesas, volvió a evidencia ayer el distanciamiento que su hipotética integración genera entre los partidos. Pese a todo, ayer, el pleno de la Cámara logró sacar adelante parte de una moción presentada por Aralar en la que además de considerar «imprescindible» que la Diputación mantenga los acuerdos de colaboración con los ayuntamientos del enclave, se ensalza el «valor político y democrático» de la consulta realizada hace una década. La iniciativa recibió el respaldo del tripartito (PNV, EA y Arala) y del PP.

Los que se descolgaron de la iniciativa fueron los socialistas. Lo hicieron, en palabras de su portavoz, Txarli Prieto, porque sólo iban a votar su iniciativa, la cual defendía los convenios de colaboración «impulsados gracias al PSE» e instaba a las comunidades del País Vasco y Castilla y León a «impulsar un diálogo» que mejore la gestión de esta región «mientras no se den las condiciones que permitan resolver su futuro territorial».

Los partidos nacionalistas de la Cámara volvieron a tirar de hemeroteca para recordar que en 1998, siete de cada diez habitantes de Treviño mostraron «democráticamente» su deseo de pertenecer a Álava. El Gabinete Agirre levantará un mástil sin pendón en la plaza de la Provincia durante la festividad de San Prudencio con el fin de simbolizar que Treviño «debe ser la octava cuadrilla alavesa».

«Marear la perdiz»

Sin tantas alaracas, el PP y el PSE reiteraron sus posicionamientos no contrarios a la integración siempre que se dé un escenario «adecuado». Pese a todo, el juntero popular Luis Viana aseguró que en los últimos procesos electorales celebrados en La Puebla de Arganzón o en el Condado de Treviño, los nacionalistas han sido minoría. «Qué mejor referéndum que éste», apuntó.

Prieto, por su parte, criticó que la única polémica ahora generada se debe al interés de ciertos partidos -en clara alusión al Gabinete Agirre- por mezclar los convenios de gestión con contrapartidas políticas. «No hacemos más que marear la perdiz. A veces -criticó-, la Cámara es tan inútil como un cenicero en una moto».

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