Ibon Zubiaur«El discurso racional ya poco puede contra la homofobia»

El profesor vizcaíno, que da clase en Alemania, publica un libro acerca del debate sobre la homosexualidad

CÉSAR COCA C.COCA@DIARIO-ELCORREO.COM
EN ALEMANIA. Ibon Zubiaur, fotografiado junto a su facultad. / ALE ZEA/
EN ALEMANIA. Ibon Zubiaur, fotografiado junto a su facultad. / ALE ZEA

Ibon Zubiaur (Getxo, 1971) imparte clase en la Universidad de Tubinga, en Alemania, y acaba de publicar un libro sobre el origen del debate filosófico acerca de la homosexualidad, a partir de los textos de tres autores centroeuropeos en la segunda mitad del siglo XIX. En una entrevista concedida a este periódico, Zubiaur alerta sobre la imposibilidad de utilizar argumentos racionales con quienes mantienen sentimientos homófobos.

-Hay testimonio de relaciones entre personas del mismo sexo desde la Antigüedad. ¿Cómo es posible que haya que esperar hasta el XIX para que se defina la homosexualidad?

-Porque sólo a nuestra sociedad burguesa contemporánea se le ocurre que esos contactos respondan a una naturaleza diferente de un determinado tipo de personas. O que la mayoría de las personas tienda por naturaleza sólo al sexo opuesto. Hallamos esos testimonios en todas las grandes culturas, pero sólo la nuestra desarrolla una categoría identitaria a partir de esa preferencia sexual (por los varones o por las mujeres). Los conceptos de 'homosexual' y 'heterosexual' los introduce Karl Maria Kertbeny en 1869.

-En el debate del XIX algunos 'especialistas' dicen que los homosexuales tienen características específicas en sus órganos sexuales. ¿Cómo se pudieron decir en público semejantes cosas?

-Es que también hoy abundan desvaríos de ese pelo: los 'especialistas' pueden decir tonterías como cualquier otra persona. Un discurso no es científico por el título o la profesión de quien lo enuncia, sino por estar sujeto a prueba y verificación. Ante cualquier discurso, lo que se impone es un examen crítico y abierto de sus premisas, sus datos y sus argumentos.

-Con un liberalismo emergente que plantea la reducción del papel del Estado, ¿cómo se entiende una intromisión en un ámbito tan privado?

-En general, desde el siglo XIX se asiste a una creciente regulación de la privacidad. No sólo con respecto al sexo: el Estado puede hoy retirar la custodia a unos padres porque su hijo pesa cien kilos, por ejemplo. Los textos que presento ilustran un cambio de paradigma: si hasta el siglo XIX el sexo antinormativo era competencia de teólogos y juristas (como pecado y delito, respectivamente), cada vez más se considera asunto de médicos y psiquiatras (casi siempre como patología).

-Los estudios sobre la vida cotidiana hablan de una enorme promiscuidad sexual durante la Edad Media y después. ¿Por qué no afectó también a la consideración de las relaciones entre personas del mismo sexo como 'normales'?

-En cierto sentido, puede que fuera así. Cuando los tratados ascéticos y manuales de confesión coinciden en examinar el deseo hacia el propio sexo, es porque se considera una posibilidad 'normal' en cualquier persona (otra cosa es que su práctica pudiera llegar a costarle a uno la hoguera en caso extremo). Cuando el modelo dominante es que 'la carne es débil' y que todo el mundo puede sucumbir a la tentación en asuntos sexuales, se genera también una forma de tolerancia ante esas posibilidades diferente a cuando se consideran excluidas de antemano en las personas sanas.

Debate abierto

-¿Qué actitud adoptó la Iglesia ante esa irrupción del debate homosexual en la agenda pública?

-Más o menos la que sigue manteniendo hoy día. Lo interesante es que la Iglesia católica en particular pone mucho empeño en sostener que la homosexualidad no es un destino innato, sino una opción responsable, para así poder condenarla como vicio. Al mostrar en este libro cómo y por qué hemos llegado a creer que la orientación sexual constituye un rasgo estable, coincido con ellos en parte: hay quien se acuesta con personas de su propio sexo (o del otro) no porque su naturaleza le obligue a ello, sino porque le da la gana. Y lo encuentro estupendo.

-¿Está ya cerrado el debate y se admite la homosexualidad como opción sexual normal?

-La filosofía y las ciencias humanas no han de cerrar debates sobre valores; más bien deben abrirlos. Pueden mostrar que las relaciones homosexuales están presentes en todas las grandes sociedades y en el reino animal, que no hay diferencias entre quienes las practican y quienes practican el sexo heterosexual, que ninguna de estas prácticas afecta negativamente a la salud, que la sexualidad humana es diversa y plural...

-Hay quien sigue criticando todo eso con extrema dureza.

-Ante quien insiste en que le parece mal que dos hombres se besen, frente a la homofobia contumaz, el discurso racional ya poco puede, salvo oponerse a que se extienda a la legislación o a que genere discriminaciones en la vida real de las personas.

-¿El fin del sexo con objetivo sólo reproductivo ha afectado a la aceptación de la homosexualidad?

-Desde luego, constituye un paso esencial. Reducir la sexualidad humana a la reproducción es simplemente degradante. Para los que pensamos que la sexualidad es un ámbito de encuentro y de respeto, de enriquecimiento mutuo y de disfrute, cualquier fórmula entre personas libres es igual de válida. Y si hay quien cree que es algo sucio pero inevitable, sólo cabe oponerse a que proyecte sus fantasmas sobre los demás.

-¿Por qué la persecución de la homosexualidad ha sido especialmente intensa en las sociedades regidas por gobiernos totalitarios?

-Porque todos los totalitarismos coinciden en negar la diversidad humana y en proclamar un modelo uniforme para la conducta de sus súbditos. Para muchos de entre quienes consideran que el modelo familiar tradicional es el pilar de nuestra sociedad (aunque hoy sea minoritario y otras sociedades conozcan modelos muy distintos), la diversidad sexual constituye la peor amenaza (de ahí las proclamas apocalípticas que venimos escuchando), y desearían impedir que otras alternativas aparezcan como legítimas y disfruten de los mismos derechos. Toda diversidad viene a ser antitotalitaria y todo totalitarismo tiende a sofocarla, aun sin llegar a los 'campos de trabajo' en la Cuba castrista y la Alemania nazi.

-¿Se entiende el mundo de manera diferente según la orientación sexual de cada uno?

-Directamente, desde luego, no. Otra cosa es que, en un entorno en el que ciertas conductas o gustos son perseguidos, quienes comparten éstos desarrollen una sensibilidad común en más de un punto. Los gustos por sí mismos no conllevan una determinada visión del mundo, pero su persecución convierte a gentes muy distintas en heterodoxos. Y, así como la censura obliga a aguzar el ingenio, la imposibilidad de vivir libremente sus deseos sexuales parece haber estimulado los talentos artísticos de muchas personas o su conciencia política.