El Tour agranda su historia negra

Los escándalos de dopaje han ensombrecido las últimas hazañas de los ciclistas en la ronda gala

IGOR BARCIA
EL HÉROE CAÍDO. Landis dio positivo en 2006 después de llegar como líder a París. / AP/
EL HÉROE CAÍDO. Landis dio positivo en 2006 después de llegar como líder a París. / AP

El Tour también tiene su otra historia. Alejada de las grandes gestas de los ciclistas, de los triunfos épicos, está la historia negra, la de los positivos y los escándalos del dopaje. Siempre quedará en la memoria colectiva la primera, pero la segunda ha crecido de tal manera en estos últimos años que incluso ha desplazado en protagonismo a los propios ciclistas. Sucedió la pasada edición con el positivo de Floyd Landis tras su exhibición camino de Morzine, y ésta, donde Vinokourov y Rasmussen han acabado por enterrar la credibilidad de un deporte que parecía resurgir con un Tour espectacular y lleno de emoción.

De todos modos, la lacra del dopaje ya ha golpeado antes a la 'Grande Boucle', aunque no con la crudeza de 2006 y 2007. En realidad, el gran 'boom' del dopaje moderno llegó en 1998, cuando el 'caso Festina' colocó a la competición contra las cuerdas, pero el primer gran escándalo llegó en 1978, cuando el belga Michel Pollentier ganó en la cima de Alpe d'Huez y se colocó líder. Esa noche, el ciclista fue expulsado de la carrera al descubrirse que había intentado dar 'cambiazo' en el control antidopaje al introducir un recipiente con orina limpia. Diez años después llegó el susto de Pedro Delgado, el año en el que el segoviano se llevó la victoria final. Los organizadores le acusaron de haber consumido un producto sospechoso de enmascarar sustancias dopantes, pero lo cierto es que el 'Probenecid', que Delgado no negó haber tomado, no estaba instrito en la lista de productos prohibidos de la UCI y del Tour, aunque sí en los del COI.

Y tuvo que transcurrir otra década para llegar al momento que marca la crisis del ciclismo moderno, la edición de 1998 que será recordada para siempre como la del 'caso Festina'. Todo empezó cuando la Policía francesa detuvo al masajista del equipo, Willy Voet, con 400 frascos de anabolizantes y 250 dosis de EPO en su vehículo. La investigación provocó la detención y el interrogatorio de los nueve corredores del Festina, que acabaron confesando, así como de sus directores. Un escándalo que no sólo afectó al equipo relojero, ya que el pelotón realizó un plante histórico que sólo la mediación de Bjarne Riis -entonces abanderado de la lucha contra el dopaje y reciente confeso de sus prácticas antideportivas- logró salvar en parte. La otra parte correspondió a Marco Pantani, quien con una exhibición en los Alpes permitió que la carrera llegara a París.

Un duro golpe

El salvador de aquella ronda sería la víctima del Giro de 1999 y empezaría una decadencia que acabaría con su vida. Mientras, el Tour recuperó fuerzas y sorteó como pudo casos como el de Raimondas Rumsas, tercero en 2002. Su carrera deportiva acabó en el momento en el que su mujer fue detenida en un control en Chamonix, cuando se dirigía a Italia desde Francia tras haber acompañado a su marido en las etapas de montaña Al ser registrado su vehículo, se descubrió que contaba con 40 medicamentos prohibidos, por lo que se la acusó de administración, oferta, cesión y ayuda de productos dopantes.

La era Armstrong también tuvo su amenaza. Ni siquiera el gran dominador del Tour entre 1999 y 2005 se libró, ya que al americano le detectaron EPO en una muestra de 1999 que la Prensa francesa se encargó de airear. Sin embargo, Armstrong logró evitar las acusaciones y la ronda francesa llegó con la cabeza alta hasta el pasado año. Esa edición comenzó ya torcida por la 'Operación Puerto' y terminó con un duro golpe, el positivo de Landis, ganador en París. Antes de arrancar, se cayeron de aquella carrera Ullrich, Basso, Vinokourov, Beloki y Mancebo, grandes nombres que quedaron marcados por la sospecha. Y cuando parecía que se iba a salvar otra situación complicada, se supo que la exhibición de Landis camino de Morzine que le valió un Tour era artificial. Exceso de testosterona, avisó el control antidopaje.

Un borrón de enormes dimensiones para una carrera centenaria. El ganador del Tour, excluido por dopaje. No podía ser, y para la presente edición, se endurecieron las medidas. Los corredores llegaron a la salida después de haber firmado una declaración antidopaje. Por un deporte limpio. Todo iba por el buen camino, con ciclismo del bueno, hasta que en la última semana se ha desmoronado el espectáculo. Vinokourov, Moreni y Rasmussen se han encargado de asestar un nuevo golpe a un deporte que agoniza. Y la historia negra coloca al Tour contra las cuerdas.

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