Una mujer denuncia a la Ertzaintza por no auxiliarla frente a su agresor en Barakaldo

Un juez ordena a la agredida no acercarse al individuo, sobre el que pesan dos órdenes de alejamiento

J. ZUBIAURRE
El abogado de la víctima espera que se haga justicia. / B. AGUDO/
El abogado de la víctima espera que se haga justicia. / B. AGUDO

No siempre las órdenes de alejamiento evitan que el maltratador de turno se acerque a su víctima. Miren lo ha vivido en sus propias carnes. El pasado 5 de noviembre se topó con J.I.M.G. -su ex pareja y condenado por agredirla- en la plaza Euskaltzaindia de Barakaldo. Tras enfrascarse en una bronca dialéctica, ambos se dirigieron hacia las dependencias de la Ertzaintza de la cercana calle Elkano. Allí la afectada advirtió a los policías de que el hombre tenía prohibido acercarse a ella a menos de 500 metros. Se llevó una «tremenda sorpresa». Según su versión, en ese instante, ninguno de los ertzainas que estaban en la subcomisaría hizo nada por detener al individuo, de ahí que haya presentado una demanda contra los agentes por denegación de auxilio, omisión del deber de perseguir delitos y desobediencia a la autoridad judicial.

La sombra de su agresor aún planeaba sobre Miren -sobrenombre de la afectada- cuando se reencontró con él. En enero del año pasado, el hombre, de 33 años, fue condenado a 7 meses y 10 días de cárcel por golpearla reiteradamente y hacer un ademán de estrangularla. Su ingreso en prisión quedó a expensas de su conducta durante los siguientes dos años. La sentencia imponía una orden de alejamiento. El Juzgado de Instrucción número 4 de Barakaldo abrió con posterioridad otra causa por malos tratos en el ámbito doméstico contra J.I.M.G. y le prohibió de forma expresa vivir en la ciudad como medida preventiva. Pese a todo, el hombre reside a apenas unas manzanas de la agredida, tal y como admite reiteradamente en sus comparecencias ante la Ertzaintza y la Justicia.

El encuentro entre ambos tuvo lugar el pasado 5 de noviembre en un punto muy transitado en las inmediaciones del colegio Nuestro Señora del Pilar. Al parecer, todo fue fruto de la casualidad. Eran alrededor de las siete y cuarto de la tarde cuando la maltratada se percató de la presencia del individuo, que regresó de inmediato a su domicilio. Pero, minutos después, volvió a la vía pública en compañía de su actual pareja sentimental, G.M.M.A, «para recoger al hijo menor de ésta», según el testimonio prestado por ellos ante la Policía autonómica.

Nada más doblar la esquina que divide la calle Autonomía y la plaza Euskaltzandia, Miren se dirigió a ambos y profirió lo que un juez acaba de considerar «graves insultos». Paradójicamente, la mujer ha sido condenada a no acercarse a su maltratador a menos de 100 metros durante cuatro meses, así como a cuatro días de localización permanente -lo que antes se denominaba arresto domiciliario-. El titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Barakaldo cree «probada» la versión de J.I.M.G. y G.M.M.A., en la que relataban cómo estuvieron en las oficinas de la Ertzaintza justo después de ocurrir los hechos y se dio parte de la orden de protección de la que gozaba la acusada. Esa es precisamente la base de la posterior denuncia impuesta por la mujer, que desconoce la identidad de los agentes implicados.

Sin intervención

En la demanda se deja constancia de que el hombre abandonó las dependencias policiales «sin que los ertzainas procedieran a realizar ninguna intervención, de conformidad con las prohibiciones que pesan sobre aquel dejándole marchar sin denunciarle, detenerle o levantar atestado de lo allí ocurrido». Es más, la afectada dice que los agentes se negaron a recoger una denuncia contra J.I.M.G. por quebrantamiento de las dos órdenes de alejamiento vigentes.

El Juzgado de Barakaldo que por turno le corresponda tendrá que examinar ahora la denuncia de Miren contra los policías, aunque no es la única causa por la que la maltratada deberá ir a los tribunales. El hombre que le pegó en el bilbaíno barrio de Betolaza deberá sentarse de nuevo por otros hechos en el banquillo de los acusados.