«El flechazo de mi vida es el teatro»

Por dedicarse a la interpretación, la actriz abandonó Llodio, rompió con su marido y perdió la casa, el coche y algunos amigos

LUISA IDOATE
«SI VOLVIERA A LOS 17 años recorrería el mismo camino»./
«SI VOLVIERA A LOS 17 años recorrería el mismo camino».

Dice que a veces hay que irse para no volver jamás. Zutoia Alarcia lo hizo a los 24 años. «Me marché a Madrid para hacer teatro. Sentía que había algo esperándome. Decidí arriesgar, cruzar a la otra orilla». Vivía en Llodio. Estaba casada, tenía un hijo de seis años. «Parece que tienes todo en contra. Pero llega un momento en que dices: 'Vale, os quiero mucho. Pero necesito irme, porque no soy feliz aquí'. Es fascinante. Mágico. Se lo recomiendo a todas las mujeres». Tiene memorizado el momento de la partida. «Me recuerdo sentada en el autobús, mirando por la ventanilla. Esa sensación de libertad, de saber que haces lo que quieres». Era verano. «Siempre tomo las grandes decisiones y emprendo el vuelo en esta estación. Es mi punto de fuga. La luz, el sol. No sé, parece que estás más abierta a todo, más receptiva».

Tenía muchas ilusiones y poco dinero. «Arriesgué mucho por conseguir mi sueño». Y renunció a algunas cosas en el camino. «Dije adiós a algunos amigos, gente que no entendió que me saliera de la ruta marcada porque eso cuestionaba su vida. Y también perdí a mi primer marido. La relación se rompió». Luego llegan la separación y los repartos. «Y pierdes otras cosas materiales menos importantes: tu casa, tu coche. Al final dices: '¿Qué tengo?'. Y te das cuenta de que te has quedado con las cosas importantes: mi hijo Iker, al que nunca hubiera abandonado por mi carrera, y el teatro».

A partir de ese momento hizo borrón y cuenta nueva. «Comenzó otra etapa en mi vida». Descubrió las obras de Sófocles, Shakespeare y Valle Inclán. «Me hice un hueco en casa de unos amigos. El camarero del bar de la esquina nos regalaba bocadillos de mantequilla y mermelada que no podíamos pagar». A veces no había dinero ni para el autobús. «Más tarde conocí a Txabi Puerta, mi actual pareja, al que adoro y con el que tengo una hija de 14 años que se llama Guiomar. A mi hijo Iker, que ya tiene 28 años, le he contagiado el amor por el teatro. Es actor y tiene su propia compañía».

Si se hubiera quedado en Llodio, habría terminado trabajando de 8 a 3 en la fábrica de Tubacex, como su padre. «Hay gente que se va de los sitios porque está harta. Yo no lo hice por eso ni porque no quisiera a mi primer marido. Lo hice porque sabía que había algo esperándome». Cuando se convirtió en actriz, comprobó que todo lo que había perdido en el camino no era tan importante. «Antes de marcharme a Madrid me sentía como si estuviera atada a una cuerda, con unos pocos metros de autonomía. Si lo piensas en frío, dices: '¿Tampoco él me querría tanto!'».

Nada de ama de casa

Hay papeles que Alarcia no ha querido protagonizar en la vida. «Mi primer matrimonio me empujaba al 'hogar dulce hogar'. Era lo que tocaba en aquel momento. Me parece muy bien para quien le guste, pero no he nacido para ser ama de casa». Aunque sí quiso tener hijos, «que es un trabajo para toda la vida».

Tiene 48 años. «Soy joven. Mis amigos aseguran que he hecho un pacto con el diablo». Si volviera a los 17, recorrería el mismo camino. «Mi pareja y yo no tenemos ninguna cuerda que nos ate. Estamos juntos porque nos queremos. El flechazo de mi vida es el teatro. Si tienes un flechazo y luchas por él, al final consigues la recompensa».

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