El Rabobank retira a Rasmussen del Tour

El equipo descubrió que el líder mintió para justificar por qué había eludido dos controles antidopaje

J. GÓMEZ PEÑA
FUERA. Rasmussen se distanció de todos sus rivales en el Aubisque para ganar la etapa. Luego, tuvo que dejar la prueba. / EFE/
FUERA. Rasmussen se distanció de todos sus rivales en el Aubisque para ganar la etapa. Luego, tuvo que dejar la prueba. / EFE

Apenas cinco horas después de ganar la etapa del Aubisque y dejar casi sentenciado el triunfo en el Tour, Michael Rasmussen fue obligado por su equipo, el Rabobank, a abandonar la 'Grande Boucle'. Por mentir. Por inclumplir el código interno. Durante días, el líder de la ronda gala había asegurado que su incomparecencia a dos controles antidopaje se debía a sus largas estancias en México, de donde es originaria la familia de su mujer.

Ayer, un ex ciclista y comentarista de la cadena italiana RAI, Davide Cassani, le desmintió. Le vio durante un entrenamiento en los Dolomitas. En Italia y en junio, en las fechas en las que, supuestamente, el corredor danés se preparaba para el Tour en Norteamérica. Inmediatamente, el Rabobank le ordenó dejar la prueba. La carrera masacrada por el dopaje y el descrédito. Como Landis en 2006, la 'Grande Boucle' pierde a su dominador En este caso, aún con los ciclistas sobre las bicicletas. Desde ayer, Alberto Contador es el nuevo líder de la edición más triste de la historia. La dirección de la carrera felicitó al Rabobank.

Tras atar el triunfo en la decimosexta etapa del Tour, un exigente recorrido por los Pirineos, Rasmussen llegó enseguida al hotel. Los privilegios del mejor. Descendió en helicóptero. En menos de una hora estaba saboreando su victoria y el paseo triunfal hasta París. Ya en el hotel Mercure de Pau, el mánager del equipo le llamó con urgencia. La dirección de Rabobank, entidad financiera holandesa que patrocina a la escuadra, acababa de decidir su expulsión de la carrera. Poco después de la diez de la noche, Rasmussen abandonaba el hotel, mochila en mano. La maleta, en manos de un auxiliar. Varios compañeros de su plantilla salieron a despedirle. Lágrimas. Como las de Boogerd, el gregario más empeñado, el que le acompañaba hasta la última cuesta.

También era un desconsuelo Theo de Rooy, director deportivo de la escuadra holandesa. Apenas podía hablar. Un día antes había defendido la inocencia de su corredor. «Ha pasado catorce controles y en todos ha dado negativo». Y había justificado su ausencia en dos controles antidopaje por sorpresa. Uno del 8 de mayo y otro del 29 de junio. «Todo se debió a un error administrativo», alegaron De Rooy y el abogado del equipo, Harro Knyff. Rasmussen sólo hablaba en su presencia. La Unión Ciclista Internacional (UCI) obliga a todos los corredores a especificar sus lugares de residencia. Tienen que estar localizables por si les visitan los controladores. Y deben rellenar el cuestionario cada tres meses. Rasmussen no lo hizo en una ocasión y en la otra lo remitió con retraso. «Asumo mi error», dijo el martes.

Advertencias de la UCI

La UCI le envió dos advertencias. Y la Federación danesa otras dos, aunque sin capacidad sancionadora. Hay que faltar en tres ocasiones a un control antidopaje para que sea considerado como caso positivo. Hasta ayer, el Rabobank se parapetaba en la ley interna del ciclismo. Ni siquiera la acusación de tráfico de sustancias dopantes lanzada por un ex ciclista contra Rasmussen hizo variar las posturas. Aun así, la UCI abrió una investigación.

Ya no hará falta. El Rabobank le sacó ayer del Tour. La propia dirección de la carrera gala había declarado a Rasmussen como un campeón «poco creíble». Patrice Clerc, patrón de la ronda gala, lamentó la decisión del Rabobank de alinearle. El público francés le abucheaba. Buena parte del pelotón le esquinaba. La presión era total. Y explotó ayer a última hora de la tarde. Rasmussen se fue en silencio. Sin cámaras. Como un furtivo. Pronto llegaron fotógrafos a su hotel, en el que también se hospedan el Euskaltel y el Caisse d' Epargne. Y también la Policía. Varios agentes aparecieron a medianoche. Con maletines. Con guantes de registro.

Pese a felicitar al Rabobank por su decisión, el Tour 2007 queda en entredicho. Los casos positivos de Vinokourov, Sinkewitz y Moreni, más los abandonos del Astana y el Cofidis -los compañeros de Rasmussen decidirán hoy si toman la salida-, destrozan una edición llamada a hacer olvidar el escándalo de Landis. El Tour, metido de lleno en una lucha de poder con la UCI, está en peligro. Comenzó con un éxito de público en Londres y no se sabe siquiera si podrá terminar.

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