Triste y oscuro cabaret

MIGUEL ARTAZA

Noctámbulo, ambiguo, apasionado, canalla y a la vez romántico, camaleónico, exhibicionista... uno podría seguir acumulando adjetivos, pero, aun así, probablemente ustedes no se harían una idea del torbellino que provoca Francis Díez, el maestro de ceremonias del grupo bilbaíno Doctor Deseo, cada vez que alguien deja en sus manos un micrófono. Portavoz de yonkis, travestis, putas y otros personajes marginales. Panadero y músico. Hortera y exquisito. Durante sus conciertos demuestra tendencias suicidas trepando a lo más alto del escenario mientras bebe a morro de una botella de Torres 10. En ellos combina un elegante traje negro con una camiseta interior de tirantes.

El cantante, guitarrista y compositor de la mayoría de los temas de Doctor Deseo aparece en escena como si fuera una estrella de cabaret, con una pinta que parece pensada para escandalizar -una liga roja, los labios y las uñas pintadas, y un provocativo lunar en la mejilla-. Sus canciones, descarnadas, poéticas y a menudo tristes, hablan de pasiones desaforadas, de sentimientos a flor de piel. Mediante delicadas metáforas, Francis hace una descarada apología de la sodomía, el masoquismo o el travestismo. Pero a sus conciertos, salvajes y tiernos, no sólo van adolescentes homosexuales y letraheridos, también rockeros melenudos.

Surgido en en plena explosión del 'rock radikal vasco', Doctor Deseo tiene un estilo lírico y torturado al que se ha mantenido fiel durante más de veinte años, -«en los 80 no nos dejaban tocar ni en los gaztetxes; éramos un grupo políticamente incorrecto, demasiado amariconados»-. Hoy tienen un público numeroso y fiel. Su punto de partida es el rock oscuro, pero su música siempre se ha caracterizado por su eclecticismo. 'Fugitivos del paraíso', aparecido en 1992, marcó un antes y un después en la trayectoria del grupo. Buscando sonidos diferentes, introdujeron instrumentos como el saxo, el violín o la guitarra flamenca. En otros discos se aprecian influencias de la música electrónica, y en el último, 'Peces abisales', se acercaban al tango, al funk o al soul.

Siempre Bilbao

Bilbao, en concreto la ribera más sucia y degradada, la de las «calles hundidas a mis pies», es el escenario en el que ambienta sus canciones. Un submundo traicionero que, al parecer, esconde alguna verdad fundamental a la que no se llega leyendo a Dostoievski. Junto con la noche, el sexo y el dolor, la ciudad es uno de sus temas recurrentes. La portada de uno de sus discos -'Rómpeme con mil caricias, cielo, rómpeme', un título que da vergüenza repetir frente a la cajera de una tienda de discos- resume muy bien la estética del grupo y la temática de sus canciones. En primer plano aparece un San Sebastián asaeteado, de Pierre et Gilles y, al fondo, un paisaje nocturno de Bilbao. «Esa portada es como una fantasía adolescente en la que la persona amada desea que la aten. Representa el mito del abandono, de la entrega, de la confianza».

Doctor Deseo han llegado a ser profetas en su tierra -en enero del 2005, llenaron dos noches consecutivas el Arriaga-, pero sus trabajos también se han editado en América Latina, especialmente en México, donde han actuado en varias ocasiones. Ahora, el quinteto bilbaíno tiene casi listo un nuevo disco, que presentarán a finales de este mes y que se titulará 'Sexo, ternura y misterio'. Su líder es a todas luces un personaje excesivo, que combinó durante años su lado salvaje con otro más civilizado, trabajando como panadero artesanal. También practica la escalada, una afición que le sirve para alejarse de la mala vida que llevó durante años y que, según se desprende de sus canciones, le ha dejado unas cuantas cicatrices en el alma.

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