Los hijos del Euskaltel-Euskadi

En 1994, cuando se creó el equipo, Antón y Txurruka, aún críos, se hicieron socios del nuevo conjunto y en 2001 vieron desde la cuneta el triunfo de Laiseka en el Tour

J. GÓMEZ PEÑA
SOCIOS. Antón y Txurruka, sentados junto a la entrada de la sede de la Fundación Euskadi, en Derio. / IGNACIO PÉREZ/
SOCIOS. Antón y Txurruka, sentados junto a la entrada de la sede de la Fundación Euskadi, en Derio. / IGNACIO PÉREZ

«Mi madre siempre me dice que fui un parto largo. En vez de nueve meses tardé nueve años en nacer». A los padres de Amets Txurruka les costó traerle. Casi renunciaron. «Para ellos, yo fui un sueño cumplido». Así le llamaron: Amets, sueño en euskera. Cosas de niños. A Igor Antón no le dejaban salir a la carretera. El vértigo del tráfico. Sólo podía rodar por la pista de Elexalde. Y sobre una bici demasiado grande. «Nunca cogía la monedas que nos arrojaban al suelo». Juegos. Y destino: en 1994, aún críos, se alistaron en el recién nacido equipo Euskadi. Se hicieron socios. Una ilusión. El Athletic de las bicicletas. Ahora lo abanderan. Cumplen años y sueños. Amets subió al podio parisino del pasado Tour. El dorsal más liviano fue el más combativo. Igor también subió. Pero en la Vuelta. En cada puerto. Como cuando un año antes había ganado en Calar Alto. A la altura de los sueños de los hijos del Euskaltel-Euskadi.

-Su equipo, el Euskaltel-Euskadi, se gestó en 1993 y debutó un año después. ¿Qué hacían entonces?

-Igor Antón: Empecé a competir justo en 1993. Tenía diez años.

-Amets Txurruka: Yo algo antes, en el 91. En la escuela del pueblo. Salíamos un par de días a la semana.

-I. A: Me hice socio del equipo Euskadi desde el principio, a finales de 1994. Soy el socio novecientos y poco. Recuerdo que nos daban una especie de postales con todos los corredores del equipo.

-A. T: También soy socio desde el inicio. Me hacía ilusión.

-¿Quién era su ciclista referencia?

-A. T: Siempre he sido 'marinista' (Marino Lejarreta). Y también de corredores como Bugno.

-I. A: No seguía tanto el ciclismo. El que más me llamaba la atención era Ramontxu González Arrieta, que era de mi pueblo (Galdakao). Corría con Induráin y al final de cada temporada venía a participar en la carrera social de mi equipo, con todos los chavales.

-El ciclismo era un juego.

-I. A: Sí. A nosotros no nos dejaban salir a carretera, así que estábamos todo el día en la pista de Elexalde. El único trozo de asfalto que pisábamos era la cuesta que iba de casa a Elexalde. En la pista jugábamos con la bicis, a esquivar los conos, hacíamos yincanas... También nos tiraban monedas y había que cogerlas sin bajar de la bici. Yo no era muy bueno. Nunca cogí ninguna. Tenía una bici demasiado alta para mí y no había manera.

-A. T: Nosotros también estábamos todo el día jugando con la bici. Dibujábamos un círculo y a ver quién aguantaba sin echar el pie al suelo. O carreras que ganaba el más lento. Salíamos de Markina, cuatro o cinco kilómetros, comíamos unas manzanas y nos íbamos a echar un partido de fútbol.

Los puertos infantiles

-¿Había alguna cuesta que fuera un reto?

-I. A: El Vivero, por una pista que sube desde Galdakao. Subía con mi padre y con la mountain bike. Llegar arriba parecía increíble.

-A. T: Al lado de mi casa hay una cuesta. Cogí una bici pequeñita y empecé a subir. No sabía ni dónde acababa. Llegué a un caserío y vi un cartel. No podía más. Tuve que darme la vuelta. Al volver a casa me preguntaron que hasta dónde había llegado. Les dije que no había podido con la cuesta. Que me había dado la vuelta en el caserío. Entonces me dijeron que la subida acababa sólo 200 metros más arriba. Al día siguiente agarré la bici y llegué hasta la cima.

-Eran socios del Euskadi. ¿Cómo recuerdan aquel equipo?

