El Tour rompe con la UCI

La ronda gala regulará su prueba y pide dimisiones en la entidad que rige el ciclismo

J. GÓMEZ PEÑA
CONTRASTE. Leipheimer, en pleno esfuerzo durante la 'crono', pasa ante una pancarta que pide el final del dopaje. / EFE/
CONTRASTE. Leipheimer, en pleno esfuerzo durante la 'crono', pasa ante una pancarta que pide el final del dopaje. / EFE

El inicio de otro tipo de Tour. Los responsables de la Grande Boucle anunciaron ayer el divorcio con la Unión Ciclista Internacional (UCI). El acto final del cisma. «La UCI ha mostrado falta de claridad, de profesionalidad, una inconsciencia total», acusó Patrice Clerc, patrón de ASO, propietaria de la ronda. La presencia en la salida de Londres de Rasmussen, amonestado por no presentarse a dos controles, y de Sinkewitz, que había dado positivo en un control previo, dinamitó la prueba. Clerc culpa a la UCI de que la detonación tuviera como eco el Tour. «Hay dos posibilidades: o la incompetencia o la voluntad de hacer daño. Sus responsables deben dimitir». Sin el Tour, el Giro, la Vuelta y sus carreras satélites, el UCI Pro Tour está muerto. Comienza otra era.

El Tour, al mando. Como antes del Pro Tour, del torneo diseñado por la UCI en 2004. «La UCI no puede pilotar la reconstrucción del sistema», aseguró Clerc antes del inicio de la contrarreloj de ayer. «Trataremos de juntarnos con todas las personas (corredores, equipos) de buena voluntad». Consenso. Voluntad. El Tour quiere redactar un pasaporte ético. A su carrera no sólo se accederá por méritos deportivos. No vale correr más, sino mejor. Limpio. «Queremos una dirección de este deporte virtuosa, neutra, independiente y responsable». Es decir, piden otra UCI, sin su actual presidente, Pat McQuaid, y sin la sombra del anterior, Hein Verbruggen, que hizo incluso un intento por comprar el Tour. Lucha de poder.

«Tengo la sensación de haber sido traicionado», añadió Christian Prudhomme, director del Tour. Se refería a la difusión del caso positivo de Sinkewitz, que se supo casi 40 días después de producirse. Justo en mitad del Tour. Por eso sospecha de mala voluntad de la UCI, el organismo que dirige los controles. Igual piensa del 'caso Rasmussen'. A su juicio, el danés nunca debió estar en la ronda. «Algo como lo de Vinokourov -positivo por transfusión homóloga- puede volver a darse. De eso no estamos a salvo. Pero no algo como lo de Rasmussen». Era evitable. Y a eso, a esquivar nuevos escándalos, se dedica desde ahora el Tour. El nuevo Tour.

«Estamos dispuestos a pagar los efectos colaterales de la lucha contra el dopaje. Es nuestro enemigo», insistió Clerc. En 2008, el Tour será un coto cerrado. Habrá derecho de admisión. De nada valdrán ni la licencia UCI Pro Tour ni las clasificaciones por resultados. Habrá que superar un examen ético. Clerc rumia la posibilidad de contar con un pelotón más reducido que el actual. Más creíble. Sin embargo, dos de los cuatro escándalos de esta edición han afectado a escuadras afines al Tour: el T Mobile de Sinkewitz y el Cofidis de Moreni, positivo por testosterona. Los dos conjuntos optaron por abandonar la carrera.

El Tour, apartado ya de la UCI, reclama la colaboración de la Agencia Mundial Antidopaje. «El AMA es el organismo que tiene más competencias para este combate que afecta a todos los deportes», estima Clerc. En octubre, cuando sea presentado de forma oficial la edición de 2008, dará a conocer las primeras medidas del «Tour de la renovación». Dick Pound, presidente del AMA ,ya anunció ayer que quiere ampliar de dos a cuatro años los castigos por cada caso positivo.

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