Batasuna halla dificultades entre sus bases para crear otro partido

Las sucesivas ilegalizaciones y el control del Gobierno reducen la opción para que mañana registre una nueva marca electoral La izquierda abertzale plantea simultanear la condena a los «ataques» con la difusión de su oferta de 'autonomía a cuatro'

MANU RUEDA M.RUEDA@DIARIO-ELCORREO.COM
MAHAIKIDES. Pernando Barrena, Mikel Etxaburu, Karmele Aierbe, Patxi Urrutia y Aitor Aranzabal, tras una rueda de prensa ofrecida esta semana en San Sebastián. / EFE/
MAHAIKIDES. Pernando Barrena, Mikel Etxaburu, Karmele Aierbe, Patxi Urrutia y Aitor Aranzabal, tras una rueda de prensa ofrecida esta semana en San Sebastián. / EFE

El Gobierno mantendrá mañana -día en que concluye el plazo legal para inscribir en las juntas electorales a los partidos que quieran concurrir a los comicios generales del próximo 9 de marzo- una especial vigilancia sobre las siglas que puedan presentarse a última hora. Tratará así de sellar cualquier resquicio final a que la izquierda abertzale esté en las urnas con una nueva etiqueta, en previsión de la más que probable suspensión de actividades antes de las elecciones de las dos actuales marcas, ANV y EHAK, dentro del proceso encaminado a su ilegalización.

La situación en la que queda la izquierda aberztale se vislumbra así como muy delicada, sin relevo conocido y con un futuro en el que su capacidad política se verá limitada y su disposición económica, restringida. Urgida por tal horizonte, cabe pensar que esté intentado forjar apresuradamente un sucesor a EHAK y ANV. Sin embargo, fuentes de la lucha antiterrorista aseguran no haber detectado movimientos en el entorno de Batasuna que les haga pensar en el registro de una nueva marca electoral. Aunque mantendrán la guardia hasta la medianoche de mañana, ya que no descartan que espere hasta el último instante para emplear algunas siglas ya inscritas, como podría ser la de Askatasuna, inscrita en 1998, pero también bajo el escrutinio del Gobierno.

Según los mismos medios, la izquierda abertzale tendría ahora mismo problemas para encontrar personas dispuestas a integrar sus candidaturas sin que anteriormente hayan figurado ya en ANV, EHAK, Batasuna o alguna de las múltiples formas con las que se ha presentado a las distintas citas con las urnas en los últimos años. Ya de cara a las últimas municipales, la propia EHAK advirtió de que no se contara con ella para concurrir a una cita de ese calibre, al no formar parte de sus objetivos y carecer de afiliados y estructura para un reto de largo alcance. Más tarde, entró en escena ANV.

En cualquier caso, las fuerzas de seguridad cuentan con la convicción de que la infraestructura necesaria para confeccionar las listas de una convocatoria a las generales resulta menos complicada que el despliegue para unas municipales y forales, en las que el número de electos es muy superior. ANV, por ejemplo, logró completar 252 candidaturas en las pasadas elecciones de mayo en un tiempo récord.

El anuncio del Ministerio del Interior de negar de manera cautelar la inscripción de cualquier formación sospechosa y la insistencia de la izquierda abertzale durante las últimas semanas de que el 9 de marzo habrá una «opción independentista» en las urnas hace más creíble la hipótesis de que, finalmente, este entorno pida el voto nulo a su militancia. En un ejercicio de autoconformidad de la izquierda abertzale y según su propia teoría, cada uno de esos sufragios se convertiría automáticamente en un apoyo, y de paso evitaría la fuga de votantes a otros partidos. El líder de Batasuna, Pernando Barrena, reiteró ayer que «con toda seguridad» y «en cualquier circunstancia» estarán en los comicios.

Elecciones ajenas

La izquierda abertzale nunca ha mostrado su predilección por unas elecciones que en otro tiempo consideraba ajenas, al tratarse del Parlamento español. De hecho, eludió presentarse a convocatorias anteriores cuando era un grupo legal. En esta ocasión, sin embargo, han justificado su interés para que la voz «independentista» sea escuchada en Madrid. Detrás está su curiosidad por pulsar los apoyos que conservan en la primera cita con las urnas tras la ruptura oficial de la tregua de ETA, con la banda armada plenamente operativa -algo que disgusta a parte de su militancia-, pero también en un contexto que ellos se encargan de difundir como «represivo» tras la detención de gran parte de su mesa nacional y los procesos contra EHAK y ANV.

