«La prensa rosa es hoy más realista que antes»

Subida a unos tacones tamaño XXL, de niña fantaseaba con verse retratada en la gran pantalla. María Patiño se ha tenido que conformar con la pequeña, donde se ha convertido en el azote de los famosos. Lo suyo no es mala leche, aclara, sino «vehemencia y pasión»

YOLANDA VEIGA
PASIONAL. La comentarista no puede contener su vehemencia./
PASIONAL. La comentarista no puede contener su vehemencia.

María Patiño juega en la Primera División de la prensa rosa. Desde la privilegiada tribuna donde millones de espectadores la han colocado emite dictámenes que, si no van 'a misa', sí pasan en ocasiones por el juzgado. «He ganado todas las querellas», presume.

-¿Hay alguna manera de ser famoso y ganarse a María Patiño?

-Con la verdad. Yo no actúo en contra de nadie, pero decir la verdad a tiempo, aunque no te guste, te puede evitar una réplica mía. Tampoco me gusta que la gente estire una historia y la cuente por capítulos, ni los que comercializan temas escabrosos como los malos tratos. Yo vivo de que la gente cuente cosas, no voy a ser hipócrita, aunque tampoco creo que les tenga que dar gracias por ello.

-Habrá quien le caiga en gracia.

-Trato de evitarlo, pero sí tengo debilidad por algunas personas y por gente como Bibiana Fernández o Concha Velasco que hablan de su vida con elegancia.

-¿Hay personajes intocables?

-Cada vez menos. A la prensa rosa se le ha ido restando glamour, pero hoy es más realista que hace unos años y no se mitifica tanto a la gente.

-Pero nunca se oye, por ejemplo, un escándalo de la Monarquía.

-No, y habría que empezar a contar también cosas que no sólo son las oficiales, porque nos han vendido que la Monarquía se ha modernizado con la llegada de Letizia y no es verdad. Yo no soy monárquica pero reconozco que es una institución y que tiene un valor fundamental. Lógicamente, no se les puede tratar igual que a Yola Berrocal, pero habría que ampliar la información porque nos llegan cosas y siguen sin poderse contar. Pero también ocurre con la política, con el deporte... De hecho, presumo de que en la prensa rosa hay bastante más libertad que en otros medios, ya que la información no repercute tanto en los poderes.

-¿Realmente le interesa la vida de Fulanito o Menganito?

-Todas hablamos de los novios de nuestras amigas y la vida privada de Isabel Pantoja, por ejemplo, me puede interesar como mero cotilleo, pero desde el momento en que hay una implicación política con la 'Operación Malaya' me interesa más.

-¿Es hoy Isabel Pantoja el personaje más cotizado?

-Es la que más interés despierta. Los famosos son como la Bolsa, cotizan al alza o a la baja, pero la vida de Isabel, desde lo de Paquirri, siempre ha interesado.

-Es esquiva con la prensa.

-Mi meta es que Isabel me conceda un cara a cara, aunque doy por hecho que no se sentaría conmigo. Pero me gustaría poder hacerle una entrevista sin cortapisas y sin 'a estas preguntas no te respondo'.

-¿Cómo la que le hizo a Maite Zaldívar?

-Fueron cinco horas de grabación, aunque me hubiera gustado editarla a mí.

-¿Qué noticia le gustaría escuchar?

-La de la desaparición de ETA.

-¿Ha tenido algún momento de 'tierra trágame'?

-Seguro, pero no los recuerdo porque tengo una gran capacidad para reírme de mí misma. Yo tengo una dislexia verbal porque pienso más rápido que hablo, pero antes de que te rías de mí ya me he reído yo. No tengo sentido del ridículo.

-La vemos con muy mal genio. ¿Es una pose?

-No, ni lo exploto pensando que gusta. La gente me dice por la calle: '¿María, dales caña!' y parece que les entusiasma, pero en mi casa soy igual de vehemente, sólo que con los míos me permito más licencias y no voy peinada ni maquillada.

-Esa vehemencia, como usted lo define, ¿la ha ido adquiriendo o venía ya de fábrica?

-De pequeñita era igual, me llamaban 'la defensora de las causas perdidas'. Me subía a unos tacones y me vestía de mayor, interpretaba mil ochocientos personajes en el espejo y soñaba con ser actriz. Mis padres no me dejaron porque decían que no era una carrera estable. Entonces me metí a Periodismo, pero no por vocación. De hecho, nunca me atrajo escribir, ni la radio, porque ahí no se me veían las manos y yo gesticulo mucho, me apoyo en los gestos para expresarme.

-¿Y qué dicen sus padres, ahora que la ven en la tele?

-Sufren mucho al ver cómo arriesgo, me dicen que no tengo necesidad, pero es que no sé medirme. No me tiro al barro por tirarme, pero cuando lo hago estoy convencida.

-¿Qué pensó la primera vez que se vio 'alcachofa' en mano?

-No lo sé muy bien. No tenía tiempo de saborearlo. En aquella época un domingo era igual que un lunes, y Navidad igual que febrero. Yo hacía guardia en el AVE para ponerle la 'alcachofa' a quien llegara, cobraba un sueldo de miseria pero me iba a casa encantada.

-Y ahora, ¿cobra bien?

-Nunca imaginé que iba a tener un sueldo como el que tengo.

-¿Todo el mundo tiene un precio?

-Hay quien puede pensar que yo tengo un precio por hacer lo que hago, pero no voy a posar en las revistas ni a hacer un programa por dinero, no me gusta asistir a fiestas ni estar todo el día en la tele. Hablar de mi vida me da corte y si algún día hablan de mí, que hablen, no tengo nada que esconder. Me he enamorado, me he desenamorado, repetí COU y me reñían por llegar tarde a casa. Si un día dicen que tengo ocho novios y es verdad ¿pues qué bien!

-Le habrán puesto alguna querella.

-Fidel Albiac, Antonia D'ell Atte, Juan Antonio Roca, Norma Duval... Las gané todas. Y cuestan mucho dinero. Yo las pago con mi trabajo; ellos, no lo sé...

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