Doctora centenaria (Miguel Escudero)

Hay personas que aparecen escondidas en fórmulas y que merecen ser conocidas por los lectores. Sacarlas de ahí, de vez en cuando, es más para provecho y estímulo nuestro que no para agasajar, tardíamente, a quienes han dejado ya la dimensión terrenal. No quisiera perder esta ocasión. Ha hecho un siglo -el pasado 13 de diciembre- desde que Emmy Noether, uno de los mejores matemáticos del siglo XX, presentó su tesis doctoral en 72 páginas. Esta mujer germana, bávara y judía, tuvo que bregar muy duro ante las adversidades personales, muchas agravadas por su condición femenina. Estaba bien visto en su época ser estúpido y mostrarse indignado hasta considerar una impertinencia la exhibición de talento y autoridad que una mujer podía hacer. ¿Qué incapacidad para la relación personal, qué empobrecimiento social tan increíble! Este rencor contra la excelencia debe ser desnudado ante nuestros ojos.

Emmy era morena y llevaba el cabello corto, físicamente no era atractiva: era muy descuidada en su vestir, era gorda y miope. Medía 1,60 de estatura, era enérgica y transmitía en el trato inteligencia, fuerza, paciencia y entusiasmo. No se casó y tuvo un gran sentido de familia. Al morir su madre, se encargó del cuidado de su padre, Max, matemático y profesor de universidad, y de su hermano Gustav (siete años menor que ella), afectado con una deficiencia mental. Fritz, su otro hermano menor, también social demócrata y matemático (no tan brillante como Emmy) fue asesinado por los soviéticos acusado de espionaje, una infamia.

Con 35 años tenía dos teoremas básicos para la teoría general de la relatividad, conectando la simetría con el principio de conservación de la energía. La Universidad de Gotinga -un oasis de libertad- donde fue rector el gran Felix Klein, la designaría poco después profesora. Corría entre los estudiantes este dicho: «En Gotinga hay dos clases de matemáticos, los que hacen lo que quieren y no lo que quiere Klein, y los que hacen lo que quiere Klein y no lo que ellos quieren. Klein no pertenece a ninguno de estos grupos. Por tanto, Klein no es un matemático». En 1933 los nazis apartaron de las universidades a unos 1.200 profesores judíos y Emmy tuvo el acierto de emigrar a EE UU, pero dos años después falleció a causa de un tumor. Tenía sólo 53 años. La vida es la vida.