ETA entra en campaña y amenaza de nuevo a la Ertzaintza con una bomba trampa en Bilbao

El artefacto, colocado en un repetidor cercano al monte Pagasarri, estaba listo para explotar al ser manipulado La detonación provocada por un robot teledirigido evitó que hubiera víctimas

UNAI MORÁN
ESCOMBROS. La caseta quedó destrozada. / JORDI ALEMANY/
ESCOMBROS. La caseta quedó destrozada. / JORDI ALEMANY

ETA recordó ayer que mantiene a la Ertzaintza en su punto de mira. Apenas tres meses después de la emboscada preparada junto a los juzgados de Getxo, la banda buscó una nueva masacre de agentes. Esta vez lo intentó con la colocación de una bomba trampa en un repetidor del monte Arnotegi de Bilbao, en las estribaciones del Pagasarri. Las precauciones adoptadas por los artificieros de la Policía autónoma, sin embargo, evitaron la tragedia. El artefacto sólo dañó el robot empleado en la desactivación y algunas frecuencias de la antena.

El frustrado ataque hizo realidad los peores presagios del responsable de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien ya avanzó el jueves que las fuerzas de seguridad afrontan la campaña electoral en situación de máxima alerta antiterrorista ante el temor de que ETA persiga algún asesinato. El ministro, precisamente, advirtió ayer que el nuevo intento de atentado refleja que la banda «quiere estar presente» y que mantiene activos «sus peores instintos» debido a sus «sucesivos fracasos». Aseguró, no obstante, que los autores del ataque «acabarán en prisión».

El artefacto, compuesto por tres o cuatro kilos de un explosivo aún por determinar, estaba colocado en la caseta donde se ubican los equipos que suministran energía al repetidor. En el interior de una caja situada junto a la ventana. Su explosión estaba prevista para las diez de la mañana, según había informado poco antes de las 8.45 horas un comunicante anónimo que avisó a la DYA en nombre de ETA. Efectivos de la Ertzaintza y de la Policía local iniciaron de inmediato su despliegue.

Los agentes acordonaron los accesos a la cima, de 426 metros, y comenzaron a inspeccionar los alrededores del repetidor indicado por el comunicante anónimo hasta localizar la caja sospechosa. Pero la bomba no hizo explosión en el momento señalado. Los artificieros de la Ertzaintza, adoptando las máximas medidas de seguridad, aguardaron prudentemente por si el temporizador había fallado o estaba programado a distinta hora como trampa. Tenían la experiencia de anteriores cebos. Finalmente, optaron por enviar un robot teledirigido para desactivar la bomba.

Acertaron. La máquina se aproximó a la ventana y movió la caja que contenía el explosivo. En ese preciso instante, a sólo un minuto de mediodía, se produjo la detonación, que provocó daños en el robot pero no hirió finalmente a ninguno de los agentes. El artefacto, según informó la Ertzaintza, disponía de un sistema antimovimiento con la finalidad de explotar al ser manipulado. ETA buscaba una encerrona contra los artificieros para causar el máximo dolor humano.

La deflagración, que se escuchó a varios kilómetros de distancia, provocó una densa cortina de humo y causó daños en la antena. La Policía local perdió dos de los canales utilizados para las comunicaciones internas y la señal de TVE quedó interrumpida en algunos puntos de Bilbao hasta las 15.30 horas. El cordón que mantenía la Ertzaintza en las inmediaciones del repetidor, aunque se fue reduciendo con el paso de las horas, no quedó finalmente levantado hasta las siete de la tarde, una vez inspeccionada toda la zona.

Medidas de seguridad

El ataque mereció la condena de todos los partidos políticos. También el sindicato independiente de la Ertzaintza Erne lamentó lo ocurrido, trasladó su apoyo a los agentes y recordó al consejero vasco de Interior, Javier Balza, que «ahora más que nunca, debe atender las reivindicaciones sindicales en materia de seguridad». La izquierda abertzale no se pronunció sobre los hechos.

El de ayer es el segundo atentado trampa perpetrado por ETA contra la Policía autónoma en poco más de tres meses. El anterior tuvo lugar el 11 de noviembre, cuando la banda colocó una bomba como cebo junto a la puerta del juzgado de Getxo mientras mantenía oculta otra en una papelera situada justo enfrente. La estrategia terrorista no dio resultado en aquella ocasión porque falló el mecanismo del segundo artefacto.

La explosión del repetidor del monte Arnotegi, además, se ha convertido en el segundo ataque etarra de este año, después de que el pasado día 7 estallara otra bomba en el juzgado de Bergara que causó daños materiales. El 31 de enero, asimismo, se frustró un atentado en Getxo al ser descubierto un barril de cerveza con un artefacto en su interior, que estaba listo para una acción terrorista.