El desierto elige a Devolder y Menchov

El belga se viste de líder en la contrarreloj de Zaragoza mientras el ruso aleja en la general a Carlos Sastre y a Samuel Sánchez El alemán Grabsch impone su 'estilo' de gimnasio y gana la etapa

J. GÓMEZ PEÑA
INCISIVO. Devolder voló sobre el desierto para vestirse de oro y alejar a los grandes favoritos para la general. / EFE/
INCISIVO. Devolder voló sobre el desierto para vestirse de oro y alejar a los grandes favoritos para la general. / EFE

«Era como pedalear en el Sáhara». Lo dice Sastre. En el desierto es mejor ni mirar. Ni delante ni detrás. Delante, sólo arena. De sobra para llenar el reloj de una 'crono' eterna, horizontal y subida a una recta. «Sólo miraba mi sombra». Sin levantar los ojos de un manillar inservible ayer. No había curvas que dar en esa larga tarde de septiembre. Ni un respiro. Asfixia. En el desierto. Sin público. A solas en la autovía. En ninguna parte. En medio de un silencio invasor...

Eso por delante. Por detrás era peor. Venía Menchov. El ruso rodaba como subido en una ola de arena. Dobló a Sastre en el kilómetro 25, en el ecuador del desierto. 'Mejor no mirar', pensaba el abulense. Ni siquiera al cronómetro de la meta: ganó el alemán Grabsch, una mole que pedalea como si estuviera en un gimnasio; se confirmó Menchov como gran aspirante al podio, y se vistió de líder el belga Devolder, la baza del Discovery. El reloj de arena cambió la Vuelta. Ya es otra. La del desierto: del pelotón español, sólo Sastre (séptimo) y Samuel Sánchez (decimoprimero) lograron alcanzar, aunque tarde, la orilla. Pereiro arrastraba a cuestas su desierto interior: fiebre, insomnio, diarrea y vómitos. Arena en la boca. Ahogado. Casi, casi, amputado de una Vuelta que hoy llega a los Pirineos.

Cosas del desierto. Sáhara. Monegros. Con 16 años, Devolder se presentó en el club ciclista de Courtrai (Bélgica). Allí andaba como maestro Dirk Demol, luego técnico del US Postal y el Discovery. «No había corrido aún ninguna carrera y ya me dijo que iba a ser profesional», recuerda Demol. Un chaval determinado, arrollador. «Soy una opción para ganar esta Vuelta», anunció ayer. Devolder iba para jardinero. Eso estudiaba. Pero remover tierra fértil no era lo suyo. Mejor el desierto. Su destino: la seca autovía que va de Cariñena a Zaragoza. Algo más de 52 kilómetros sobre la raya blanca. Albina. Con el viento a favor. Con 55 dientes en la catalina y el piñón de once. Una hora de tortura: con el sillín convertido en un grillete. Sin levantarse. Todos devotos de la aerodinámica. «Una tortura», coincidían Sastre y Samuel.

Pronto se vio que Grabsch era inalcanzable. El músculo germano fijó una media de 54,867 kilómetros por hora, cerca del invalidado récord de la hora de Boardman: 56,375. Su triunfo es una anécdota. Vive sólo para esos días. «Si yo hubiera diseñado el recorrido, habría sido ése», dijo. Tras él quedaron Bodrogi (a 34 segundos), Devolder (a 48) y Menchov (a 1.18). Evans, que dimitió de la Vuelta, se dejó 2.20. El ex líder Efimkin, 3.22, dos segundos menos que Samuel. Sastre se demoró cuatro minutos. Y un minuto más se dejó Pereiro. La ronda le pilló a desmano. Enfermo y más pendiente de tener un baño a mano: partió con 23 segundos de retraso, cuando el cronómetro ya contaba su derrota. Perdido en las dunas de Zaragoza.

Se acercan los Pirineos

Hoy sale la Vuelta del desierto. Tira al monte. A los Pirineos. Devolder descubrió el año pasado, aquí en la ronda española, que es un clasicómano con vocación para las carreras de largo aliento: acabó undécimo. Ya entonces tenía etiqueta de gran esperanza belga. Del país del ciclismo, de Merckx y Maertens, últimos ganadores belgas de la Vuelta. Y ahora tiene 30 segundos sobre Menchov, la gran referencia. A minuto y medio le sigue Efimkin, la carta que le queda al Caisse d'Epargne. A Sastre lo alejó ayer a 3.15. Y a Samuel, a 4.09.

«¿No mires delante!». Eso le decía Galdeano, técnico del Euskaltel, a Samuel Sánchez durante la contrarreloj. Esa orden y el silencio compusieron la banda sonora de la hora más larga de la Vuelta. «Todavía estoy ahí. Gracias a Igor (Galdeano) no me he desconcentrado. Esto puede dar aún muchas vueltas». El ataque es ahora su salida. La carrera se emociona con las declaraciones. Las del asturiano y la de Sastre: «Ver que me doblaba Menchov me ha dejado tocado. Ha sido duro. Pero queda mucha Vuelta». Estaba «reventado». No rendido. Ellos y Menchov esperan hoy a Devolder en la cima de Cerler. Al líder que salió ayer del desierto maño, al joven entusiasta que recibió el maillot oro de manos de Induráin. «Es mi ídolo», agradeció. Un jardinero feliz en el desierto.

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