¿Cómo gestionar esa vara de medir? Según los expertos, es casi seguro que el entorno abertzale se presentará como víctima de la política antiterrorista del PSOE, al que ya acusa de preparar con la «colaboración» del PNV «un nuevo fraude a este país», es decir, una reforma estatutaria. Pero a ello, enfrentarán su propuesta de 'autonomía a cuatro', que equivale a la autodeterminación y la territorialidad, con el fin de ofrecer a su militancia también un mensaje de tinte más político al que aferrarse.

Es muy probable que parte de esta estrategia quede reflejada hoy mismo en una concentración de ANV en La Casilla de Bilbao. Este partido espera convertir el mitin en un acto masivo de apoyo en vísperas de que sus dirigentes comparezcan ante el juez Baltasar Garzón. De las palabras que se digan allí se sabrá si la izquierda abertzale se queda en el discurso duro contra el Gobierno o intenta llevar a sus bases un mensaje más complejo.

A la propuesta a cuatro, según denuncia el entorno de Batasuna, nadie ha respondido desde que fuera presentada hace un año: una autonomía que integre a Euskadi y Navarra, siempre que así lo decidan sus ciudadanos. Se trata de una oferta que la izquierda abertzale ha sacado y guardado en el cajón en varias ocasiones, a su conveniencia, y que esta semana ha vuelto a presentar de modo solemne, en medio de la agitación por las ilegalizaciones y tras meses de declaraciones muy duras desde esa órbita, que exigían una respuesta a los «ataques» y subrayaban el «Estado de excepción» al que ha conducido la «represión».

Algunos de los pocos mahaikides que quedan en libertad tras la redada de Segura a finales de 2007, explicaron durante esta presentación que su proyecto es una apuesta «a largo plazo», por encima de coyunturas electorales, que persigue un «cambio de marco jurídico». La propuesta a cuatro, sin embargo, ya fue rechazada por el PSOE y el PNV cuando concluyeron las conversaciones que ambos partidos mantuvieron con Batasuna en Loyola.

El repentino cambio de discurso tampoco es una novedad en vísperas electorales. ANV se presentó a los comicios municipales y forales del pasado mayo con la búsqueda de una solución al conflicto vasco como bandera electoral. Tras la ruptura formal de la tregua por parte de ETA -apenas una semana después de la cita con las urnas-, la formación presidida por Kepa Bereziartua ha denunciado sin embargo detenciones y supuestos malos tratos a presuntos etarras, mientras que ha mantenido un mutismo absoluto ante los atentados.

Actitudes aparentemente más radicales como éstas, además de un nutrido compendio de datos procedentes de la investigación policial, forman parte del pliego de acusaciones en que se han sustentado las demandas de la Fiscalía y la Abogacía del Estado para pedir la proscripción de las dos únicas siglas vigentes de la izquierda abertzale, que también vivió una situación comprometida en las elecciones locales de 2003, cuando sus listas fueron anuladas. Aquel trance les pasó factura, según admitieron en su ponencia 'Bide Eginez', en la que reconocían el perjuicio que les había causado la ilegalización en su organización interna y en la desmovilización de sus bases. De ésta no se han recuperado a día de hoy, como demuestran sus intentos de cohesionar a la militancia a través de campañas como la ejercida contra el TAV.

En esta ocasión, la dualidad de sus mensajes, según las fuentes consultadas, busca sacar balones fuera, eludir responsabilidades y culpar de la actual situación al PSOE y el PNV, a quienes acusan de «haberse levantado de la mesa en Loyola» en otoño de 2007, en uno de los últimos intentos de salvar el para entonces precario proceso de paz. Son argumentos con los que, en parte, la izquierda abertzale espera conjurar su peor fantasma: la disgregación de su militancia ante la falta de financiación para mantener su estructura y sus actos y, sobre todo, por la ausencia de un partido que le sirva como guía y altavoz dentro del arco político.