Lukashenko se desenchufa

Tras alabar a Hitler, el controvertido presidente de Bielorrusia anuncia medidas para «acabar con la anarquía de Internet»

SERGIO EGUÍA
TODOS FIRMES. Lukashensko pasa revista a sus tropas en Minsk, capital de Bielorrusia. / AFP/
TODOS FIRMES. Lukashensko pasa revista a sus tropas en Minsk, capital de Bielorrusia. / AFP

A Alexander Lukashenko no le gusta Internet. En realidad, no le gusta casi nada que tenga que ver con Occidente. Quizá porque tanto la Unión Europea como Estados Unidos le consideran «el último dictador de Europa». Tal vez porque en la Red los opositores a su régimen encuentran la libertad que falta en Bielorrusia. El caso es que el presidente de la ex república soviética considera que «es hora de detener la anarquía en Internet». Para el polémico mandatario, «no se puede permitir que este gran logro del hombre se convierta en un montón de información basura, un altavoz de la oposición y los estados hostiles» hacia su particular forma de ejercer el poder.

La idea no es nueva. Elton John ha pedido el cierre de Internet por cinco años «para salvar la música». Lukashenko tiene una visión diferente del mundo. Su razón para desconectar los ordenadores reside en que «hay más libertad de la necesaria». Una máxima que ha tenido presente desde que en 1994, con 40 años, se impuso en las primeras elecciones democráticas del país eslavo. Lideraba la plataforma independiente Derrota a la Mafia, que buscaba limpiar las instituciones de las corruptelas en las que habían caído los antiguos jefes comunistas con la desaparición de la URSS, a la que, por cierto, Lukashenko se opuso. En la segunda vuelta de aquellas elecciones consiguió el 80% de los votos, un listón del que no ha bajado desde entonces. Ya nadie confía en la limpieza de los referéndums para ampliar los límites legales a sus poderes y duración del mandato.

Las cosas comenzaron a torcerse para este hombre delgado, de poco pelo y poblado bigote en 1995. Como buen populista, acostumbraba a pronunciar grandes frases que los medios magnificaban. Pero llegó la inevitable salida de tono. «La política de Hitler no fue del todo mala para Alemania. Levantó el país de las ruinas gracias a la férrea disciplina. Su historia se parece a la de Bielorrusia».

Todas las alarmas saltaron. Un incidente en el que la aviación bielorrusa derribó un globo aerostático que participaba en una competición deportiva tripulado por dos estadounidenses no ayudó a calmar los ánimos. Un año después disolvió el Parlamento y cerró los periódicos que no le bailaban el agua. En 1998, culpó a los Gobiernos extranjeros de conspirar contra él y expulsó a sus embajadores. Más tarde comenzó a encerrar a los opositores. Ahora ha llegado el momento de «terminar con la anarquía en Internet». Quien navegue por las páginas que hablan de Lukashenko entenderá el porqué.

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