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La estación del Ensanche
La Concordia, inaugurada en 1902, es producto de la pujanza industrial de la época y una apuesta de futuro al situarse en terrenos de la ampliación de Bilbao en vez de hacerlo en el Casco Viejo
29.03.08 -

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La estación del Ensanche
Hace un siglo. Tranvías y carretas por el puente de El Arenal, con la estación de Santander a la izquierda, junto a La Bilbaína.
La estación de La Concordia condensa en ese modernista rosetón de su fachada una época de esplendor. Fue inaugurada en 1902 en un momento de pujanza industrial de la ciudad, de auge de la burguesía y ampliación urbana. También constituyó una apuesta de futuro, pues sus promotores eligieron como ubicación un solar del incipiente Ensanche en detrimento del Casco Viejo, hasta entonces el motor de la villa. Su posición además como balcón natural no había pasado desapercibida en el 'botxo', ya que los historiadores recuerdan que los carlistas utilizaron ese mismo terreno para colocar sus baterías de asedio a las Siete Calles.

Como se ha demostrado con el paso del tiempo, su emplazamiento ha sido estratégico al conservar su céntrica situación, cosa que no ha ocurrido con la terminal de La Naja -cerrada en los noventa por el traslado de la línea de Renfe de la margen izquierda-. Más de un siglo después, la histórica estación de Santander se renueva en todos los sentidos. Incluso el tren de La Robla, el viejo 'hullero' que abastecía de carbón castellano a la siderurgia vizcaína, estaciona en sus andenes, esta vez para trasladar pasajeros.

El proyecto de la estación es obra de dos visionarios: el ingeniero Valentín Gorbeña, quien además fue el impulsor del tren del Cadagua; y el arquitecto Severino Achúcarro, uno de los autores del Plan del Ensanche de 1876. De aires modernistas y alegres, muy de la época de entre siglos, La Concordia es el fruto de un acuerdo de fusión entre las tres líneas que unían Bilbao y Santander: Cadagua, entre Zorroza y Balmaseda; Zalla-Solares; y Solares-Santander.

Concebida para pasajeros y mercancías, este trayecto tuvo un competidor que ahora parece poco menos que increíble: el canal de Castilla, la mayor obra de ingeniería civil de España. Este proyecto que aprovechaba el agua del Pisuerga para remolcar barcazas de mercancías buscaba desde el siglo XVIII hacer realidad el sueño de conectar la meseta con el mar -Valladolid con Santander-, pero se quedó a medio camino, en Alar del Rey (Palencia), por la dificultad para cruzar las montañas y por la fuerza del tren de vía estrecha, que acabó ganando la partida. La compañía ferroviaria Feve fue fundada en 1965, sólo seis años después de que el canal dejara de funcionar para el tráfico de cargas -hoy ofrece un recorrido ideal para el senderismo-.

La estación de La Concordia asume ahora el reto de mejorar su integración en la ciudad, de abrir sus puertas al público para que pueda conocer uno de los patrimonios más genuinos del Bilbao de la Belle Epoque. En su intento por darse a valer más allá del transporte de viajeros, Feve ya organiza en sus andenes actos sociales, conciertos y presentaciones.
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