Rubén Quintana agradece el apoyo recibido y pide tiempo

J. M. C.

Más que sorprenderle, parece aterrarle la llamada de un periodista. Normal. Rubén Quintana bastante tiene con reconducir su vida tal como le quedó el 15 de julio de 2007. De madrugada, cuando iba a divertirse con unos amigos, el Land Cruiser en el que viajaban rompió su relación con las leyes físicas y encadenó varias vueltas de campana. Dos de sus camaradas desde niños, Ferrán Munet y José Manuel Valentín, fallecieron entre los amasijos del coche. El escolta del Bilbao Basket ocupó el siguiente peldaño entre los damnificados.

El panorama resultó desolador. Noticias sobre las escasas posibilidades que tenía de contarlo chocaban con la fortaleza física de un atleta. Varios días en coma natural y otros más inducido para mitigar el dolor que implicaban sus numerosas fracturas. El 6 de agosto cruzaba la primera meta volante al dejar la UCI para proseguir su recuperación en planta. El parte médico, escalofriante. Un brutal traumatismo facial con daños en el ojo izquierdo. El brazo de ese mismo lado al límite de la amputación, lesiones en las vértebras c4 y c5, en la mano derecha más fracturas. Un milagro el seguir con vida.

Casi medio año después, Quintana se dedica a su rehabilitación diaria, sabiendo que le quedan unas cuantas visitas al quirófano. Por eso, le sorprende que alguien quiera devolverle a la notoriedad. «Estoy muy agradecido por lo que todo el mundo ha estado pendiente de mí, por su cariño y apoyo. Pero ahora quiero estar al margen de los medios. No es lo que necesito. Estoy bien, saliendo adelante y me queda mucho trabajo por hacer. Habrá tiempo para que hablemos, encantado. Pero no ahora».

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