Amets Txurruka subirá al podio de París por ser el más combativo

Él y Rubén Pérez suman en fuga más kilómetros que nadie y marcan el nuevo estilo del Euskaltel Euskadi

J. GÓMEZ PEÑA
AL ATAQUE. Txurruka se lleva el premio al más combativo. / AP/
AL ATAQUE. Txurruka se lleva el premio al más combativo. / AP

Hay ciclistas que cortan el césped para que otros pasen sin problemas. Gregarios, les dicen. Es uno oficio. Cotizado. Rubén Pérez es uno de los primeros de la clase. De la última promoción. En este Tour se ha convertido en el modelo a seguir por su equipo. Cuando a Madariaga o Galdeano se les pregunta por cómo quieren que sea el próximo Euskaltel, coinciden: «Como Rubén». El equipo combativo. Él y su compañero Amets Txurruka, que hoy subirá al podio de París como el más combativo del Tour, son los que más kilómetros de la ronda gala acumulan en fuga. Insumisos. «Todo es nuevo para mí. Las carreteras, los puertos. No había subido el Aubisque», dice Pérez. Y han decidido conocer el Tour de cara, desde la primera fila.

«Es una carrera alucinante». A cada kilómetro. Rubén Pérez ya guarda escenas para siempre: «El otro día se me puso al lado un aficionado. Y empezó a gritarme 'Quintaluengos, Quintaluengos', que es el pueblo de mis padres (Palencia). Nunca me hubiera esperado algo así». El eco del Tour. De la carrera que también ha conocido a Amets Txurruka. «Ya eres galáctico», le bromeaban unos amigos. «Me decían que en el Tour se pasaba mucha miseria, y es verdad, pero yo estoy disfrutando». Ayer, el jurado de la carrera le proclamó como el ciclista más combativo. Hoy mirará París desde el podio. Premio para él, debutante, para Rubén Pérez y para el resto del equipo. La primera huella naranja, del Euskaltel, en los Campos Elíseos. Y casi hay otra: Zubeldia, renovado, investido del nuevo espíritu agresivo de su escuadra, se ha colocado quinto en la general. Ha igualado su plusmarca de 2003. Y Astarloza ha sido noveno al final. Y el Euskaltel, sexto por equipos...

'Bolita'

A Zubeldia se le esperaba en la ronda. A Txurruka, no. Casi ni viene. Una caída en la Euskal Bizikleta le sacó a la orilla. Pero volvió al agua. Sin salvavidas. Al Tour. Sabe de accidentes. Durante el pasado invierno le arrancaron el último legado de una vieja caída que casi le corta el porvenir. «Me sacaron un clavo del fémur». Fuera peso. «No siempre he sido así, tan delgado». El más delgado del Tour: sólo 56 kilos. «De pequeño era redondo, me llamaban 'bolita'». Nadie le supera sobre la báscula. Y pocos son tan aguerridos. Como la de Rubén Pérez, la suya es una historia en fuga.

«No sabía ni que hubiera clasificación de la combatividad», dice Txurruka. Ataca por instinto. No por puntos. Es el tercer mejor joven del Tour. En su debut. «Me gusta esta carrera, aunque aún es pronto para saber cómo me irá en el futuro. En el ciclismo no valen las matemáticas». Txurruka es maestro. Para eso estudió. Incluida una beca Erasmus en Italia. Allí le buscaron hueco los de su equipo, el Debabarrena, para ser profesional. En el Barloworld. Tras los pasos de los chicos de su zona, de Astarloa o Arreitunandia. «Aprendí lo que era el ciclismo». El pasado domingo, en Plateau de Beille, supo lo que es el Tour. «Fue emocionante. Uno de los mejores momentos que recuerdo. Rodeado de gente, de los míos. Ufff». El nuevo Euskaltel-Euskadi ya tiene relevo. «No sé si nos quedan fuerzas, pero ganas, todas». Ha sido su lema en el Tour. Combativos.

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