Las cláusulas de Arrate

El ex presidente rojiblanco firmó blindajes millonarios de rescisión a Fernando Ochoa y Sabino Padilla, además de suscribir sueldos vitalicios para otros empleados

E. C.
POLÉMICA. Arrate charla  por teléfono. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ/
POLÉMICA. Arrate charla por teléfono. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

«Un justo detalle». De esta forma definió en su día el ex gerente del Athletic Fernando Ochoa los 2 millones de euros con los que el club debía indemnizarle en caso de despido. Esa cláusula figuraba en la vinculación laboral que le firmó el ex presidente rojiblanco José María Arrate en 1996. Fue la más sonada, pero no la única de esas características promovidas por el empresario vinatero, que recuperó al llegar al sillón de Ibaigane -permaneció en él desde 1994 a 2001- una fórmula, la de los blindajes y los contratos vitalicios, que estaba en desuso desde que las oficinas de la entidad se encontraban en la calle Bertendona.

Nadie hablaba oficialmente de la existencia de esos compromisos económicos en Ibaigane hasta que, hace tres años, se destapó el 'caso Ochoa', un asunto 'heredado' por la junta directiva de Javier Uria por el que el club tuvo que desembolsar 1,85 millones de euros brutos. El que fuera responsable de la gerencia del Athletic durante 21 años explicó entonces que «en un determinado momento» de su estancia en el club rojiblanco recibió suculentas proposiciones de otros equipos, pero que nunca se le pasó por la cabeza abandonar la institución. Como premio a su fidelidad, Arrate creyó «justo y razonable», en palabras del propio Ochoa, ofrecerle un contrato «para cubrir una eventual rescisión» de su relación laboral con la entidad, «que me hubiera perjudicado por no hacer aceptado aquellas ofertas».

El conocimiento de este blindaje sacó después a la luz la existencia de cinco sueldos vitalicios para otros tantos empleados del equipo. En virtud del compromiso alcanzado con el ex presidente, los trabajadores cobrarían 'para siempre' su salario real desde el momento en que se jubilaran. Los documentos especificaban, además, que en algunos casos se aplicara a las nóminas el aumento estipulado para el resto de empleados en activo.

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También Sabino Padilla, fichado por José María Arrate en 1995, tenía un blindaje en su vinculación laboral. Fernando García Macua ya anunció durante la precampaña que, si llegaba a Ibaigane, prescindiría de los servicios del médico y que no tenía intención de abonarle la cláusula de rescisión. Las negociaciones entre ambas partes fructificaron y, el pasado mes de agosto, el especialista abandonó el Athletic. Su finiquito costó 933.000 euros, una cantidad similar a la que deberá hacer frente ahora el club para pagar a José María 'Txato' Núñez, a quien el empresario vinatero también blindó en 1998.