Contador gana en defensa propia

Laminó a Evans en la contrarreloj de Orio y consuela con el triunfo en la ronda vasca su exclusión del Tour Mikel Astarloza, del Euskaltel, acabó sexto

J. GÓMEZ PEÑA
PODIO.  Alberto Contador, en lo más alto del podio, acompañado por Evans a la izquierda, y Dekker. / AFP/
PODIO. Alberto Contador, en lo más alto del podio, acompañado por Evans a la izquierda, y Dekker. / AFP

Challenge de Mallorca. A la mañana siguiente de saber que su equipo, el Astana, ha sido rechazado por el Tour. Alberto Contador viste de calle. Chaqueta negra, a juego con la mirada. Sale para el aeropuerto. A redefinir la temporada. Se le arrima la gente. «Tranquilo, que te quedan todavía muchos Tours», le miman. Sonríe y responde: «Ya, pero ahora me queda uno menos». Contador, sinónimo de ambición.

El sonido de esa frase resume el carácter del madrileño. Ayer, en Orio, ganó contra el reloj la última etapa y la Vuelta al País Vasco. Contra el tiempo. Es su sino. Contra el destino. Al que iba a ser su primer Tour no fue porque dos meses antes un cavernoma cerebral le metió en la niebla. Salió del quirófano y descubrió la ronda gala a la segunda, un año después. Dorsal debutante. Y le gustó esa tortura: el látigo de las rotondas, el ciclismo lento de los Alpes. Se citó para el futuro. Para la siguiente temporada, la tercera.

Y allí se fue, al prólogo de Estrasburgo. Y de allí se largó sin siquiera empezar. Tachado por ser del Astana de Saiz. A la cuarta tentativa, en 2007, ya lo ganó. Pero ni así, con ese título, estará en el Tour 2008. De nuevo apartado por el color de su piel, de su maillot, el del Astana de Bruyneel. Contador corre el Tour un año sí y otro no. En los años impares. En los pares le han obligado a luchar contra la enfermedad o a rentabilizar su ausencia en la Grande Boucle. Eso hizo ayer. Ganó desde el olvido del Tour. La reivindicación del mejor. Vencer en defensa propia. Contra el reloj o contra lo que sea.

Aroma de julio

Incluso contra el dolor de muelas. Lleva tiempo con una pieza emborronada. Picante. El lunes volvió la erupción, justo tras su victoria en la etapa de Deskarga. Calló. Ni se confesó con Benjamín Noval, su compañero de habitación. Que nadie se desmoralice en el equipo. Masticó el flemón. Pasó dos noches en duermevela. En silencio. Noval le descubrió de madrugada junto a la ventana. En carrera disimulaba como podía la hinchazón de la mandíbula. Que ningún rival se anime. Nada de antibióticos, que debilitan. Que duela, pero que no se note. Contra la muela, contra el Tour y contra Evans, su rival ayer en la contrarreloj de Orio.

Había aroma de julio en el puerto guipuzcoano. De julio francés. Contador y Evans, otra vez con el reloj en medio, como en la última edición del Tour. Antes de que ellos salieron, Dekker, Cunego y Gesink eran los mejores. Astarloza no podía con el peso del liderato del Euskaltel-Euskadi: acabó decimoprimero, sexto en la general. No era fácil llegar más arriba. Sus rivales eran nombres del Tour. La imagen de 2007: Contador frente a Evans. La escena que no se verá este año por la exclusión del Astana. El madrileño es un dorsal para el Tour. Esa carrera es su pareja. Pero le han obligado a bailar solo durante todo un año. Solista. Único. Impar. Sin rival. Se vio cuando sólo habían pasado cuatro de los veinte kilómetros de la contrarreloj, los del repecho de salida. Ya le sacaba veinte segundos a Evans. Al australiano le pusieron de nombre Cadel por un viejo guerrero galés, mito en la cuna de su familia. Salvaje. A Contador le gusta domesticar aves. Enjaularlas. Que canten a su ritmo. Como la contrarreloj de ayer. Se terminó enseguida.

Subido en la ola de esa cuesta inicial, el madrileño fue a dar al mar de Orio. Directo. 'Tubo' perfecto. Economizó la ventaja. Frenó en las curvas. Y aprovechó su matrimonio con la aerodinámica: perfil de alfiler, silueta de gota de agua. De proyectil. Está inscrito en la escuela de Armstrong, bajo la tutela de Bruyneel. El técnico belga le dirigía ayer. «Ha sido impresionante», dijo boquiabierto el director de los siete Tours de Armstrong. En la meta, Contador guardaba los 22 segundos sobre Evans, 27 sobre Dekker, 49 sobre Gesink y más de un minuto sobre Monfort, Schumacher, Horner, Casar, Pinotti y Astarloza. Todos menos él estarán en el Tour.

En el podio había besos para esa rabia contenida. La organización de la Grande Boucle ha podado la trayectoria de Contador. Otro año par sin Tour. A finales de julio de 2007, cuando abrió la bolsa que traía del cajón de París, vio que uno de los trofeos, una bandeja de porcelana, venía hecha añicos. Su madre lo resolvió con pegamento y buen pulso. No se puede tirar un recuerdo así. Quedó impecable. Contador tiene 'loctite en las venas'.

Pegó sus pedazos tras la operación cerebral con más de 50 grapas sobre la piel del cráneo. Luego juntó su puzzle anímico cuando su equipo fue apartado del Tour 2006 tras el escándalo de la 'Operación Puerto'. Y ahora, otra vez arrinconado por el Tour, ya ha comenzado a soldar los trozos de esta temporada. Al triunfo en Castilla y León le unió ayer el de la Vuelta al País Vasco. Mensaje al Tour. A Contador le defienden sus victorias.

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