La DYA atiende a 10 menores con intoxicación etílica en una noche de fiestas de Las Arenas

Entre los trasladados al hospital de Cruces hay una niña de tan sólo 12 años

EVA MOLANO

La estela dejada tras de sí por las fiestas de Las Mercedes preocupa a muchos vecinos del barrio getxotarra de Las Arenas. Tras el buen ambiente diurno, la noche ha dejado el rastro fatal de intoxicaciones etílicas entre menores, destrozos en el mobiliario urbano y en los vehículos particulares, suciedad acumulada en la calle, pintadas en las fachadas de algunos establecimientos y hasta robos. Lo más destacable es que, sólo durante la noche del sábado, la DYA de Getxo atendió a 10 menores en el recinto festivo por intoxicación etílica. «Todos tenían una media de 14 años. La chica más joven que atendimos tenía 12. Además, ninguno se había emborrachado con cerveza o kalimotxo, sino con bebidas como whisky, ron o vodka», aseguraron fuentes de la Asociación de Ayuda en Carretera.

El resto de las salidas fueron a causa de heridas por agresiones. Se contabilizaron hasta seis peleas, cuyos protagonistas más mayores tenían 18 años, según algunos testigos. Los miembros de la comisión de fiestas, que dirigen la única txosna disponible en el recinto hicieron de vigilantes y asistieron perplejos al espectáculo. «Vendemos alcohol, pero nunca a menores», afirmaron. «Los chavales lo compran en los supermercados y llegan aquí con las botellas en la mano».

Vandalismo y robos

Los vecinos relacionan las borracheras festivas con los actos vandálicos registrados en la zona y denuncian «la falta de vigilancia de la Policía Municipal. Es que no hay seguridad de ningún tipo. El resultado es que Las Mercedes se han convertido en un paraíso para que los niños hagan botellón a sus anchas, en medio de Las Arenas», protesta una vecina.

Otra de las afectadas fue Miren Larrinaga, a quien le robaron en su quiosco de la plaza de Las Escuelas. «Me han destrozado la puerta y se han llevado lo que les ha dado la gana: desde DVDs hasta bolsas de patatas», se quejó. Aunque es la primera vez que sufre un hurto así, admite que «cada vez que llegan las fiestas me echo a temblar. Es un desmadre. Son unos salvajes. Siempre destrozan algo y si les llamas la atención, arremeten contra ti». Esta vecina afirmó que desconocidos también rompieron la luna de un comercio cercano y el cristal de un portal. «A un restaurante le han desconchado la fachada y hay pintadas en varios sitios», se quejó. Su versión, como la de muchos residentes indignados, contrasta con la aportada ayer por fuentes municipales, que aseguraron a este periódico que «no se han producido incidentes reseñables».