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DEPORTES LA RIOJA
De la noche al día
Rebelde, juerguista y flamenco, Dani Güiza ha sentado la cabeza, lo que le ha permitido desplegar todo su talento y convertirse en internacional y en una de las estrellas de la Liga
14.12.07 -

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De la noche al día
Güiza y Nuria Bermúdez.
Daniel González Güiza es quizás el producto más genuino de un tipo de futbolista que en España se encuentra ya en proceso de extinción. Hablamos del jugador crecido en la calle, en los descampados yermos de un barrio pobre. La estrella del Mallorca nació hace 27 años en la barriada jerezana de La Liberación, que era entonces un arrabal de casas bajas y chabolas que se inundaba en cada tormenta. Los Güiza eran una familia humilde. Como las demás. El padre trabajaba en el servicio de basuras del Ayuntamiento de Jerez y la madre atendía en casa a cinco hijos, tres niños y dos niñas, con el apoyo del Cristo de la Aspiración.

Dani fue siempre un rebelde que sólo se templaba con el balón en los pies. Travieso e indomable, en el colegio era uno de esos alumnos a los que los modernos pedagogos calificarían como hiperactivos, erráticos y conflictivos. Es decir, un absoluto desastre. Como él mismo ha confesado, durante las clases se dedicaba a armar bulla y a utilizar su bolígrafo como cerbatana. De modo que a nadie puede extrañarle que fuera expulsado antes de terminar la EGB. En esto Güiza guarda un cierto parecido con el gran Gennaro Gattuso, centrocampista del Milan y de la selección italiana, a quien su maestro en la escuela de Corigliano le dejaba cada mañana en el pupitre 'La Gazzetta dello Sport' para tenerle entretenido y que no le revolucionara la clase.

La estrella del Mallorca brillaba en los recreos, lejos de los libros. Su concurso era imprescindible en el equipo de fútbol-sala que formaron en el barrio. Tanto que cuando Dani se olvidaba de ir a entrenar o se mosqueaba con algún compañero del equipo y se daba el piro, lo que ocurría algunas veces, las madres de los otros jugadores se acercaban a casa de los González Güiza para recordarle a Josefa que su hijo era imprescindible y que no podía perderse el siguiente partido. Eso sí, había un día en el que Dani jamás faltaba al entrenamiento. Era el día sagrado en que su ídolo, Kiko Narváez, por entonces en el Cádiz, dirigía la sesión de entrenamiento. Le admiró tanto -y eso que jugaba en el equipo más odiado por los jerezanos- que Güiza todavía celebra hoy los goles haciendo el gesto del arquero que Kiko popularizó.

La mano de Alcaraz

«Desde niño se veía que iba a ser un grande del fútbol», recuerda su primo Daniel Carrasco, jugador del Jerez, que destaca la importancia que tuvo Lucas Alcaraz en el despegue del delantero bermellón. «Dani había jugado en el Jerez y con 19 años fichó por el Mallorca, pero allí no dio lo que tenía dentro. En el Dos Hermanas, en cambio, le cogió Alcaraz y se hinchó a meter goles», recuerda Carrasco, que comparte con su primo una enorme afición al flamenco: Capullo de Jérez, Camarón, La Felipa...

Todo lo bueno que Güiza había demostrado con Alcaraz no pudo confirmarlo en los cuatro años siguientes, durante los cuales deambuló sin rumbo, sin suerte y sin goles por el Barcelona B, el Mallorca y el Recreativo. Fue un período oscuro que se resume con una anécdota: durante una sesión de vídeo de Luis Aragonés en el estadio Son Moix, Güiza se quedó dormido como un lirón. Dijo que le entró el sueño con la luz apagada.

