Herrero, un químico con físico

El bilbaíno del Karpin-Galicia tuvo potencia para derrotar a Luis León Sánchez y Bettini en Viana, y entra en la lista de candidatos a la Vuelta

J. GÓMEZ PEÑA
LA DUREZA DE LA VICTORIA. David Herrero se esfuerza en los metros finales de la meta de Viana en la que entró por delante de Léon Sánchez y Bettini. / EFE/
LA DUREZA DE LA VICTORIA. David Herrero se esfuerza en los metros finales de la meta de Viana en la que entró por delante de Léon Sánchez y Bettini. / EFE

En el descenso de Codes el pelotón abre la jaula. «Ha sido como una carrera de motos GP», resume David Herrero, el mejor ayer. El riesgo va de boca en boca. Alarman los frenos. El asfalto hace tiempo que ha caducado; es pardo, mentiroso, de aceite. El descenso se hace al dictado del instinto. Quien más tarde frena, antes conquista la curva. Testicular. Herrero no quiere que la Vuelta le pase otra vez de largo: ya ha sido tercero en las dos primeras etapas. Sabe que, luego, al sprint ascendente de Viana hay que mirarlo de cara. Con ojos en la frente y en el cogote: «Tenía a Bettini a rueda». Al campeón del mundo. Y a Luis León Sánchez por delante, con dos pedaladas de ventaja. Ve la carrera perdida. Y se dice: al carajo con Bettini. A por el 'león' escapado de la jaula. «Ha sido agónico. Me la he jugado». Con los alientos al borde. Al entrar primero, el bilbaíno ni levanta los brazos. Va crispado. Sin tiempo para celebrarlo. No importa. Tiene toda la vida para hacerlo. La Vuelta al País Vasco ya le incluye en su memoria. Lo de ayer no se olvida.

La tercera etapa recorrió las edades de David Herrero. Desde Bilbao (Erandio) a Viana. No hace tanto, un adolescente de Rekalde se presentó en Ciclos Canales, en la tienda de bicicletas de Sarriko. Vestía un pantalón de chándal tres tallas menores, para emular el porte de un culotte. Zapatillas de tenis y una bici Torrot de sólo tres piñones. David tenía pocos años, quince, y toneladas de autoestima. De esa guisa le pidió a Canales un dorsal en su equipo. «No me juzgues por la pinta. Seguro que les gano a muchos de los tuyos». Arrollador. «Canales siempre me dice que nunca ha visto a nadie con tanta seguridad». El 'gallo' no mentía.

Unos años después, el día de la boda de su hermana, le hizo una promesa. David no podía ir a la ceremonia. Tenía carrera, el final de la Vuelta al Bidasoa. «Llegaré tarde, pero te traeré el ramo de flores». El de ganador. También cumplió. Así fichó por el Euskaltel-Euskadi. Un chico con pegada. Distinto. Licenciado en Ciencias Químicas; de barrio. En el Euskaltel se trompicó y descendió al Paternina. «Acababa de terminar los estudios y estuve a punto de dejar el ciclismo». Le rescató de nuevo la fe en sí mismo. Remendó algún error de juventud y tiró hacia arriba. A veces, la juventud se comprende tarde.

Regresó al Euskaltel, a otro divorcio con la escuadra naranja. Y luego, en 2006, buscó más «confianza» en el Karpin. Fue su peor cosecha. Arrastró una caída en Murcia. Sin salida. Pero Herrero no comprende el fracaso, no entra en sus planes. Es de los que se presenta en chándal y dice que va a ganar el Tour. De los que se entrena con potenciómetro, de los que se para en las cuestas para extraerse una muestra de sangre y comprobar el nivel de lactato. Un químico al servicio de su físico.

Control total de Astana

La etapa iba del estresante tráfico coagulado de Bilbao a la lentitud apacible de Viana, la frontera de Navarra con La Rioja. Lustrosa piel de primavera. En Viana murió César Borgia, el personaje que inspiró 'El Príncipe' a Maquiavelo. Obispo de Pamplona a los 16 años. Cardenal a los veinte. La historia de una ambición. En la salida de ayer rondaban las críticas al Astana de Contador. Rimaba con dictador. «No dejan hacer nada». Había resquemor. El Astana, claro, tenía otro foco: les han quitado el Tour, el Giro y muchas clásicas. Para ellos la Vuelta al País Vasco es de oro. Un tesoro a no repartir. El caso es que tampoco ayer dejaron aire para la fuga, la de Martens y Possoni. La carrera fue a su son por La Barrerilla, Bernedo y los dos pasos por Codes. Con ese bozal, hay paz: enemiga del espectáculo. De cambiar eso se encargó la última bajada de Codes. Digna de GP.

Iban todos pendientes del metro que pisaban. Aire de viña y asfalto eléctrico. Era un final indeciso. Como el martes, Luis León Sánchez revistió de músculo los kilómetros finales. Carnívoro. Su padre, sus hermanos, su abuelo... Todos se llaman León. Es su tatuaje genealógico. La marca. Corre a zarpazos. Después lo intentaron Arrieta y Efinkim. Y ya en Viana, Florencio, pegado a rebufo de una moto. Día GP en la Vuelta. Resultó un final a la italiana. De colocación: de Bettini. De potencia: de León Sánchez. O de autoestima: de Herrero. «Cuando estoy bien soy un ciclista convencido». La Vuelta situó el lunes a Contador como líder en su primer puerto y ayer declaró candidato a un bilbaíno dispuesto a ganar el Tour en chándal.

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