Chabolas en el Guggenheim

La Filmoteca Vasca recupera una película inédita, filmada por un aficionado en 1960 en Bilbao, que revela la dura vida en los poblados asentados donde hoy crece Abandoibarra

JOSÉ MARI REVIRIEGO
EL AUTOR. El cineasta vizcaíno Policarpo Fernández Azcoaga, junto a un proyector.  / Vídeo: Filmoteca Vasca/
EL AUTOR. El cineasta vizcaíno Policarpo Fernández Azcoaga, junto a un proyector. / Vídeo: Filmoteca Vasca

Policarpo Fernández Azcoaga (Sestao, 1929) es un bilbaíno que ha devuelto a la ciudad y a la memoria de sus vecinos una parte muy importante de su historia reciente. En un documental de aficionado, grabado entre mayo y diciembre de 1960, retrata el chabolismo y las miserables condiciones en las que sobrevivían miles de personas, repartidas en grandes poblados levantados con sus propias manos por laderas y cresteríos, pero también en casetas dispersas en lo que hoy es el centro del Bilbao más moderno. La cámara de Policarpo filma chabolas en Artxanda, Vía Vieja de Lezama, Uretamendi y la bautizada como Campa de los Ingleses, justamente en los terrenos de Abandoibarra ocupados hoy por el Guggenheim. Son 12 minutos en color, pero constituyen el mejor testimonio gráfico conservado de una realidad tan dura como desconocida. Sólo por eso merece una revisión, para recordar quiénes somos.

Sorprende la precariedad en la que muchos bilbaínos sobrevivían hace menos de 50 años, en un momento de pujanza económica en la cuenca del Nervión. Algunos detalles son reveladores: el cubo de zinc para el aseo, la tejavana asentada con pedruscos, las paredes de tela embreada, los descampados, la humedad, el frío. Hambre por vivir con dignidad. Entre tantas necesidades, la película muestra a gente lavándose los dientes en un chorrillo de agua, vestidos de largo y repeinados para el domingo. Hay ilusión por un mejor porvenir.

Los moradores de estos poblados, emigrantes en busca de futuro al abrigo de la industria, malvivían a la espera de una oportunidad en barriadas que recuerdan a los ranchitos de Caracas y a las favelas de Río de Janeiro. 'Sí, es Bilbao', reza como colofón uno de los títulos originales de crédito del documento, recuperado por la Filmoteca Vasca con la colaboración de la Diputación vizcaína.

Denuncia social

La película, que será proyectada este lunes en el Teatro Arriaga en la sesión inaugural de Zinebi, va más allá de lo sentimental y se adentra en el terreno de la denuncia. Arranca con el lema 'Lo conocido', lo que da pie a la aparición del parque de Doña Casilda con una imagen que intenta resumir la 'buena vida' de la que también se disfrutaba en la ciudad: niñas empujando cochecitos de bebés de juguete, bien vestidas y acompañadas por sus añas. A continuación un título con la leyenda 'lo ignorado' abre una sucesión descarnada de estampas de chabolas. «No se trata de acusar, sino de mostrar algo de lo mucho que debe conocer el prójimo», avisa en un rótulo el autor al inicio del trabajo.

Policarpo, hoy con 80 años, era en aquel entonces un bilbaíno que trabajaba de agente comercial de vinos en La Alhóndiga (primero en la de la plaza de Arriquibar y luego en la de Gaztelondo, en Rekalde). En conversación con este periódico, señala que se hacía llamar Berriotxoa, su tercer apellido, con la esperanza de que alguien le recuerde así en su ciudad de origen. Poli, que en 1977 se trasladó a Valencia, dedicaba las mañanas del domingo a patearse los barrios con su cámara 'Bauer' de 8 milímetros bajo el brazo. Integrado en Acción Católica, decidió retratar una realidad que convivía con una ciudad en progreso, pero a la que de alguna manera se ignoraba. «Era un tema a no tocar», confiesa. Una especie de tabú sobre las indignantes condiciones de vida de muchos que habían venido de fuera.

Poli estaba especialmente sensibilizado no sólo por sus ideas, sino porque en su casa trabajó «una chica de servicio» que, con anterioridad, había encontrado cobijo con su familia en los bajos de un depósito de agua. Como ella, muchos emigrantes «trabajaron como jabatos y luego fueron a más».

Comenzó a grabar por el extrarradio, donde recopiló «horrores». En Uretamendi, en la parte alta de Rekalde, se llevó «un disgusto enorme». «Las condiciones eran terribles. Vivían entre tablas, peor que los animales», confiesa. Las barracas alfombran la vaguada, entre el barro y las cuestas. Tras una primera visita en mayo, volvió en diciembre. Increíblemente, el número de casetas «se había multiplicado». No daba crédito.

La Campa de los Ingleses, entre el puente de Deusto y lo que hoy sería el solar del Guggenheim, está salpicada de chabolas. Dos niños juegan con un perro en la calle, con el Museo de Bellas Artes de telón de fondo. El documental lleva el título '¿Bilbao?'. El autor inmortaliza los poblados pegados a las vías de la línea Abando-Olabeaga, conocido como Venecia. Esta trinchera es hoy la avenida del Ferrocarril. La grabación es casera y en ocasiones la imagen no está enfocada. «No tenía trípode ni experiencia en movimientos de cámara». Aun así, el documento es memorable.

En las laderas de Artxanda se enclavan los poblados más grandes, donde miles de personas luchan a diario con las cuestas, lo más afortunados con la ayuda de un burro para subir los bultos. Un año después -en agosto de 1961-, estos núcleos serían derribados con dinamita para su posterior traslado a Otxarkoaga, barrio de nuevo cuño.

Precisamente, la Filmoteca Vasca está en contacto con la Española para la restauración de otra reliquia, de gran valor sentimental e histórico, que recoge ese hecho. Se titula 'Ocharcoaga', dirigida por Jordi Grau, y es una cinta que contiene los últimos momentos de las chabolas de Artxanda -monte Banderas, monte Cabras, Camino Berriz- antes de la mudanza a Otxarkoaga.

La recuperación de este documento será más ardua, pues está grabado en un sistema más complejo, pero no imposible. El Ayuntamiento de Bilbao, a través de la Alcaldía, ya se ha interesado por el trabajo y su financiación.

fragmento de la película

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