-A. T: Me acuerdo de la primera victoria, la de Sagasti en la Vuelta al País Vasco. Mi hermano corría en aquella época y solíamos ir a ver carreras.

-I. A: Yo no iba apenas. Hasta los 14 años ni siquiera veía las carreras por la tele. Luego, ya comencé a fijarme. Recuerdo que fuimos a ver en bici una Klasika de Primavera y al volver a casa nos cruzamos con Ullrich, que regresaba pedaleando al hotel. Fue increíble. Fuimos a rueda desde Amorebieta a Galdakao. Iba a 35 por hora. Para nosotros esa velocidad era la leche. Ese año, Ullrich ganó el Tour (1997).

-El Euskaltel-Euskadi nació para el Tour. Debutó en 2001 y ganó una etapa con Laiseka en Luz Ardiden. ¿Estaban en aquella cuneta?

-A. T: Vi esa etapa en el puerto anterior, en el Tourmalet. Solía ir al Tour con mis padres. Ese año estaba con mi hermano, en tienda de campaña. Veíamos la etapa por una tele que tenían los de la caravana de al lado. Un día antes también habíamos visto a Laiseka. Iba 'descojonao'. Recuerdo que pensé: 'joer, cómo va éste'. Y mira, al día siguiente le vimos ganar.

-I. A: Tengo grabado aquel día. Vi el Tourmalet en la pantalla gigate de la cima de Luz Ardiden. Desde allí se ven también los cuatro últimos kilómetros de la subida. Fue exagerado. Creo que es irrepetible. Había un gentío. Y encima la etapa fue para Laiseka. También estuve hace dos años en una tienda de campaña en Pla de Beret, donde ganó Menchov.

-A. T: Yo también vi ese Tour con una autocaravana. El del año pasado, ya me tocó correrlo.

-En 2007, los dos debutaron en el Tour. Cara y cruz. Amets subió al podio de París como el ciclista más combativo. Igor no pudo acabarlo.

-I. A: En aquel momento me vine abajo. Ahora, en frío, lo veo como una experiencia. Tras el Tour me costó mucho volver a encontrarme. Pero lo hice y remonté en la Vuelta a España (acabó octavo). Me quedo con eso.

-A. T: A mí, el Tour me cambió la vida. Siempre te dicen que es la carrera más grande, pero hay que vivirla. Todo tiene una enorme repercusión. Cualquier fuga parece enorme. Para mí creo que ha sido el punto de inflexión.

Pesos pluma

-Entre los dos apenas sobrepasan los cien kilos. ¿Cómo sobreviven dos pesos pluma en la llana y primera semana del Tour?

-A. T: Lo pasé mal. Se va muy rápido. Caídas. Nervios. Iba sufriendo. Tenía dudas. Poco a poco me fui encontrando mejor. Estaba cansado, al límite, pero veía que el de al lado reventaba. Iba peor. Eso anima. Acabé bien la tercera semana, metiéndome en fugas.

-Amets se animaba e Igor se desmoralizaba.

-I. A: Así es. Intentaba animarme, pero no pude. Puse mis esperanzas en darle la vuelta al cuerpo después de la jornada de descanso. Y no. Alguien dijo que en el Tour una vez que empiezas a ir hacia abajo ya no remontas. Cuando me retiré, camino de Marsella, estaba vacío. Física y psicológicamente. El Tour tiene un punto más que el resto de las carreras.

-A. T: A nosotros, con nuestro poco peso, se nos hacen muy duras las etapas llanas. Recuerdo aquel día, cuando se cortó Moreau por el viento y el resto de los favoritos se pusieron a tirar. En abanicos. Iba al límite, esprintando, y me quedaba. Pensaba: 'Ya pararán'. Y qué va. Faltaban 70 kilómetros y no se paró hasta la meta.

-Amets salió reforzado del Tour e Igor de la Vuelta.

-I. A: Sí. Es una carrera que me va, por el calor, por las fechas. Pero no se puede comparar con el Tour.

-A. T: Ya, pero tiene mucho valor lo que conseguiste. Después del bajón del Tour, lo normal es hundirse. Tiene mérito pasar ese mal momento y darle la vuelta.

-¿Qué esperan de 2008?

-I. A: Progresar un poco.

-A. T: Eso es. Hemos dado un paso adelante y queremos seguir así.

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