Hodei Beobide: «Los médicos dijeron a mis padres que disfrutaran de mis últimos días»

El joven pelotari vizcaíno supera una grave enfermedad que estuvo a punto de costarle la vida y ya sueña con regresar a los frontones

TINO REY
UNA MIRADA AL FUTURO. Hodei toma un café en un bar de Vitoria durante la emotiva conversación que mantuvo con  EL CORREO. / JESÚS ANDRADE/
UNA MIRADA AL FUTURO. Hodei toma un café en un bar de Vitoria durante la emotiva conversación que mantuvo con EL CORREO. / JESÚS ANDRADE

A Hodei Beobide (Ubidea, 1985), la vida le hizo hace un año un guiño traidor. Tenía 22 años cuando recibió un durísimo zarpazo: el diagnóstico de una gravísima enfermedad de médula ósea que amenazaba su vida. Tanto, que un día los médicos que luchaban contra la dolencia reunieron a su familiares y les aconsejaron que disfrutaran con Hodei de los últimos momentos de su vida.

La primavera de 2007 no había hecho más que llegar. «Me salieron unas pequeñas manchas rosáceas por casi todo el cuerpo y en principio pensamos que habría comido algo malo», relata Hodei en una larga conversación con EL CORREO cargada de momentos de gran emoción. Las manchas cambiaron de color, se tornaron moradas. «Y comencé a sangrar por la boca y de las manos». Análisis y más análisis confirmaron las peores augurios. Los resultados fueron descorazonadores. De inmediato fue ingresado «en una sala especial de aislamiento» del hospital de Txagorritxu. Su médula estaba paralizada. «Las horas se me hacían interminables y no paraba de dar vueltas y vueltas a la cabeza. ¡No entendía nada!», recuerda. Hasta que llegó el diagnóstico final: anemia aplásica. O sea que la médula no generaba glóbulos rojos, blancos ni plaquetas. Los hematólogos fueron muy claros con Beobide. «Me dijeron 'tienes una enfermedad muy grave -de hecho la causa que la produce es desconocida-, pero tenemos que seguir investigando con el fin de hallar la terapia para hacer frente al problema'». Llegó el largo calvario del tratamiento con un proceso novedoso puesto en práctica por vez primera en Vitoria por la doctora Mendizabal y el doctor Guinea: «la aplicación de anticuerpos de conejo».

Pero eso no significó el final del martirio: «Me dieron el alta, pero tenía las defensas a cero y luego cogí una infección en la pared del colon que estuvo a punto de acabar conmigo», evoca. Perdió 24 kilos, los dolores continuaban y la vida se le iba en pequeños destellos. «Pensaron en operarme pero parece que no había esperanzas de sobrevivir a la intervención». Otro mazazo.

«No pudimos asimilar aquella situación. Imagínese -alerta Hodei al interlocutor- de verme jugando a pelota, entrenando todas las mañanas y comiendo como un lobo, pasé a ser un enfermo muy grave. 25 pastillas diarias, dos inyecciones, transfusiones de plaquetas y de sangre...». No había forma. La vida de este joven apuraba los últimos sorbos, cuando de repente pareció verse una luz al final del túnel. El equipo médico se planteó la posibilidad de un trasplante de médula ósea proveniente de uno de sus allegados. El objetivo: generar nuevas células madres. Pero el destino volvió a mostrar su cara más despiadada. «Hicieron las pruebas de compatibilidad con mis padres y mi hermana y dieron un resultado negativo».

-¿Cómo reaccionó a esa noticia?

- «No he llorado tanto en mi vida. Se me cayó el mundo encima».

Pero faltaba por llegar lo peor. «Los hematólogos reunieron a mis padres para decirles que disfrutaran de mis últimos días de vida». Hodei vuelve a fijar la mirada en el periodista con las lágrimas a punto de surgir de sus juveniles ojos y lanza: «Eso no se lo deseo ni a mi peor enemigo».

De la misma forma que la muerte le lanzó una clara amenaza, la vida también le envió su recado en forma de buenas noticias. En octubre del pasado año brotaron los primeros síntomas de recuperación. El esfuerzo de los médicos de Txagorrituxu empezaba a dar resultados. «He recuperado los kilos perdidos, entreno todos los días con regularidad, sólo tomo cuatro pastillas y me han dicho que en breve me las pueden eliminar del tratamiento».

Volver a empezar

El doctor Íñigo Simón -responsable médico de Asegarce, la empresa de Beobide- es muy optimista. Tanto que, con todas las precauciones posibles, advierte de que los aficionados pueden volver a ver al manista en los frontones el próximo verano. «Bueno, bueno, yo prefiero no marcarme plazos», aplaca el deportista. Claro, ha vuelto a la vida. Y sabe que ya no hay motivo para las prisas. Ha llegado el momento de saborear cada amanecer, de disfrutar con cada mirada, con cada sonrisa de sus padres, de su hermana, de sus amigos. Y es también la hora de dar las gracias -al servicio de hematología de Txagorritxu «por su atención y desvelos»- y de lanzar mensajes de ánimo a todos aquellos que atraviesan un trance como el suyo: «Que luchen con todas sus fuerzas, que no arrojen nunca la toalla». Se puede vencer. Hodei sabe mucho de eso.

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