Imaz defiende «soluciones integradoras» en el PNV aunque le cuesten «el timón de la nave»

En vísperas del proceso de renovación del EBB, el líder jeltzale afirma que «las personas no debemos ser un obstáculo» para la unidad interna

OLATZ BARRIUSO O.BARRIUSO@DIARIO-ELCORREO.COM
ANIVERSARIO. Imaz, ante la estatua de Sabino Arana. / F. GÓMEZ/
ANIVERSARIO. Imaz, ante la estatua de Sabino Arana. / F. GÓMEZ

Josu Jon Imaz quiso despedir ayer el curso político -que arrancará de nuevo en septiembre con el proceso de renovación de cargos en el PNV- con un mensaje de calado en clave interna. El presidente del EBB hizo un llamamiento a la unidad en las filas peneuvistas y defendió «soluciones integradoras» que eviten que este otoño se reproduzca la tensa liza que él mismo y Joseba Egibar protagonizaron hace cuatro años y que dejó profundas heridas en el seno del partido jeltzale. Esa vía -que se traduciría en una única candidatura consensuada entre los dos sectores- es hoy por hoy la más idónea, defendió Imaz, y debe impulsarse al margen de personalismos. «Las personas no deben ni debemos ser obstáculo» para poner en marcha un proyecto que suscite la adhesión del grueso del partido, afirmó el líder del PNV, que subrayó que «no seríamos leales a 112 años de historia si lo condicionásemos a la prevalencia de una u otra persona al timón de la nave».

En la práctica, las palabras de Imaz dejan la puerta abierta a su hipotética renuncia a la reelección como presidente de la ejecutiva jeltzale, aunque, según su entorno, no deben interpretarse como una despedida ni como un anuncio tácito de su intención de no aspirar de nuevo al cargo. Serían más bien un paso al frente del presidente del PNV, precisamente en su calidad de máximo responsable del partido, y un gesto de «generosidad» desde la posición de quien sabe que estaría en condiciones de repetir victoria si se reeditase su pulso con Egibar.

De hecho, el propio Imaz se atribuyó en su discurso, pronunciado con motivo de la festividad de San Ignacio y el 112º aniversario de la fundación del PNV, la «responsabilidad añadida» de favorecer la integración, «con objetivos claros, proyectos movilizadores y con las personas adecuadas para ponerlos en valor». Y recordó que es «nuestro deber ético y político» fortalecer la cohesión interna del partido, en justo tributo a quienes en los años de historia peneuvista «han dado lo mejor de sí mismos, incluso la vida, por la causa de la libertad, que es también la causa del PNV».

En otras palabras, Imaz estaría dispuesto a retirarse de escena como último recurso para evitar que el partido se desangre en peleas fratricidas, lo que implicaría también a su vez la renuncia del líder del GBB a intentar de nuevo el salto a la presidencia del EBB -por el momento, guarda total mutismo al respecto- y la proclamación de un tercer candidato que no suscite el rechazo de ninguno de los dos sectores, una posibilidad que ya fue veladamente apuntada por Iñigo Urkullu en el arranque oficial de la renovación de cargos. «Los procesos deben ser estrictamente democráticos, sinceros y honestos», recalcó Imaz, que instó a abordar el debate con «serenidad, lealtad y trabajo en común», porque, según reconoció, la duplicidad de alternativas en el PNV «en algún momento ha supuesto división y la sociedad así lo ha percibido». Los vascos «que se identifican con el nacionalismo democrático», añadió, «nos están reclamando unidad y cohesión».

«Un mirlo blanco»

No obstante, en círculos peneuvistas cercanos a Imaz se admite que la búsqueda de un «mirlo blanco» que logre aglutinar en torno a su figura a toda la militancia es una tarea complicada, como lo es también la de pactar el reparto de responsabilidades en la ejecutiva jeltzale y, sobre todo, la de acordar la ponencia política que definirá la estrategia del partido para los próximos años.

De hecho, la jornada de ayer puso en evidencia una vez más la distancia entre el discurso de Imaz y el de Egibar. Como es ya tradición desde que Xabier Arzalluz dejó la presidencia de la formación jeltzale, el presidente del EBB conmemoró el aniversario de su fundación en Bilbao, con una ofrenda floral ante la estatua de Sabino Arana en los jardines de Albia y un discurso posterior en el vestíbulo de Sabin Etxea ante decenas de militantes, entre ellos sus más estrechos colaboradores en el EBB -como Josune Ariztondo e Iñigo Urkullu-, figuras históricas del nacionalismo como el ex lehendakari Ardanza o Juan María Atutxa y representantes institucionales como el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, los consejeros Javier Balza y Gabriel Inclán, y el parlamentario José Antonio Rubalkaba. Además del mensaje interno, Imaz renovó la defensa de un doble pacto -interno en Euskadi y con el Estado- que ya expuso en su célebre artículo 'No imponer, no impedir'.

Egibar, como también es habitual, celebró la efeméride en Mutriku, acompañado por el diputado general de Guipúzcoa, Markel Olano. Allí, enfatizó su desconfianza en la posibilidad de alcanzar un entendimiento con el PSOE y defendió sin ambages la posibilidad de convocar una consulta popular, contra la que Imaz ha prevenido. Preguntado por la apelación a la unidad que su rival interno había hecho apenas una hora antes, Egibar dijo compartirla y puso de manifiesto la importancia que concede a la ponencia política. «Lo que hay que hacer es trazar el camino, por dónde se va, y luego quién esté en la bancada, quién esté de patrón, eso ya es decidir la tripulación», replicó.

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