«Los rellenos son necesarios para alinear dos kilómetros de la ría»

El primer teniente de alcalde de Bilbao, Ibon Areso, recorre con EL CORREO el canal de Deusto para defender el polémico proyecto

JUNTO AL CANAL. Areso indica las zonas donde se prevén los rellenos, que servirán para perfilar los márgenes de la ría y construir pisos y equipamientos. / MAITE BARTOLOME/
JUNTO AL CANAL. Areso indica las zonas donde se prevén los rellenos, que servirán para perfilar los márgenes de la ría y construir pisos y equipamientos. / MAITE BARTOLOME

Hasta ahora, la batalla por los rellenos del canal de Deusto se había llevado a cabo sobre el papel, con planos e infografías que, en definitiva, no dejan de ser un sucedáneo de la realidad. En este escenario, es fácil 'vender' las excelencias de un proyecto o echarlo por tierra. Su importancia es la de un mero ensayo teórico. Para comprender la magnitud del desencuentro entre los vecinos de San Ignacio, que se han constituido en plataforma para luchar contra el proyecto, y las instituciones implicadas en el plan -Gobierno vasco, Ayuntamiento, Puerto y constructoras privadas- lo mejor es escapar por un momento de los dibujos técnicos y visitar la zona de la discordia. Esta sencilla operación la hacen los residentes en el vecindario todos los días, pero no así los responsables políticos. Y menos, para dar explicaciones.

En esta ocasión, el primer teniente de alcalde, Ibon Areso -el único miembro de todos los pilares institucionales que sustentan el plan que ha accedido a defender la actuación- ha hecho una excepción y ha acompañado a EL CORREO hasta el epicentro de la polémica: un rectángulo de agua de 580 metros de largo por 40 de ancho en la ribera de San Ignacio que se ha transformado en un abismo entre las pretensiones ciudadanas y las políticas.

«¿Posibilidad de consenso? Los rellenos son necesarios, la mejor solución urbanística posible. Lo que se puede negociar es lo que va a ir encima», afirma tajante Areso, que señala a la lámina de agua y sacude la cabeza enérgicamente: «Esta actuación servirá para alinear casi dos kilómetros de ría. Porque no sólo se va a rellenar en la parte de San Ignacio, que es la que está generando problemas con los vecinos, también se va a hacer en dos tramos de la península de Zorrozaurre. Ahora estos márgenes están fatal, no pueden quedarse así».

Areso, apostado al borde del agua en la Curva de Elorrieta, refuerza su aseveración frente a la zona conflictiva, una franja de aguas inmóviles jalonada de montículos pedregosos y ramas arrastradas por el deshielo. Vista así no parece gran cosa, pero ciudadanos e instituciones saben que su valor no tiene demasiado que ver con su desastrado aspecto actual, sino con sus golosas posibilidades.

Claro que los usos futuros por los que apuestan unos y otros no tienen nada que ver. Cuando los residentes en la zona miran esa orilla, ven la única salida de su barrio a la lámina de agua e imaginan un flamante parque que les prometió allí el alcalde Ortuondo en 1995. Ahora, temen que ese compromiso se lo trague la tierra. «Eso se anunció, pero nunca se aprobó. Puedo entender su inquietud actual, pero estoy seguro de que el resultado les va a satisfacer. ¿No es mejor adecentar la orilla, con sus farolas y sus barandillas marineras, como se ha hecho en el resto de Bilbao? ¿Vamos, por Dios! Los de la plataforma ciudadana están obsesionados con no perder lámina de agua, ¿pero si es la peor lámina de agua que hay en toda la villa y, además, sólo se trata de perfilarla, no de dejar un arroyo».

«Impropio»

En una soleada mañana que ofrece un esplendoroso anticipo veraniego, un par de jubilados que están a pocos metros de él utilizan su bastón a modo de puntero y parecen debatir también sobre sus preferencias para la ribera trazando líneas imaginarias en el aire. Ajeno a la escena, Areso, que continúa sumido un 'tsunami' de explicaciones técnicas, decide pasar al otro lado, a Zorrozaurre, para mostrar la margen izquierda del canal. Por el camino, atraviesa la calle Zarandoa, junto a la ría, y señala la carretera, los garajes y las traseras de edificios. «¿Éste es el Bilbao que mira al agua? Hace falta una zona de paseo de calidad, con área peatonal, cafeterías igual que en Abandoibarra y otras zonas de la ciudad», clama.

Al llegar a la península, escruta el lugar donde se van a hacer otros rellenos. Con su carpeta cargada de documentación, que maneja con habilidad de tahúr, se pasea a grandes zancadas entre pabellones fantasmales y colchones abandonados en los dominios portuarios, ahora en pleno desmantelamiento. «Esto es impropio de una ciudad moderna», rezonga con indisimulado desagrado.

Pero él sabe que ese no es el enclave que está causando la 'guerra' con los ciudadanos. El problema se ha quedado en la otra margen, sobre todo, en la Curva de Elorrieta. Esta soleada zona acoge un parque por el que los vecinos sienten verdadera devoción, ya que les permite 'desintoxicarse' de sus dosis de estrés diario y asfalto. Pero el controvertido plan compromete ese plácido rincón. O, al menos, lo ensombrece, porque los bloques proyectados junto a la ribera lo dejarían encajonado. «Eso después se verá. Pero bueno, en este punto lo lógico sería que el parque tuviese salida al agua», dice sin intención de extenderse sobre el tema.

Ese «después se verá» es una de las preocupaciones de los vecinos que temen que, hechos los rellenos, sus reivindicaciones queden sepultadas por toneladas de tierra. En la actualidad el plan de regeneración urbana de Zaha Hadid para Zorrozaurre contempla la construcción en la orilla de San Ignacio de una veintena de bloques y en las webs oficiales hay hasta infografías que avanzan el aspecto de las viviendas proyectadas. Para algunos, sólo constituye un vistoso e inocuo reclamo comercial, pero para los afectados se ha convertido en una espada de Damocles. «No quiero engañar. Pisos se van a hacer, pero se puede negociar la cantidad, la altura las imágenes que se han hecho de los edificios no van a misa, se usan como 'póster'».

En otro arranque de sinceridad, Areso también admite que, «probablemente», si no hubiese surgido la feroz oposición ciudadana al proyecto, esos anticipos gráficos habrían saltado del papel al suelo con escasas modificaciones. Así que parece que la reacción ciudadana ha conseguido un primer triunfo: ha arrancado a las instituciones la promesa de consenso sobre el uso de esos metros cuadrados que pretenden ganar al agua. «Bilbao se ha hecho a base de muchas broncas: el paseo de la Avenida de las Universidades donde se hicieron rellenos, Abandoibarra ¿hasta el Guggenheim!», recuerda Areso cuando abandona la zona en coche, entregado al recuerdo de un montón de disputas que ya son agua pasada.