Algo más que protocolo

El presidente de la Diputación alavesa Manuel de Aranegui recuperó personalmente en 1961 la tradición de bailar el aurresku

SOCIEDAD LANDAZURI
Manuel de Aranegui bailando el aurresku. / SOCIEDAD LANDAZURI/
Manuel de Aranegui bailando el aurresku. / SOCIEDAD LANDAZURI

No hace mucho, Josu Alberdi, jefe de protocolo del Ayuntamiento de Vitoria, hablaba en estas páginas, y con mucho tino, sobre el protocolo y su sentido. En este país ha habido y hay actos protocolarios que van más allá del protocolo políticamente correcto. El baile del aurresku, acto solemne, ceremonial de saludo y de honor a autoridades, corporaciones y al pueblo que ellas representan ha sido una de nuestras señas de identidad.

El 14 de mayo del 1961, Manuel de Aranegui, como presidente de la Diputación (en aquella época aún no había vuelto la denominación de diputado general) tuvo el buen gusto y la valentía de reiniciar la celebración de las Juntas Generales Conmemorativas por Tierras Esparsas. Se celebraron en Aramaio, con dicha ceremonia. Pero hizo algo más: recuperó la ceremonia de bailar, como máxima personalidad, el aurresku.

En aquella época, a pesar de ser Aranegui un hombre que podía estar por encima de toda sospecha, ello le valió criticas de los sectores más antivascos del sistema, porque en su atrevimiento además pronunció un discurso en la lengua del valle, el euskera. Aranegui abrió el baile como aurreskulari ante doña María Lazaga, esposa del alcalde de Ibarra. El baile lo cerraba como atzeskulari el alcalde Daniel Arroita-Bengoa ante doña María Teresa Irasuegi.

Las descalificaciones de brocha gorda siempre se caen por su propio peso. Manuel Aranegui era un hombre abierto, sensible, culto, interesado por las cosas de su pueblo. Llegó a ser presidente de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Le recordamos acercándose a la feria del Libro y Disco Vascos, que organizaba la Sociedad Excursionista Manuel Iradier, a finales del franquismo, sin complejos, a revolver en los stands y buscar algo que le interesase.

Pero para el acto en Aramaio no descuidó ningún detalle. Tuvo dos importantes profesores, ambos significados políticamente. El gran maestro de dantzaris, investigador folklorista y alma del grupo Oldarki, Manolo Andoin, con dos o tres amigos, le enseñó a bailar el aurresku en su casa del Portal de Castilla (lamentablemente derribada hace unos años). Testigos de aquellas clases cuentan que el aprendizaje no resultó difícil, pues Aranegui era un gran bailarín, especialista en el charleston. Por cierto, años después Andoin tuvo que tomar el camino del exilio.

Protocolo

Por lo que toca al texto en euskera, se lo preparó Peli Martín, euskaltzale, entonces miñón y años más tarde diputado de Cultura, con el PNV. Para no dejar nada al albur, el párroco de Ibarra, José Markiegi, y el mencionado alcalde, Arroita-Bengoa, ayudaron a Aranegui a tomar el acento, la entonación, la musicalidad y prosodia del habla euskérica de Aramaio, verdadero re ducto entonces del euskera alavés.

No son frecuentes hoy día este tipo de gestos, a pesar de los cambios políticos. Y no nos referimos solamente al nieto de Manuel Aranegui, el ex alcalde Alfonso Alonso, que podía haberse lucido bailando el aurresku, en alguna ceremonia donde se toca el hermoso 'Alkate soinua' ('melodía del alcalde'). Esperemos que el actual diputado general, Xabier Agirre, sea capaz de recuperar el protocolo del aurresku. No le debería ser difícil, habiendo sido dantzari en los 'gaztetxus' de la Excursionista Manuel Iradier. Ahí queda este reto.

La intervención en euskera de Manuel de Aranegui tiene dos ejemplos de más de un cuarto de siglo: las palabras de Federico Baraibar como presidente de la Diputación en Ibarra el año 1913 y el pequeño discurso leído allí mismo por Emilio Guevara en 1982.

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