La fortaleza enterrada

El Ayuntamiento de Zalla ultima un proyecto para recuperar y dar a conocer un antiguo castro amurallado de la Edad de Hierro, de 5.000 metros cuadrados

SERGIO LLAMAS

La historia, y más si es tan lejana como la de la Edad de Hierro, a menudo yace olvidada por el paso de los siglos. Pero en ocasiones aparecen indicios que permiten sacarla a la luz. En Zalla ha ocurrido en Bolunburu, un lugar que esconde los restos de una antigua fortaleza prerromana, que ahora el Ayuntamiento quiere recuperar y difundir. Con este fin, el Consistorio ultima un proyecto para poner en valor el enclave y con el que optar el próximo año a una subvención foral para rehabilitar yacimientos arqueológicos.

El pico del Cerco, en lo más alto de la Peña de Bolunburu, fue el lugar escogido por los antiguos pobladores de este monte encartado para edificar su asentamiento. Se trata de un pequeño castro amurallado de unos 5.000 metros cuadrados descubierto por Juan Luis Díez de Mena, guarda forestal de Zalla.

La primera prueba sobre su existencia surgió a finales de los años 70. Un incendio desatado en esta área boscosa liberó los restos del antiguo castro. En aquel momento, Díez de Mena colaboró en las labores de extinción del fuego y descubrió, por casualidad, parte de la muralla de la fortaleza. Aunque sus compañeros afirmaban que el lugar era un asentamiento de pastores, estas explicaciones no le convencieron, y tan pronto como se convirtió en el responsable forestal de Zalla regresó a la zona. Una vez allí, no tardó en dar con la primera de las numerosas pistas enterradas: un antiguo molino de mano.

Fechado en torno a los siglos tercero y primero antes de Cristo, en la segunda Edad de Hierro, el castro de Bolunburu disponía de un gran cercado semienterrado que aprovechaba el pico de la peña como defensa natural. «Parte del muro se derrumbó hace tiempo, y enterró su base», explica Díez de Mena. Este hecho, sin embargo, posibilitó su conservación.

Bien conservado

La muralla no es el único elemento que concede un gran valor al enclave. Los numerosos restos de herramientas para moler hallados llevan a pensar que el lugar fue escenario incluso de actividad comercial. «Existen caminos labrados en la zona que podrían haber servido para extraer la materia prima necesaria en la fabricación de molinos de mano», apunta el guarda de Zalla. De hecho, «este lugar estratégico se llama Peña de Bolunburu, que bien podría interpretarse como 'molinos en la cabecera'», agrega Díez de Mena.

El técnico de Cultura de Zalla, Javier Allende, refrenda el interés arqueológico de este castro, «que posiblemente fue abandonado con la llegada de la romanización», por su alto grado de conservación. Estas circunstancias convierten al enclave encartado en especialmente apetecible para el estudio, ya que su pequeño tamaño limitaría el perímetro de las excavaciones.

Según informa el experto, «en el año 2002 unos arqueólogos contratados por el Ayuntamiento ya constataron la importancia de la muralla y «la existencia de cabañas». A esta conclusión llegaron tras rescatar restos de cerámicas y elementos decorativos. «No solamente era un lugar defensivo, sino también habitado», añade.

Enclave turístico

Estas características han llevado al Ayuntamiento a plantearse la posibilidad de explotar el yacimiento como futuro enclave turístico. «La instalación de un panel interpretativo del castro y la señalización de un recorrido para acceder desde el área recreativa de La Brena son los primeros pasos que hemos dado en este sentido», puntualiza el alcalde de Zalla, Leandro Kapetillo.

Los restos de la vieja fortaleza estarán al alcance de todos hoy y mañana. Y es que los responsables municipales han organizado una visita guiada para dar a conocer el enclave. Después, continuará oculto hasta que su recuperación sea un hecho.

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