La realidad es que su carrera se derrumbaba en una marea de alcohol, tabaco, mujeres y tablaos. El jerezano tenía todos los boletos para ser uno de esos juguetes rotos de los que está llena la historia del fútbol. Quique Pina, sin embargo, acudió en su rescate. El que fuera propietario del Ciudad de Murcia le fichó en el verano de 2003. Durante la presentación, Pina dejó claro que sabía muy bien quién era Daniel Güiza. «Hoy os presento al jugador más golfo de España», aseguró a los periodistas. No fue un golpe bajo. Pina ya había hablado antes con Güiza. Y lo había hecho con la sinceridad de los verdaderos amigos. «Le hablamos muy seriamente. Le dijimos que, con 23 años, estaba ante su última oportunidad, que si quería ser deportista tenía que comportarse de otra manera. Y lo entendió», explica. Por si no lo entendía, Juanma Lillo le aplicó desde el banquillo una terapia de choque. «Estaba mejor que el 'Turu' Flores, pero no le ponía. Merecía jugar, pero no le ponía adrede. Sabía que era injusto. La verdad es que le tuve puteadísimo hasta que se ganó el puesto a sangre y fuego», recuerda.

En dos temporadas magníficas, Dani Güiza demostró con 37 goles (16 y 21) que la Segunda División le quedaba una talla pequeña. Quique Pina estaba seguro de ello. «Él es una pedazo de pan. Un niño grande. Cuando maduró un poco y se centró demostró su calidad. En España puedes contar con los dedos de una mano los delanteros que tengan su desmarque, su pillería y su definición», afirma.

La nueva novia

En el verano de 2005, Güiza recaló en el Getafe. Estaba, pues, donde le correspondía: en Primera. Pero tenía que hacerse un hueco y ganarse una reputación en la Liga de las Estrellas. Lo consiguió. Fue uno de los culpables de que el Getafe se convirtiera en el equipo revelación. El año pasado, sin embargo, surgieron algunos problemas.

El jugador tuvo que ser ingresado por un cólico que reveló sus malos hábitos alimenticios y llegó a algún entrenamiento en condiciones un tanto precarias. Schuster lo explicó muy bien con un mazazo de humor alemán: «Hay días en los que parece que ha dormido debajo de un puente», comentó. La realidad es que Güiza se había separado de Rocío, una jerezana con la que tenía dos hijos, lo estaba pasando mal e intentaba animarse por las noches.

Fue entonces cuando conoció en la discoteca Garamond a Nuria Bermúdez, una chica cascabelera, reconvertida en agente de juegadores, de cuya reputación se podría decir que era manifiestamente mejorable. Famosa por su relación con el abogado Enrique Rodríguez Menéndez y con un número amplio e indeterminado de futbolistas de gatillo fácil, y habitual de los programas basura, nadie daba un duro por la relación entre ella y el balarrasa jerezano. Ángel Torres, el presidente del Getafe, era uno de los más escépticos. Y eso que Nuria Bermúdez había dejado claro en una entrevista que «Dani siempre la mete bien».

Sin embargo, contra todo pronóstico, la cosa está funcionando. Güiza terminó la pasada temporada como un ciclón y a punto estuvo de alzarse con el título de Copa. «Desde que está con Nuria no es lo mismo. Está mucho mejor», asegura su primo Dani Carrasco. Quique Pina lo confirma. «Acaban de tener un niño y le ha centrado en la vida», dice.

El caso es que Güiza regresó el pasado verano a Mallorca y vive allí su mejor momento profesional. Es indiscutible para Gregorio Manzano, ha marcado 7 goles y acaba de debutar hace unas semanas con la selección. Su internacionalidad no ha sorprendido a los futbolistas con los que ha compartido vestuario. Todos sabían que tenía talento para llegar tan alto.

El desmarque

Gica Craioveanu, por ejemplo, siempre ha tenido una opinión inmejorable del jerezano, que el domingo será la principal amenaza a la que se enfrentará la defensa del Athletic en el Ono Estadi. Le conoció en el Getafe y, desde el primer entrenamiento, se convenció de que, a poco que sentara la cabeza, Güiza explotaría.

«Es un grandísimo delantero. Define muy bien y es muy listo, de los mejores que yo he visto a la hora de desmarcarse y de moverse a la altura de los centrales rozando el fuera de juego. No es casualidad lo que está consiguiendo. Con trabajo y constancia su calidad tenía que aflorar. Su problema es que era un poco cabra y llevaba una vida desordenada y eso le ha perjudicado. Pero ahora está más asentado. Nuria tiene mucho carácter y parece que le tiene bien agarrado, ja, ja», apunta el rumano.
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