«No es posible, no es posible», dice el ciclista

J. G. P

La comunicación de la UCI llegó ayer a las siete de la tarde. Era día de maletas. De viaje desde París, de descanso tras casi 4.000 kilómetros del Tour. Josean Fernández 'Matxin', director del Saunier Duval, leyó la carta congelado. Agarró el teléfono y llamó a Mayo, Buscaba una explicación. «No es posible, no es posible», le respondió el corredor de Igorre. Apenas pudieron hablar más. Estaban hundidos. «Si esto se confirma, atendiendo al código ético y a las cláusulas de nuestro equipo, Iban será despedido», zanjó el técnico vizcaíno.

«No lo puedo entender», repetía ayer Matxin. «Venimos del Tour hablando de regeneración, de un ciclismo nuevo, de una política de limpieza... Y nos pasa esto. No lo puedo entender». El Saunier Duval, como el resto de los equipos del UCI Pro Tour, somete a sus corredores a una serie de controles internos. Iban Mayo no había tenido problemas.

Pero el control catado el 24 de julio en el Tour le acusa de recurrir a la vieja EPO. «Cuando pasa algo así, no sabes ni qué decir. Es tremendo». El abatimiento era general en el seno de Saunier Duval. El equipo cántabro, uno de los más modestos del Pro Tour, había estrujado sus arcas para fichar esta temporada a Iban Mayo. Hasta ayer, y a la espera del contranálisis, había sido una incorporación rentable.

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