¿Quién representa a Isaías?

MANOL ZUBERO
JOSÉ IBARROLA/
JOSÉ IBARROLA

En una ocasión, hace unos años, durante el coloquio posterior a una conferencia impartida en Vitoria ante un público procedente del ámbito católico que reunía tanto a laicos como a religiosos y presbíteros, algunos de los asistentes no entendían el juicio crítico que yo había expresado en relación a la actuación de la Iglesia vasca para con las víctimas del terrorismo. ¿Por qué ese juicio crítico?, me preguntaban. ¿Qué otra cosa debería haber hecho la Iglesia vasca?, insistían. Quienes hacían esas preguntas, sacerdotes y religiosos fundamentalmente, eran personas profundamente comprometidas en muchos y diversos ámbitos pastorales: en el de la juventud, en el de la salud, en la pastoral penitenciaria, en el de la exclusión social También eran profundamente nacionalistas, en un sentido seguramente más vivencial que ideológico: eran personas comprometidas con el euskera, con una 'opción de país' hondamente sentida. Eran, en resumen, el prototipo de ese clero vasco cuyo enraizamiento en este pueblo le llevó a desoír el llamamiento a la cruzada del nacionalcatolicismo franquista durante la Guerra Civil y a sufrir por ello persecución y violencia.

Eran preguntas sinceras, que nacían de preocupaciones compartidas; preguntas formuladas casi con angustia. Yo podía percibir esa preocupación y esa angustia. Deseaban realmente comprenderme, pero no podían hacerlo, ni yo lograba transmitirles adecuadamente mi perspectiva. No era un problema de argumentos, sino de visiones, de experiencias vividas. Por eso mi respuesta fue una pregunta. No vamos a hablar de las víctimas de ETA, le dije. No vamos a pensar en ellas. Sustituyámoslas por otras víctimas, como por ejemplo las personas más pobres o excluidas de nuestra sociedad. Supongamos que lo que hoy hemos escuchado es una conferencia sobre el drama de la exclusión social en las sociedades opulentas, y que lo que el conferenciante ha dicho es que no hemos hecho todo lo que debíamos por las personas excluidas. Y ahora respondamos a esta pregunta: ¿De verdad nos sentimos razonablemente satisfechos del comportamiento de la Iglesia vasca ante su situación de discriminación, sufrimiento y abandono?

La asamblea local de Ezker Batua en Mondragón ha decidido, «rotunda y unánimemente», no apoyar la moción de censura contra la alcaldesa de ANV, Ino Galparsoro, impulsada por el resto de fuerzas políticas con representación en ese Consistorio (PSE, PNV, PP y EA). Los dos concejales de esta formación en el Ayuntamiento de Arrasate, Joseba Ugalde y Ander Rodríguez, han hecho público un largo comunicado mediante el que explican esta decisión. Es un comunicado no sólo extenso, también denso, argumentado, que por respeto a quienes lo firman no voy a intentar resumir. Ni siquiera voy a entrar ahora a discutir lo que en dicho comunicado se afirma, más allá de una brevísima referencia un poco más adelante. Creo que lo más justo es que quien lo desee pueda leerlo íntegramente y saque sus propias conclusiones. Yo lo he encontrado en la siguiente dirección de Internet: "http://irrintzia.blogspot.com/2008/04/eb-arrasate-y-la-mocin-de-censura.html".

Lo que sí desearía es plantear abiertamente una reflexión que, en caso resultar mínimamente razonable, por supuesto no comprometería sólo a los representantes de EB en Mondragón. Es una reflexión que parte de una incómoda constatación: ¿Por qué las víctimas del terrorismo, las víctimas de ETA en particular, son al mismo tiempo tan omnipresentes y tan irrelevantes? ¿Por qué siendo víctimas de naturaleza política finalmente acaban por verse expulsadas del espacio de la política práctica? ¿Por qué estando universalmente reconocidas como nuestras -salvo por sus victimarios- son tan molestas? ¿Por qué no acabamos de saber muy bien qué hacer con ellas? Seguramente todas y todos, en algún momento, hemos actuado de manera tal que, incluso con la mejor de las intenciones (por ejemplo, que ETA no nos marque la agenda), hemos terminado por reducir a las víctimas a una nota a pie de página en el libro de nuestra actividad cotidiana. Nos importan mucho, no tengo la menor duda, pero al final no nos aportan nada a nuestra práctica política.

Creo que éste es el fundamento último de la posición adoptada por los concejales de EB en Arrasate. «¿Debemos someter las cuestiones municipales a las acciones de ETA?», se preguntan en el documento referido. Y también: «Se nos pide sumarnos a una propuesta que carece de programa municipal, ¿cómo debemos actuar? ¿Debemos guardar en un cajón nosotros también nuestro programa durante los próximos tres años? De ser así, ¿qué papel nos queda como organización de izquierdas en Arrasate?».

Pongamos que no hubiese sido Isaías la persona asesinada el pasado 7 de marzo. Pongamos que en lugar de encontrarnos ante una alcaldesa que se niega a decir una sola palabra de condena tras el asesinato de uno de los vecinos a quienes se debe por razón de su cargo, además ex concejal en el mismo Consistorio que ahora preside, nos encontráramos ante un alcalde que guarda silencio ante el asesinato de una vecina víctima de la violencia machista o que, peor aún, intentara 'contextualizar' este asesinato arguyendo no sé qué cosas sobre la inutilidad de condenar estos hechos y la necesidad de buscar soluciones de fondo a un problema histórico que tiene que ver con el conflicto derivado de las problemáticas relaciones entre mujeres y hombres. O pongamos que la persona asesinada fuese un inmigrante víctima de un crimen xenófobo, y que la Ino de turno ¿Continuaría esa persona presidiendo el Consistorio de Arrasate?

En el libro de entrevistas firmadas por Hasier Etxeberria 'Bost idazle/Cinco escritores vascos' (Alberdania, Irún 2002), Anjel Lertxundi afirma lo siguiente: «La violencia nos ha robado la energía para decir que lo que no es justo no es justo. La sociedad vasca, sin embargo, no ha aceptado que el mal es de naturaleza moral, porque tiene miedo a mirarse en el espejo y decir: 'Estoy enferma'. No hemos aprendido a poner la política bajo la lámpara de la moral, por eso nuestro conflicto actual es moral, no político». Comparto su diagnóstico.

No sería justo convertir a los concejales de EB en Mondragón en chivos expiatorios de un mal que, como una auténtica pandemia, seguramente nos ha contagiado a todos en el País Vasco. Pero todos deberíamos saber distinguir cuándo el conflicto que reclama nuestro posicionamiento es de naturaleza fundamentalmente moral. El problema de Arrasate no es que su alcaldesa sea de ANV. El problema es que no ha sido capaz de defender el más preciado de los derechos de uno de sus convecinos, el derecho a la vida. Y que ha cometido la indignidad de reducir a Isaías a la categoría de daño colateral de un conflicto político que, según ella, sólo se solucionará mediante el diálogo. Diálogo del que los asesinados han quedado radicalmente excluidos. A no ser que seamos nosotros, los vivos, los que asumamos la tarea de representarlos. Joseba Ugalde y Ander Rodríguez están representando a la asamblea local de EB en Mondragón. ¿Se han planteado la posibilidad de representar también a Isaías Carrasco?

Fotos

Vídeos