«Celebramos los triunfos de 'Samu' como un gol»

Octavo en su segunda Vuelta, el vizcaíno ha dejado atrás su retirada del Tour

J. G. PEÑA
Antón, junto a su compañero y amigo Samuel Sánchez. / EL CORREO/
Antón, junto a su compañero y amigo Samuel Sánchez. / EL CORREO

Igor Antón aún corre de estreno. Todavía es un recién llegado. Y ya está entre los diez mejores de la Vuelta. El Tour le intimidó. Le obligó a dudar. Tanto que estuvo a punto de renunciar a la Vuelta, la carrera que le ha rescatado. Catapultado. Ahora ya lo sabe: hay que darse tiempo. De eso, al corredor vizcaíno le sobra.

-Llegó a plantearse no disputar la Vuelta, ¿Cómo se va de ella?

-La he acabado lleno. Realizado. El equipo ha ganado tres etapas y hemos subido a Samuel (Sánchez) al podio. Perfecto.

-Y usted entre los diez mejores de la general.

-Es algo que ni me había planteado. No lo tenía ni como objetivo. Es más de lo que hubiera imaginado. Hasta hice una gran contrarreloj el último día. Eso me anima para el futuro.

-En 2006 ganó en Calar Alto. ¿Cuál ha sido su mejor día este año?

-En Cazorla, el día que venció McCartney. Tuve unas sensaciones únicas. A fuego. Pero Menchov salió a por mí. Me quedé alucinado cuando le vi a mi lado. Solos. El líder, a por mí. También me sentí bien en Ávila. Al día siguiente, en Abantos, ya pagué los esfuerzos.

-Hay una imagen repetida desde la victoria en Cuenca de Samuel, en 2006. Lo dos con los brazos en alto. Igual que en Granada este año.

-Es que he visto esos triunfos sentado en la primera fila de butacas. Ha sido la leche. 'Samu' ganando y el resto del equipo echándole un cable. Llegas a gusto, has aportado algo.

-Dicen Madariaga y Galdeano que el equipo está por encima de todo.

-Eso es. Nosotros celebramos los triunfos de 'Samu' como si fueran un gol. Como en el fútbol. Nos hemos dejado la piel.

-¿Ha olvidado ya la retirada del Tour?

-Bueno, es una experiencia más. Ha sido un buen año. De febrero a junio estuve muy bien, y ahora igual. Sólo fallé en el Tour. Soy joven, aún tengo que aprender. En el llano, en los abanicos, en la contrarreloj.

-Pero siempre será un escalador.

-Sí. Tengo que explotar lo que tengo. Hay etapas en las que voy muerto en el llano. Como me pasó en el Ventoux, en el Dauphiné, y en cuanto empieza el puerto me transformo. Le doy la vuelta al cuerpo. No sé. Soy así.

-¿Siempre fue así?

-Recuerdo que mi primeros paseos en bici los daba con mi aita. De Galdakao al Vivero, por Lezama. Y no podía con la cuesta. Me subía mi aita. Luego pasaba los veranos en La Rioja, en el pueblo, en Castroviejo. Todo el día por el monte, por las pistas con la mountain bike. Vivía en la naturaleza. Mis amigos eran hijos de pastores. Y todo el día en bici. La dejaba en el suelo, en cualquier lado, y luego volvía a por ella.

-¿Cómo fue su primera bicicleta?

-Un triciclo. Me acuerdo que mi aita me lo aplastó con el coche en el garaje. Echó marcha atrás y no se dio cuenta de que estaba el triciclo. Menudo disgusto me llevé. Inconsolable. La primera bicicleta de carretera me la compraron con nueve años. Era una 'Fuji'. De ahí me viene el mote. La había visto en Ciclos Zubero. Todas las bicis las hemos comprado allí. He pasado mucho tiempo en ese escaparate.

-¿Qué otras imágenes guarda de esa época?

-Los entrenamientos con los chavales de Galdakao. Los lunes, miércoles y viernes quedábamos en la pista de atletismo para dar vueltas una hora. Lo pasábamos bomba. Nos ponían conos para pruebas de habilidad. Entonces, en la escuela igual había 40 chavales. Una pasada. Ni sé las miles de vueltas que habré dado allí. Era divertido. Nos echaban monedas en el suelo para ver si las cogíamos sin bajar de la bici. Yo no era de lo más hábiles. No recuerdo haber recogido ninguna.

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