El derecho a renegar de la Iglesia

José Luis Costa y Lorena Montenegro, dos riojanos de distinta generación pero de similares convicciones, cuentan las razones que les han llevado a solicitar la apostasía

LARA MUGA
TRABAS. José Luis Costa, en una imagen captada en el centro de capital riojana. / RAFAEL LAFUENTE/
TRABAS. José Luis Costa, en una imagen captada en el centro de capital riojana. / RAFAEL LAFUENTE

Dos riojanos de distinta generación, misma profesión y parecida mentalidad. José Luis Costa y Lorena Montenegro son dos periodistas que han decidido defender sus ideas por encima de todo. Ambos han emprendido el camino hacia la apostasía.

Tiene 60 años, es periodista y además apóstata. Jose Luis Costa es una de esas personas que no se identifica con la religión católica ni con ninguna otra. Ya hace unos años que viene pensando en que esto de la religión no va con él. Hasta hace un tiempo era católico, pero por mantener la tradición familiar, el vínculo teórico con una religión concreta, pero este vínculo se ha roto «por la deriva de la jerarquía eclesiástica española en los últimos años».

Jose Luis deja muy claro que este sentir no significa que no respete a las personas que de verdad se sienten religiosas y que siguen los dictámenes de una iglesia determinada, así como a los sacerdotes que practican y divulgan la religión católica convencidos de ello. Con lo que no está de acuerdo este periodista es con la actitud que ha tomado la Iglesia últimamente, sobre todo «con las cabezas visibles de la Iglesia». Por esta cuestión decidió iniciar los trámites de la apostasía, aunque tiene muy claro que «no quiero entrar en una batalla campal».

Declaración

La apostasía es el «procedimiento por el cual se abandona la pertenencia a la Iglesia Católica después de haber entrado a formar parte de ella mediante el bautismo». La declaración de apostasía es el único medio que la Iglesia Católica reconoce para que una persona bautizada deje de pertenecer a ella de forma voluntaria, «ya que apartarse de la práctica religiosa en ausencia de una manifestación formal de abandono de la Iglesia no comporta para ella ninguna situación especial».

Sin embargo, en algunos casos, la Iglesia Católica se niega o pone trabas a la aceptación de las declaraciones de apostasía. Este es el caso de José Luis Costa.

Borrarse de la lista

Él no quería en un principio iniciar los trámites de apostasía, ya que entiende que asunto privado, lo único que pretendía es que la Iglesia borrara su nombre de la lista de bautizados, en definitiva, «que se olvidaran de mis huesos».

Para apostatar, primero hay que solicitar a la Iglesia Católica que suprima los datos personales de todos los registros (según la Ley Orgánica de Protección de Datos «ejercer el derecho de oposición»). Para ello, hay que realizar dos procedimientos paralelos y casi idénticos: carta a la parroquia donde se recibió el bautismo y otra al obispado o arzobispado al cual pertenece dicha parroquia.

Y estos pasos fueron los que siguió José Luis. Primero envió un escrito de oposición a su parroquia y otra al arzobispado de Madrid, ciudad donde nació, exponiendo las razones por las cuales pide que se le borre de esa lista. Según José Luis, «en estas listas, se apoyan los argumentos de la Iglesia a la hora de afirmar cuántos católicos hay en España». «Yo no quiero que con mi nombre se mantengan las actuaciones de la jerarquía eclesiástica, ni que estos señores hagan uso de mi nombre para sus fines políticos».

Una vez enviadas estas cartas caben varias posibilidades: que acepten la solicitud, que se nieguen, que pongan alguna traba o que pase más de un mes sin obtener ninguna respuesta, como le pasó a José Luis Costa. Si esto último ocurre, se debe rellenar un modelo de carta de 'Denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos' y enviarla mediante correo certificado a la Dirección de la Agencia (Calle Jorge Juan, número 6, 28001, Madrid) para inicie un Procedimiento de Tutela de los Derechos y finalmente emita una resolución.

Balance

Hasta la fecha, hay 235 resoluciones publicadas, 115 de ellas han sido recurridas; 8 resoluciones pendientes de publicación, de las cuales 2 están recurridas, y 14 procedimientos de Tutela de Derechos pendientes de resolución.

José Luis hizo lo propio y, al cabo del tiempo, la Agencia le remitió una carta del Arzobispado de Madrid contestándole con «unas peregrineces inauditas». Se acogían a que el bautismo es un sacramento indeleble, «que no se puede borrar ni quitar». Junto con este alegato le adjuntaron un impreso de apostasía, documento que va a remitir reiterando por tercera vez su petición de ser «borrado de la lista». A su juicio, se está «violando» su derecho a la intimidad y a la integridad de creencias y convicciones personales. «Si existe un Dios, no creo que sea el que defiende la Iglesia Católica hoy en día».

Otro caso es el de la joven riojana Lorena Montenegro, de 24 años. Las razones que ella expone a la hora de explicar el porqué de la decisión de iniciar los trámites de apostasía son muy parecidas a las de José Luis. «Es una cuestión de fidelidad con mis ideas, que no están en absoluto de acuerdo con la Iglesia Católica. Este es mi modo de darlo a entender, ya sé que no comporta nada práctico, sólo es una cuestión de ideas. Es mi forma de quejarme, de hacerles entender que no comparto sus ideas».

Argumentos

Y es que todos las personas que quieren ser apóstatas coinciden en la idea de que, como también señala Lorena, «hay mucha gente que no está de acuerdo con la Iglesia Católica, pero nadie hace nada por solucionar estos problemas. Muchos sabemos que la Iglesia utiliza a los católicos para sus fines políticos, pero... ¿hoy en día hay tantos católicos como la Iglesia defiende? Yo creo que no».

En el caso de Lorena, todo está siendo mucho más fácil, ya que ella ha iniciado los trámites en Logroño, una cuidad en la que es mucho menos complicado apostatar. Tanto Lorena como José Luis coinciden en la idea de que hay dos ciudades en las que es prácticamente imposible llevar a cabo este trámite: Madrid y Valencia. Lorena, se dirigió a Seminario de Logroño donde le facilitaron el teléfono del Obispado, al que llamó explicando su situación.

Recibió una carta con todo lo que debía hacer para apostatar y le aseguraron que, siguiendo esos trámites (mandar la carta al obispado o, incluso, ir en persona), conseguiría su propósito. Lorena aún no ha dado este último paso, pero está convencida de que no le van a poner ningún impedimento y de que pronto dejará de formar parte de la Iglesia Católica.