Parada en seco de Aranzubia

Llamado en su día a cerrar el debate sobre la portería del Athletic, el riojano parece ahora condenado al ostracismo por la desconfianza del cuerpo técnico

IVÁN ORIO
RESIGNADOS. Aranzubia y Raúl Fernández, ayer en el entrenamiento en Lezama. / MITXEL ATRIO/
RESIGNADOS. Aranzubia y Raúl Fernández, ayer en el entrenamiento en Lezama. / MITXEL ATRIO

La crónica como portero de Dani Aranzubia (Fuenmayor, 18-09-1979) se escribe en rojo y blanco desde hace 14 años. Con esa edad aterrizó en los campos de Lezama un adolescente espigado y fibroso cuyo carácter introvertido daba paso a la sobriedad cuando se colocaba entre los tres palos. Sus cualidades eran las propias de los guardametas de antaño, aquellos tipos férreos que huían de las prendas chillonas y los comportamientos histriónicos y que, a cambio, transmitían seriedad y seguridad.

Con esas condiciones desarrolló su carrera profesional en la cantera del Athletic, en la que dio pasos firmes temporada tras temporada hasta llegar al filial, en Segunda B. No había un rasgo específico que definiera su estilo -al margen de su excelente golpeo de pelota-, pero sí atesoraba una característica imprescindible en un meta de calidad: sus fallos clamorosos se contaban con los dedos de una mano y, si se producían, tenía arrojo para olvidarse de ellos casi al instante.

Esas aptitudes le convirtieron en titular indiscutible en las selecciones nacionales de las categorías inferiores. Su primer salto de importancia lo dio en Nigeria en 1999, cuando se proclamó campeón del Mundo sub'20 con una actuación notable. El otro portero de aquel equipo de Iñaki Sáez era el madridista Iker Casillas. Nadie en el entorno rojiblanco dudaba de que el prometedor joven riojano estaba llamado a convertirse en el número uno de la portería del Athletic, un puesto especialmente sensible por la huella imborrable dejada por Iribar y Zubizarreta, entre otros.

«En Bilbao se mira al portero de manera diferente», ha admitido Aranzubia, un futbolista reservado que, sin embargo, siempre ha dado la cara cuando ha sido cuestionado. Su trampolín definitivo -debutó en el primer equipo en 2001 y compartió el puesto con Iñaki Lafuente al año siguiente- llegó en la campaña 2003/2004, con Valverde en el banquillo. Y es que su fiabilidad le abrió las puertas de la selección absoluta, con la que fue convocado como tercer meta para la Eurocopa de Portugal (al final no llegó a jugar).

Sus números parecían poner fin al eterno debate en la portería rojiblanca, máxime cuando, un año después, mantuvo su solvencia. Sin embargo, esa vieja discusión no llegó a desaparecer del todo y la convulsión que ha vivido el Athletic en las dos últimas temporadas, en las que ha estado más cerca que nunca del descenso, repercutió en la elaboración de las alineaciones y, por supuesto, en la elección del portero preferente (Aranzubia o Lafuente), un puesto vulnerable en boca de todos cuando las cosas van mal.

Oferta del Zaragoza

La titularidad ya no estaba clara y, casi recién llegado, Joaquín Caparrós no ayudó a despejar el futuro con una de sus primeras declaraciones en Covaleda: «Queremos un portero». Al día siguente, el riojano compareció en rueda de prensa para confirmar que había rechazado una «buena» oferta del Zaragoza. «Soy consciente de que (el técnico) quiere reforzar la portería, pero yo confío en mis posibilidades». El culebrón, o mejor dicho, el sainete en la discutida gestión de los guardametass tuvo su momento álgido con la cesión de Lafuente al Espanyol y la contratación de Gorka Iraizoz, el futbolista que quiso el andaluz desde el principio. En la recámara figuraba el joven de 19 años Raúl Fernández.

Desde el primer partido quedó claro que Iraizoz era titular indiscutible, tanto en Liga como en Copa. Daba la sensación de que ya no había debate posible, pero su lesión en el partido de ida de Copa ante el Hércules y su recaída, dos meses después en Liga ante el Sevilla, volvió a colocar a Aranzubia como guardameta principal. Los resultados no acompañaban y algunas de sus actuaciones colocaron en su contra a parte de la grada de San Mamés. Además, parecía que cada vez le costaba más sobreponerse a los errores y que el nerviosismo le atenazaba.

Se empezaron a oír silbidos y no estaba claro si Caparrós le alineaba de inicio con todas las de la ley o porque creía que Raúl estaba todavía verde para debutar en Primera. «La confianza me la tengo que ganar, no me la tiene que regalar nadie», ha afirmado Aranzubia, al que se vio reír la última vez con ganas tras el partido de vuelta de Copa contra el Espanyol en Barcelona. Yeste y Del Horno corrieron a felicitarle cuando Torrejón estrelló en el poste la última pena máxima y el Athletic se clasificó. En realidad el riojano no había detenido ningún penalti, pero sus compañeros entendieron que necesitaba ser arropado para que recuperara la confianza.

El fichaje de Armando ha supuesto un mazazo para el riojano, especialmente porque todo indica que ha recalado en Bilbao como primer portero. Sólo así se explica que Caparrós le hiciera debutar 48 horas después de su presentación. En este traspaso -el de Sopelana tiene 37 años- subyace un evidente cuestionamiento del riojano por parte del cuerpo técnico. También una cierta precipitación si se tiene en cuenta que Armando era reserva rotatorio en el Cádiz, de Segunda. Pero el mensaje también ha sido claro para Raúl Fernández y, por extensión, para el resto de promesas de Lezama que esperan tener una oportunidad. Caparrós apostó por él al inicio de temporada y, a la hora de la verdad, le ha relegado de nuevo a ser el tercero en discordia. El debate está más servido que nunca.

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