Adiós al 'tenor de la Callas'

NIEVES FONTOVA
INSEPARABLES. Di Stefano y Callas, en 1957. / EFE-ANSA/
INSEPARABLES. Di Stefano y Callas, en 1957. / EFE-ANSA

«Es uno de los tenores que más se acercan a un ideal, a un prototipo, a un símbolo». Así definía Luciano Pavarotti a Giuseppe Di Stefano, para quien la voz del cantante siciliano dejaba una huella imposible de olvidar. Uno de los más grandes tenores del siglo XX. Sin embargo, Di Stefano consideraba que su secreto no radicaba en su fabulosa voz sino en su «manera de expresarse, de comunicarse con el público». Maestro y discípulo no veían igual la raíz del genio.

'Pipo', tal y como se conocía a Di Stefano en el mundo lírico, falleció ayer en Milán a los 86 años de edad. Había nacido en la localidad siciliana de Motta di Santa Anastasia el 24 de julio de 1921 y se encontraba en coma como consecuencia de las heridas que sufrió en 2004 cuando unos atracadores le atacaron en su casa de Kenia. De origen modesto -su padre era zapatero y su madre modista-, estudió en un seminario jesuita, incluso pensó hacerse sacerdote, pero finalmente se inclinó por el canto. Su debut fue en el papel de Des Grieux en 'Manon' de Massenet en 1946, un rol que repitió el año siguiente en su presentación en la Scala de Milán.

La carrera de Di Stefano fue relativamente breve y estrechamente ligada a la de Maria Callas, incluso se le llamó en alguna ocasión el 'tenor de la Callas'. Con la soprano griega mantuvo una complicada relación, juntos recorrieron los grandes teatros del mundo entre los años cincuenta y sesenta y juntos grabaron doce títulos, algunos de ellos de referencia en la discografía operística. De entre ellos 'Tosca', junto a su admirado Tito Gobbi, era la preferida del tenor. También fue él quien acompañó a Maria Callas en su última gran gira mundial que finalizó en Japón en 1974. A su término la diva se retiró a su casa parisina de la que ya prácticamente no volvió a salir hasta su muerte. «Callas cuando volvió a cantar en los setenta -reconocía el tenor en una entrevista- era una mujer enferma que tomaba muchas píldoras para poder dormir. Asustada. Sin ninguna confianza en sí misma». Onassis, consideraba, le había hecho mucho daño. Di Stefano nunca quiso decir si entre los dos hubo algo más que una larga relación artística. «Creo que no debo hablar de esas cosas». No quería molestar a su esposa, la soprano alemana Monika Kurth, con la que contrajo matrimonio dos veces a lo largo de su vida.

La pronta retirada de Di Stefano de los escenarios ha hecho correr mucha tinta, pero él siempre rechazó que la carrera de un cantante tenga que durar 40 años. La razón: dentro hay un alma «que alimenta la voz, que además quiere vivir y disfrutar». Fumador empedernido de puros, achacó a una bronquitis y a un problema con la calefacción que su garganta se secara. En los últimos años fue de nuevo noticia por el robo y agresión que sufrió en 2004 en su casa de Kenia. El tenor recibió fuertes golpes que le provocaron un grave hematoma cerebral y finalmente tuvo que ser repatriado a Italia. Nunca se recuperó.