'Kantauri', absuelto por falta de pruebas del ataque fallido contra el cuartel de la guardia civil en Orozko

El tribunal considera que las declaraciones contradictorias de un condenado por estos hechos y el testimonio "endeble" de un testigo de referencia no son suficientes para emitir una sentencia condenatoria

EFE |MADRID
El etarra José Javier Arizcuren Ruiz, 'Kantauri', /Archivo/
El etarra José Javier Arizcuren Ruiz, 'Kantauri', /Archivo

La Audiencia Nacional ha absuelto por falta de pruebas al etarra José Javier Arizcuren Ruiz, 'Kantauri', del ataque frustrado con granadas contra el cuartel de la Guardia Civil en Orozco en marzo de 1987. El tribunal que le juzgó, presidido por Ángela Murillo, considera que las "únicas pruebas de cargo" contra él son las declaraciones contradictorias de otro condenado por estos hechos (Juan Carlos Arruti) y el testimonio "endeble" de un testigo de referencia que no presenció los hechos y que en el juicio dijo no recordar "absolutamente nada".

Por tanto, en la sentencia hecha pública hoy, el tribunal señala que ante tan "raquíticos" efectos probatorios surgen dudas sobre la participación "real" de 'Kantauri' en este ataque fallido "y estas dudas -añade- hacen absolutamente inviable" condenarle por este delito, aún teniendo "bien presente", recalca la sentencia, que el procesado "es un destacado miembro" de ETA.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional solicitó en la vista que se celebró el pasado 31 de enero cinco años de prisión para el etarra, a quien acusó de planificar junto a Arruti -condenado por este atentado en sentencia del 28 de enero de 1991- y otros miembros del comando Araba el lanzamiento de cuatro granadas anticarro contra el cuartel. De acuerdo con la acusación del Ministerio Público, en la madrugada del 1 de marzo de 1987 'Kantauri' y otros miembros de ETA instalaron las granadas anticarro "Heat Rocket" en un prado situado a unos 200 metros de la fachada principal del cuartel de la Guardia Civil que deberían activarse mediante un temporizador.

Al mismo tiempo, y a modo de bomba-trampa, enterraron en las inmediaciones del dispositivo con las granadas una carga explosiva de unos tres kilos de amonal provisto de un detonador con la intención de que fuera activado por alguno de los agentes que fuera a reconocer el lugar una vez que se hubieran disparado las granadas. Sin embargo, por causas que se desconocen, se activó el explosivo enterrado, lo que alertó a la Guardia Civil, que pudo inutilizar el mecanismo de lanzamiento de granadas.